Situación Grecia – México, consolidar el blindaje económico

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Más allá de los acuerdos que puedan lograrse en el seno de la Unión Europea respecto a la deuda de Grecia, o de la falta de los mismos, la crisis es profunda y no va a solucionarse a corto plazo.

Habrá que seguir el desarrollo de los acontecimientos con la mayor atención, porque son muchas las aristas involucradas, y no solamente de corte financiero, sino que trascienden a lo geopolítico.

Lo que puede darse por descontado, es que persistirá la volatilidad en los mercados financieros. Más aún, porque hay otros frentes de incertidumbre y de presión abiertos, igual o más decisivos que la situación en Grecia en el panorama económico global.

Tal es el caso de la anticipada alza en las tasas de interés en Estados Unidos, así como los problemas en China, con su crack bursátil, la continua desaceleración de su crecimiento y sus enormes burbujas de inversión. De importancia estratégica para México, es el tema de los bajos precios de las materias primas, y en particular de los hidrocarburos.

Sin embargo, respecto a Grecia, en México no sólo debemos poner mucha atención sobre lo que pase en lo sucesivo, sino mirar hacia atrás, y atender las lecciones de cómo se llegó a una situación tan explosiva y compleja.

México ha sufrido sus propias crisis de insolvencia, producto, en gran medida, de un mal manejo de las finanzas públicas y de endeudamientos excesivos.

No olvidemos que también llegamos hasta la suspensión de pagos y luego a la nacionalización bancaria en 1982, con más de una década de ajustes y de estancamiento económico, que acabaron con más del 70% el poder adquisitivo de la población.

Más aún, hoy tenemos nuestra propia dosis de distorsiones y vulnerabilidades, que generan riesgos importantes a las finanzas públicas y al país.

Desde luego, estamos muy lejos de una situación como la que dio lugar a la tragedia en Grecia, pero sin duda tenemos que cuidar y remediar nuestros puntos débiles, para apuntalar el blindaje de la estabilidad macroeconómica, qué tantas décadas nos costó recuperar.

Muchas de las causas que llevaron a la debacle a la economía en Grecia, representan retos que aún no superamos del todo.

En México, el endeudamiento y el déficit están bajo control, tanto por sus niveles como por la solvencia para sostenerlos. Nuestra deuda per cápita es la séptima parte de la de los griegos.

Sin embargo, el endeudamiento del Estado mexicano ha venido aumentando de manera importante en los últimos años, muy por encima del crecimiento del PIB, con un promedio de anual de 7 por ciento.

Debido al dinamismo que mantiene el gasto público, por arriba incluso del presupuesto corregido con el recorte de 124 mil millones de pesos anunciado a inicios del año, más los problemas de ingreso por el tema del petróleo, el déficit del sector público acumuló 180,693 millones de pesos en el periodo enero-mayo. 2.2 veces por encima de lo registrado en el mismo lapso del año pasado, y el dato más alto para el periodo.

Así, el saldo deficitario de todos los requerimientos del sector público pasa del 42% del PIB. Si a ello le sumamos pasivos como los laborales y pensionarios, el dato rebasa el 150% del PIB.

Como Grecia, México también tiene el reto de hacer reformas de gran calado en el sistema de seguridad social y de pensiones, tanto para que estén a la altura de las necesidades de la población, como para que sean financieramente viables y no pongan en riesgo la salud económica en el largo plazo.

Otro foco de atención es el de las finanzas públicas a nivel sub-nacional, es decir, en los estados y municipios.

La deuda conjunta de las entidades federativas rebasa los 510 mil millones de pesos, con un crecimiento exponencial en las últimas décadas.

No existe un problema sistémico, con una proporción de poco más de 3% del endeudamiento de los estados respecto al PIB nacional. Sin embargo, sí existen ya focos rojos a nivel individual, con casos en los que se debe más de lo que se ingresa.

Si tomamos en cuenta que una parte fundamental de los ingresos de los estados proviene de participaciones federales, y que éstas sustentan la capacidad de deuda de los mismos como garantía de pago, llama la atención, por ejemplo, casos como los de Coahuila y Veracruz.

En el caso de Coahuila, su deuda supera en más de 250% a sus participaciones federales.

En el caso de Veracruz, tenemos conocimiento de que tiene una deuda muy significativa a proveedores, la cual aún no está documentada debidamente.

Éste es solamente un caso de muchos estados que están en las mismas circunstancias.

Las similitudes con problemas como los que llevaron a la crisis de Grecia son evidentes. La opacidad y la manipulación de la información de las finanzas públicas, como les ocurrió a los griegos, llevó a que, de pronto, el verdadero endeudamiento se revelara a la población de un estado como Coahuila, con todas las consecuencias.

Las soluciones son claras: más transparencia y una aplicación efectiva de la nueva ley de disciplina fiscal.

No olvidemos que la deuda de nuestros estados es soberana, como la de una nación como Grecia, y que también contaron con fuertes sumas de dinero en la década pasada, que se evaporaron, la mayor parte, en gasto corriente.

Los recursos dilapidados por gobiernos griegos, procedentes de fuentes extraordinarias como las de ayudas y préstamos de la Unión Europea, tienen un equivalente en los altos excedentes petroleros con que contaron los estados en México por más de una década, y que no se tradujeron en inversiones productivas.

De la misma forma, para consolidar nuestro blindaje económico, hay que tener presente que no hay una mejor forma de hacerlo que basando el crecimiento en la inversión y la productividad, apuntaladas con la vigencia del Estado de derecho; todos ellos, temas en los que tenemos mucho trabajo por hacer.

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