Necesidad de impulsar el mercado interno

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La economía mexicana enfrenta un contexto de incertidumbre en el corto y mediano plazos.

Las dificultades y las amenazas que se nos presentan son, en una alta proporción, reflejo de un muy complejo escenario internacional, el cual se suma a las debilidades estructurales de nuestra economía. En especial, nuestro mercado interno no ha podido marchar con fuerza para dejar la inercia, y sigue presionado por distintos flancos, como el fiscal.

No sólo nos impactan la baja de los precios del petróleo y la volatilidad derivada de los inminentes cambios en la política monetaria estadounidense, sino también la propia fragilidad de otras economías importantes.

En especial, además de los acontecimientos en Estados Unidos, debemos estar atentos a la situación en Europa, por el estancamiento que enfrentan y las tendencias deflacionarias, con los dilemas y riesgos que éstas implican. Hay que hacerlo no sólo por los impactos potenciales en materia de comercio exterior, sino también por las lecciones que pueden aportar las decisiones que tomen para que se recuperen sus niveles de consumo e inversión, y con ello poder crecer más.

Analistas y economistas han expresado su preocupación de que la política monetaria expansiva en esa región no sea suficiente. Incluso hablan del riesgo de caer en una atonía larga, como la que padeció Japón en las últimas décadas. Recomiendan, en ese sentido, complementar con otras medidas tendientes a que se recupere la demanda.

En México enfrentamos nuestros propios dilemas y desafíos en la necesidad de reactivar el consumo y la inversión, sin afectar las finanzas públicas y la estabilidad macroeconómica. La persistencia de la debilidad de nuestro mercado interno debe ser abordada con carácter de alta prioridad.

Las decisiones que ha tomado el Gobierno Federal ante la baja de ingresos por los precios del petróleo son responsables y han generado confianza en los mercados. El anuncio de construir el presupuesto del 2016 como un ejercicio de base cero, es de la mayor trascendencia, una gran oportunidad para mejorar la capacidad de México de responder a los retos inmediatos y, desde luego, para avanzar en la reingeniería que tanta falta hace para tener un gasto público de calidad: eficiente, transparente y con rendición de cuentas.

Sin embargo, no sólo hay que blindar las finanzas públicas, sino fortalecer a la economía en su conjunto: ayudar a que las familias y las empresas puedan consumir e invertir más, y así generar el círculo virtuoso básico para aspirar a un crecimiento sostenido, con estabilidad macroeconómica. Esta es la única dinámica que permitirá que el gobierno recaude lo suficiente para no depender tanto de los ingresos petroleros o de un esquema fiscal como el actual, que genera frenos a la inversión y al consumo privado.

Seguiremos insistiendo en la necesidad de construir una reforma hacendaria integral, gran reto de México. El presupuesto base cero es un componente fundamental en este sentido, pero debe complementarse con la parte tributaria, buscando una fórmula favorable al crecimiento.

Para superar los riesgos de este año y del 2016, los ajustes en el gasto eran y son inevitables, pero  es fundamental cuidar que, con los recortes, no se resienta más el mercado interno. Esto puede prevenirse y contrarrestarse estratégicamente: no podemos cerrarnos a explorar y adoptar alternativas viables para dar mayor vigor a la actividad económica.

Estamos convencidos de que revisar los esquemas impositivos, recuperar opciones de exenciones y deducciones, y en general, atenuar impactos negativos de la reforma y las disposiciones fiscales vigentes ayudará al crecimiento, y con éste, a la recaudación. Estamos a tiempo de construir acuerdos y equilibrios para un ganar-ganar para todos: sector público, consumidores, trabajadores, inversionistas y empresas.

La iniciativa privada mexicana está comprometida en trabajar con el Gobierno para inversiones conjuntas, y tiene el interés y el potencial de emprender parte de las obras y proyectos que no pueda realizar el sector público, ante las restricciones de un entorno fiscal desfavorable.

En esa dirección, hay que apuntalar las condiciones para potencializar la capacidad de invertir y detonar sinergias que estimulen la actividad económica. Así evitaremos que se extienda el bajo dinamismo actual, al tiempo que continuamos con la modernización y fortalecimiento estructural para el crecimiento sostenido en el largo plazo, con el puntal de las reformas que hemos iniciado.

El gasto público no ha tenido una incidencia efectiva en el crecimiento del país. El hecho de que ahora entremos a una dinámica de reducción, no implica que no existan opciones para impulsar una reanudación del crecimiento.

Necesitamos que todos los motores de la economía trabajen a plena capacidad. El sector externo es el que avanza con paso firme, con buena perspectiva por el empuje de la economía de Estados Unidos y un tipo de cambio competitivo.  En el mercado interno hay ligeros visos de mejoría, pero insuficientes.

Es necesario recuperar la demanda mediante una reducción de la carga impositiva, que ha disminuido el ingreso disponible y ha impedido que tengamos un consumo privado pujante. Es de vital importancia revisar opciones para aligerar la tasa al ingreso de las personas físicas.

Entre las prioridades y áreas de oportunidad destacan la implementación de las reformas y la generación de certeza y confianza, con esfuerzos como el Sistema Nacional Anticorrupción. En los próximos meses también debe acelerarse el desarrollo de varios proyectos de inversión importantes, como la Ronda 1 energética y el Aeropuerto de la Ciudad de México.

Los riesgos a cuidar o desactivar son claros: insistimos, hay que de impedir que se prolongue un estancamiento en el mercado interno y que las inversiones esperadas se retrasen. Es fundamental cuidar el déficit y la deuda pública, así como el seguimiento y la acción responsable ante la situación internacional en variables como tasas de interés y tipo de cambio. Desde luego, resultan claves los retos de la inseguridad pública y los problemas sociales, de Estado de derecho y gobernabilidad democrática en algunas zonas del país.

La situación es compleja, pero México tiene alternativas y capacidades para maximizar las oportunidades, minimizar los riesgos y avanzar en la consolidación de las bases para crecer sostenidamente al ritmo que necesitamos.

El sector empresarial está comprometido con este vía de responsabilidad ante el entorno inmediato y consistencia en la transformación estructural.

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