Fundamental fortalecer la estabilidad macroeconómica

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En el CCE Coincidimos con la visión de la Junta de Gobierno del Banco de México en el sentido de que es altamente probable que la inestabilidad en los mercados financieros y la debilidad económica en el mundo van para largo, probablemente podemos decir que no es una cuestión de semanas, y sobre todo, con la consigna de que México debe prepararse para tal escenario.
Hay retos y riesgos evidentes para la estabilidad macroeconómica y el crecimiento del país en la perspectiva de corto y mediano plazos, perfilando un 2016 complicado, pero que debemos hacer la tarea.

La estabilidad macroeconómica es fundamental en todo momento, como requisito para un desarrollo sostenido, sustentable y también incluyente. No obstante, en épocas de desequilibrio internacional, resulta particularmente crítico tener verdadera solidez en las variables económicas claves, máxime para un país tan expuesto a los flujos externos como es el nuestro.

Si bien México enfrenta la actual turbulencia financiera internacional con equilibrios relativamente sanos en comparación con muchas otras economías emergentes, es preciso fortalecer nuestras variables económicas. Además, aunque el desafío deriva principalmente de fenómenos externos, la estabilidad macroeconómica del país presenta focos amarillos: vulnerabilidades que deben atenderse oportunamente.

En materia de inflación y su relación con el tipo de cambio, consideramos que el Banco de México ha cumplido adecuadamente con su mandato constitucional y así lo debe seguir haciendo. Siguiendo muy de cerca la evolución de las variables para actuar oportunamente en instrumentos como las tasas de interés y los mecanismos de intervención en el mercado cambiario, para disminuir los efectos pico que pueden ocasionarse en el mercado cambiario diariamente. Existen señales, que es probable suponer que el peso probablemente tenga un nivel de subvaluación, lo que significa que podría apreciarse en el transcurso del año.

Hacemos eco de la preocupación del Banco de México sobre la evolución que ha tenido el déficit del sector público. Aunque aún es manejable, no sólo es necesario detener la tendencia a su crecimiento, sino que es preciso disminuirlo.
El déficit público está en el nivel más alto en casi 30 años. Hay que hacer un mayor esfuerzo en términos de eficiencia y ahorro en el gasto gubernamental, sobre todo en el gasto corriente, con ajustes en los tres niveles de gobierno y también en las empresas productivas del estado.

La situación en Pemex, es delicada, se requiere una reingeniería y un esfuerzo por redimensionar su gasto y sus propias estructuras. Es necesario señalar que aunque el golpe por la caída en los precios del petróleo ha sido demoledor, y es comprensible, la empresa sigue perdiendo mucho dinero por ineficiencias y prácticas administrativas, operativas y laborales inadecuadas a este tiempo. El problema no sólo afecta las finanzas públicas, sino a varias cadenas de valor de alto impacto en la economía.

En general, resulta fundamental hacer lo necesario para que podamos revertir la situación de déficit primario de las cuentas del sector público, el déficit primario ya se ubica en 3.5% del PIB.

Recordemos entonces que la solidez en esta variable clave se cayó en 2008, tras cerca de 20 años de un sano superávit. Esto significa que tenemos que recurrir a deuda para pagar los intereses de la deuda que ya tenemos previamente contratada.
En estas condiciones, la deuda del sector público ya pasa de 45% del PIB. Nuevamente, muy lejos de los niveles que enfrentan muchos países con problemas graves en esta materia, pero asimismo, es la tasa de endeudamiento más alta desde los años 80.

Otro foco amarillo es la deuda de los estados. Tampoco se enfrenta un peligro sistémico, pero en total, ya supera los 515 mil millones de pesos y en algunas entidades es ya un problema que puede agravarse y coartar su solvencia y capacidad de crecimiento.
Hemos señalado la afectación que ha tenido el sector privado nacional por los retrasos en pago a proveedores por parte de los estados, con una deuda que ronda los 120 mil millones de pesos, para las empresas.

Por eso seguiremos insistiendo en que es necesario reforzar todos los instrumentos institucionales, incluyendo cambios en las leyes, para que haya mayor eficiencia, transparencia y rendición de cuentas en el gasto público estatal y municipal. La disciplina y la armonización de estándares operativos y de auditoría resultan clave para avanzar en este reto de transparencia, orden estructural, desde los municipios, estados y la federación, en una sola columna vertebral.

Otro reto que subsiste es la inversión, y en especial la inversión pública. El déficit y el endeudamiento no se han canalizado a este destino, sino mayormente a gasto corriente, lo cual nos preocupa. Llevamos siete años con variaciones porcentuales negativas en gasto de capital público, y esto con los niveles más bajos en más de 70 años.

Parte fundamental de una estabilidad macroeconómica perdurable en el largo plazo es la inversión, y en particular la que hace el Estado, como motor, y su efecto multiplicador. Un compromiso de la Agenda por México es mantener esta última, la inversión en al menos 5% del PIB, pero hoy estamos en 3.7 por ciento, un largo trecho que debemos mejorar.
Recordemos que no hay mejor blindaje de las fluctuaciones financieras externas o internas que un crecimiento sostenido y sostenible. En este sentido, hay mucho por hacer, no sólo para lograr que repunte la inversión, sino en terrenos clave en este momento, como el mercado interno.

Este año es poco probable que el sector externo arrastre a la economía nacional a un mayor crecimiento, así que la gran área de oportunidad para añadir dinamismo es nuestro mercado interno; la mejor carta que tenemos en ese sentido, en términos de corto plazo.

Sobre todo, se ha registrado un mejor desempeño en el consumo, alentado por variables como la inflación bajo control, reducción en algunos insumos como electricidad y las remesas que llegan de Estados Unidos, que el año pasado sumaron casi 25 mil millones de dólares, más de lo que recibimos por venta de petróleo, y la cifra más alta en siete años.

Sin embargo, es claro que la mejoría en el mercado interno es todavía insuficiente y que es preciso fortalecerla.

Nos diferenciamos de otras economías por la relativa solidez de nuestras variables macroeconómicas, pero también necesitamos distinguirnos por un crecimiento a la altura de las necesidades de nuestra gente y el enorme potencial del país. Este es el gran desafío en el que tenemos que trabajar, a fin de consolidar las condiciones idóneas para el desarrollo sostenido.

Este año podemos dar grandes pasos en esa dirección, en pilares fundamentales como el Estado de derecho, desarrollo regional y de encadenamientos productivos, innovación y desarrollo, desregulación, impulso a la formalidad, estímulos a la inversión, el crecimiento y el empleo.

La fórmula ganadora es muy clara: estabilidad macroeconómica con crecimiento.

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