Enfoque proactivo para la economía

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En el Foro Económico Mundial de Davos, la visión de la economía internacional estuvo signada por la incertidumbre, y respecto a México, sobre nuestro crecimiento y capacidad para remontar la coyuntura actual.

Se espera que logremos recuperar la iniciativa de cambio estructural y la narrativa de liderazgo reformador, que habían sido las notas predominantes, en lo referente a nuestro país, en las dos ediciones pasadas.

Los acontecimientos políticos y el desenvolvimiento de la economía mexicana en las primeras semanas del 2015 no hacen sino confirmar la magnitud de las disyuntivas y desafíos que enfrentamos este año, que demanda tanto prudencia y responsabilidad, como capacidad de anticipación y flexibilidad.

Se requiere una actitud proactiva ante los problemas y las oportunidades que se presentan en el escenario más inmediato.

Sin duda, el entorno económico se ha complicado con la previsible reducción en los ingresos del sector público, derivados de la caída en los precios del petróleo; por la eventual alza en tasas de interés en Estados Unidos y otros factores que generan volatilidad en los mercados financieros internacionales; asimismo, debido a la atonía en nuestro mercado interno, que no hemos podido superar.

Desde luego, los sucesos y problemas de inseguridad, violencia, corrupción, crispación política y social, también tienen un impacto importante en las expectativas y los niveles de inversión, tanto de los agentes económicos que sufren directamente esos problemas, como de inversionistas potenciales, ante la imagen que tienen del país y el peso de esos factores, en términos de costos y riesgos, en su toma de decisiones.

No debemos confiarnos o responder al contexto y a los desafíos que tenemos enfrente con una estrategia pasiva o inercial. Todo lo contrario, es fundamental actuar oportunamente, con decisiones, ajustes y medidas que demuestren la voluntad y la capacidad de afrontar y superar estas pruebas, recobrando la iniciativa de cambio y el rumbo fijo de un México reformador, que se transforma a fondo.

En este sentido, una señal clave es, precisamente, el compromiso con el fortalecimiento de las instituciones del Estado mexicano y del Estado de derecho, que tiene que acreditarse con pasos como el sistema nacional anti corrupción, que sigue pendiente; con el compromiso, expresado con hechos, de limpiar y renovar la vida pública en México; y con el seguimiento del principio básico de cumplir y hacer que se cumplan las leyes.

En materia de ingresos y gasto público, hay que redoblar la prudencia y anticiparnos a los riesgos, que se perfilan sobre todo hacia la segunda mitad del año y el 2016. Esta es una llamada no sólo para ajustar, sino para perseverar en la necesidad de promover una verdadera reingeniería del ejercicio presupuestal en los tres niveles de gobierno.

Hay que centrarse en la eficiencia, la transparencia y la rendición de cuentas. El gasto público, no ha tenido en los últimos años un impulso decisivo para dinamizar la economía, cuando menos en un nivel similar a su incremento. Es preciso superar los obstáculos e inercias que están detrás de este problema.

De igual forma, resulta fundamental el establecimiento de prioridades. Además de conservar una disciplina fiscal, hay que concentrar los recursos y las inversiones en los ámbitos de mayor impacto para el crecimiento y el beneficio social. Es momento de reconsiderar proyectos o replantear sus tiempos de ejecución, en función de su relación costo-beneficio y necesidades; priorizar lo urgente sobre lo que puede esperar, para no generar deudas u obligaciones que comprometan innecesariamente las finanzas públicas.

En este sentido, una de las necesidades más acuciantes es imprimir mayor dinamismo a la economía, y superar el estancamiento en el consumo privado y el mercado interno.

Hemos insistido en que las reformas le dan una perspectiva renovada a México, para lograr, si se implementan con eficacia y el complemento del desarrollo institucional, un crecimiento sostenido de 5% o más en un mediano y largo plazos. Sin embargo, urgen mejores resultados en el corto plazo; no podemos permitirnos que se prolongue la cuesta de enero y que nuevamente haya que recortar pronósticos.

Podemos lograr las tres cosas: blindarnos ante los riesgos que presenta el nuevo entorno externo para las finanzas públicas, proseguir con el desarrollo de las reformas estructurales y crecer más en 2015, con un mercado interno en mejores condiciones.

Sobre estas bases, estamos revisando con el Gobierno Federal varias acciones que estamos proponiendo para incentivar el consumo y la inversión, así como alternativas para compensar la reducción en los ingresos petroleros, con fuentes de recursos adicionales y opciones de ahorro.

Estas medidas tienen que ver con áreas de oportunidad como, por el lado del estímulo a la demanda, reducciones en tasas de retención, eliminar restricciones para deducciones personales, y extender el límite de las mismas.

En cuanto a la oferta, planteamos que se pueda generar un decreto para estimular la inversión, con medidas tales como recuperar la deducción inmediata de nuevas inversiones en activo fijo. Buscamos que se implemente una nueva solución que fomente la repatriación de capitales, así como fortalecer la generación de empleo formal.

Hemos propuesto, igualmente, deducciones en rubros como aportaciones a fondos de pensiones, analizar la subrogación de servicios de salud y seguridad social, con reversión de cuotas.

En lo referente a medidas que contribuyan a compensar la baja en los ingresos del sector gobierno, se proponen alternativas que al mismo tiempo incentiven la formalidad económica, por ejemplo en el uso de autopistas de cuota y combustibles para el transporte formal.

En las próximas semanas, a medida que avancemos en el diálogo con el Gobierno Federal sobre las acciones propuestas, abundaremos sobre estas soluciones, que promoveremos en la forma de un decálogo con medidas muy concretas.

Podemos cumplir con los pronósticos de crecimiento, e inclusive superarlos, y al mismo tiempo, asegurar la salud de las finanzas públicas y la estabilidad macroeconómica. Pero tanto en el sector público como en el privado tenemos que actuar con oportunidad y contundencia, con un enfoque proactivo.

 

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