DISCURSO DEL LIC. CARLOS SALAZAR LOMELIN SOBRE LA “DIMENSIÓN SOCIAL DE LAS EMPRESAS EN MÉXICO”

Ciudad de México, 11 de febrero de 2020

Amigas y amigos

Agradezco mucho su presencia en este importante encuentro, con representación de empresas desde micro y pequeñas hasta medianas y grandes, acompañado por los 12 organismos empresariales que integran el CCE, con nutrida participación de la sociedad civil, la academia, y de representantes diplomáticos y de organismos internacionales.

Encuentro que nos da la oportunidad de reflexionar juntos acerca de un tema extraordinariamente relevante para el sector privado y para nuestro país: la dimensión social de las empresas en México.

Hemos escuchado tres intervenciones importantísimas. Un recorrido histórico de cómo llegamos al momento actual. Un panorama del contexto global y su vínculo con México. Y un refrescante testimonio del papel de las nuevas generaciones empresariales y las industrias emergentes.

Aprecio profundamente el tiempo y las aportaciones del Dr. Javier Garciadiego, de Claudia Jañez y de Fátima Álvarez para este encuentro; y el trabajo que realizan a diario por nuestro país.

Asimismo, al Consejo de la Comunicación, que acaba de lanzar su importante campaña “El Bienestar es Empresa de Todos”, y que fue concebida en un esfuerzo conjunto del sector privado.

Muchas gracias también a la Fundación Kaluz y a la familia Del Valle por su hospitalidad, al recibirnos en este magnífico recinto.

Este edificio que desde el Siglo 17 ha sido testigo de una parte de nuestra vasta historia, que va desde la gran Tenochtitlán, pasando por 300 años de colonia y 200 de vida independiente.

Etapas en las que poco a poco, con muchos sacrificios, contradicciones, luchas, esfuerzos y grandes hombres y mujeres, se forjó nuestra Nación, nuestro México.

Un país lleno de ilusiones por construir un lugar de paz y prosperidad, que aún no logramos alcanzar. Estamos como estamos porque somos lo que somos.

Sin embargo, en medio de todos estos dilemas, siempre ha nacido en nuestro país la figura de un empresario. Aquel hombre o mujer que quiere transformar lo que ve; que quiere brindar nuevos productos y servicios, sostener a su familia, mejorar su calidad de vida y ofrecer a sus hijos más oportunidades. Donde su trabajo trasciende más allá del ámbito familiar, porque genera empleos, paga salarios e impuestos y contrata proveedores.

Es decir, participa en el bienestar de la sociedad y contribuye a darle sentido a nuestra vida como colectividad. Produce un círculo virtuoso en el que las utilidades se convierten en ahorro; y ese ahorro se utiliza nuevamente para invertir en bienes y servicios que harán crecer a la empresa y emplear a muchas más personas.

Entre todos hemos logrado ser la 7° economía manufacturera del mundo; el principal exportador de toda América Latina, y ocupar los primeros lugares mundiales en la producción de un sinfín de productos.

Tenemos empresarios ejemplares: desde los muy pequeños, que con grandes limitaciones generan valor agregado para ellos y sus comunidades. Hasta los muy grandes, que con sus cadenas de valor ofrecen productos y servicios competitivos.

Todos ellos crean fuentes de empleo para millones de mexicanos y generan impuestos y contribuciones que alcanzan, junto con los financiamientos del Estado, en este año, 5.6 billones de pesos para mantener un gasto gubernamental que permita ofrecer a los mexicanos servicios de salud, protección, regulación y apoyo a los más pobres y desprotegidos.

Pero debemos reconocer que enfrentamos un problema importante de imagen y percepción social.

Según estudios recientes, en la opinión de los mexicanos, ser empresario o político están calificados en lo más bajo y casi en la misma proporción. Necesitamos revalorar y replantear nuestras acciones, darle su debida proporción y adecuada dimensión.

Nada hay más lejos de la realidad que esas caricaturas en donde se dibuja al empresario mexicano como un señor gordo vestido de frac, con un gran sombrero y anillos en sus dedos. Esto ha hecho mucho daño en nuestra imagen.

Ser empresario en México es un acto heroico, ante la enorme cantidad de obstáculos que tenemos que enfrentar todos los que nos dedicamos a este noble oficio.

Pero cumplir con el círculo virtuoso de ahorro e inversión ya no es suficiente. La empresa debe tener hoy, una dimensión abiertamente social, creando valor público y ganándose la confianza de la gente todos los días. La prosperidad de los negocios depende de que la sociedad progrese.

El mundo ha cambiado. No cabe duda de que la globalización nos transformó. Ha traído mayores flujos internacionales de inversiones, de mercancías y de personas. Abrió las fronteras. Comunicó mejor y más rápido a los seres humanos.

Pero a la par de la reducción de la pobreza a nivel internacional, del mejoramiento de los índices de salud, de los avances en la alfabetización y de los mayores flujos de información, se presentan retos que incluyen: un crecimiento insuficiente de la economía, la persistencia de la desigualdad, la falta de oportunidades, la inestabilidad financiera, la degradación ambiental y la difusión instantánea de verdades a medias o incluso de mentiras abiertas.

Estos desafíos han provocado, en muchas partes del mundo, descontento colectivo que se ha canalizado en movimientos políticos, incluso extremistas, y que han puesto en riesgo la esencia de la democracia.

Peligra también el frágil equilibrio que existe entre los anhelos de justicia social y la legítima aspiración que tiene toda persona de recoger el fruto de su trabajo, su esfuerzo y su talento.

En el centro del debate se encuentra el funcionamiento de la economía de mercado y de manera destacada el papel del sector privado. Para los empresarios el mensaje es sencillo: en esta época de cambios necesitamos adaptarnos, actuar con audacia, con responsabilidad, sin egoísmos y con sentido de urgencia.

He recorrido el país y he conversado con empresarios grandes, medianos y pequeños. De alguna manera todos estamos convencidos de la necesidad de entender la nueva realidad social cambiante, dinámica, e impaciente.

Nos queda claro que los roles tradicionales de los sectores de la sociedad se están modificando. Es evidente que debemos actuar con estrategia, para no condenarnos a la irrelevancia. Es hora de montarnos en la ola y no quedarnos en la resaca.

Aunque hay muchas empresas mexicanas que han construido historias de éxito en su relación con la sociedad, debemos ir todavía más lejos en nuestro compromiso de solidaridad social, y participar en la construcción de un país más justo, inclusivo, responsable y sostenible. La confianza se generará a partir de nuestro actuar íntegro y ético.

El mensaje es de optimismo y esperanza, pero también de exigencia. El mundo no nos va a esperar, y México tampoco. Por ello, propongo a ustedes diez principios a través de los cuales las empresas mexicanas pueden consolidar su dimensión social, renovar su compromiso en favor de nuestro país y ser uno de los principales factores para resolver los problemas sociales que nos aquejan.

Este es un decálogo de la responsabilidad.

Primero, tomemos medidas para afianzar nuestra credibilidad. Tengamos una cercanía permanente con la sociedad, entendamos sus problemas y necesidades y formemos parte de las soluciones. Un buen empresario debe ser, ante todo, un buen ciudadano; reafirmemos nuestra obligación moral con la sociedad. Ofrezcamos, para empezar, de manera fidedigna y sin engaños, bienes y servicios de calidad a los mejores precios.

Busquemos fórmulas para ayudar a que todos los mexicanos, en cada rincón de nuestra patria, tengan acceso a estos servicios y productos, a la tecnología y a los beneficios de la modernidad. Junto con el Estado, garanticemos que todos puedan acceder a la salud, a la educación, al internet, a los bancos y a los productos de primera necesidad.

ES TIEMPO DE RESPONSABILIDAD.

Segundo, profundicemos el compromiso esencial que tenemos con nuestros colaboradores. El esfuerzo de las personas que forman nuestros equipos de trabajo es lo que hace crecer a las empresas. Queremos colaboradores que vivan cada vez mejor, que se sientan orgullosos de sus lugares de trabajo, que tengan oportunidades de desarrollo profesional y personal. Que alcancen su anhelo de sacar adelante a sus familias y que sus hijos tengan más y mejores oportunidades.

Debemos impulsar cada vez mejores salarios para nuestros colaboradores. Tenemos que trabajar fuertemente para que todas las empresas del país puedan garantizar, lo más pronto posible, el salario mínimo del bienestar familiar.

Y también debemos trabajar en una reforma integral al sistema de pensiones, que asegure a todo mexicano que después de una vida productiva pueda retirarse con júbilo, con la certeza y tranquilidad de un ingreso que le permita cubrir sus necesidades básicas.

Estas son formas concretas en las que los empresarios podemos ayudar a combatir la pobreza y la marginación.

ES TIEMPO DE RESPONSABILIDAD.

Tercero, seamos baluartes de la integridad y de la ética. El Estado de Derecho lo tenemos que construir todos. Debemos respetar y promover en todo momento la cultura de la legalidad. Esto significa también cumplir con todas nuestras obligaciones fiscales, a fin de asegurarle recursos suficientes al Estado mexicano para proveer los servicios a los que está obligado. Servicios que son en beneficio de la sociedad, y de nuestros propios negocios.

Para predicar con el ejemplo, invito a todas las empresas, de todos los tamaños, así como a las diversas organizaciones de representación empresarial, a que adopten con pasión y convicción nuestro Código de Integridad y Ética Empresarial.

Al mismo tiempo, invito al Gobierno a que el principio de legalidad sea el faro que conduzca sus acciones: el gobernante está obligado por definición a respetar y hacer respetar las leyes. Y, también, a hacer una evaluación cuidadosa de lo existente, antes de cambiar el marco normativo. Muchas veces, pretendemos resolver los problemas cambiando las reglas del juego. Cuando lo que necesitamos es, simplemente, cumplirlas.

ES TIEMPO DE RESPONSABILIDAD.

Cuarto, modernicemos la cultura empresarial mexicana. Conozcamos y entendamos las nuevas formas y tendencias que hay en el mundo para forjar empresas de todos los tamaños, mucho mejor organizadas, más modernas y competitivas.

Empresas realmente cercanas a lo que hoy la sociedad demanda, no sólo en términos de la oferta de productos y servicios, sino de un comportamiento vanguardista, responsable y correcto. La adopción del Código de Principios y Mejores Prácticas de Gobierno Corporativo del CCE es un paso fundamental para lograr este propósito.

Es también nuestra obligación promover activamente la creación de más y mejores empresas. Apoyar a los emprendedores, trabajar con las universidades y centros educativos, darles oportunidades a las empresas emergentes e incluirlas en nuestras cadenas de valor. Es sencillo: más empresas generan más empleos y mayor bienestar.

ES TIEMPO DE RESPONSABILIDAD.

Quinto, asegurémonos que las empresas grandes asuman un compromiso fundamental con sus proveedores, y con la creación de cadenas productivas. Aquellas empresas que más oportunidades han tenido de desarrollarse y crecer deberían ayudar a que las de menor tamaño se consoliden y prosperen.

Debemos construir verdaderas alianzas con nuestros proveedores. Para las PyMEs, la liquidez es un tema de supervivencia. El retraso en el cumplimiento de los contratos puede ser mortal; mientras que pagar a tiempo no debería implicar costos adicionales importantes.

Aplica también para las proveedurías al gobierno, en donde se ha convertido en una práctica habitual el retraso en el pago a los proveedores o no devolver a tiempo a los contribuyentes lo que les corresponde.

ES TIEMPO DE RESPONSABILIDAD.

Sexto, hagamos el compromiso como sector empresarial de contribuir al desarrollo permanente de las comunidades en las que tenemos presencia, particularmente aquellas con necesidades más apremiantes, vulnerables o que se han visto en desgracia.

Por definición, el empresario sabe organizar, estructurar y convocar; busca la eficiencia en el uso de los recursos. Si nos involucramos en las comunidades en las que vivimos, juntos podremos impulsar soluciones a los problemas de pobreza extrema, de educación, de preparación y de entrenamiento de los más desprotegidos. Ayudemos a generar desarrollo en las zonas marginadas, a integrar y darle movilidad social a miles de jóvenes.

Lo hemos hecho y lo estamos haciendo con los programas de aprendices como Jóvenes Construyendo el Futuro y los propios que se tienen en cada una de nuestras empresas. Las compañías, además de generar ingresos, son espacios de vinculación, de crecimiento personal y educación para sus colaboradores; ayudan a desarrollar la disciplina, la responsabilidad y las capacidades de las personas. Colaboran para que los mexicanos se superen y crezcan, que sean al final mejores ciudadanos.

ES TIEMPO DE RESPONSABILIDAD.

Séptimo, asumamos y promovamos la inclusión, la diversidad, la cultura del respeto, y el pensamiento crítico. Forjemos empresas que condenen y prohiban cualquier tipo de violencia y abusos entre su personal, y que impulsen el respeto irrestricto de los derechos humanos.

Que sean incluyentes de todas las personas, independientemente de su credo, sexo, orientación sexual, origen o etnia. La diversidad va más allá de la tolerancia; enriquece a las empresas, aumenta su eficacia y resultados, las ayuda a crecer y a modernizarse.

Todo esto se traduce en un ambiente positivo y de armonía, en el que nuestros colaboradores se sienten incluidos, y parte de una fuerza productiva de vanguardia.

ES TIEMPO DE RESPONSABILIDAD.

Octavo, comprometámonos con la sustentabilidad de nuestras actividades económicas. Debemos transitar a esquemas productivos más armónicos con el medio ambiente y a un uso más consciente de los recursos naturales. Adoptemos sistemas de producción, distribución y comercialización que minimicen los desechos y residuos, y fomentemos la cultura de la economía circular. Mantengamos el apego, como en los últimos años, a nuestros compromisos internacionales en materia ambiental.

Este es el gran reto de la humanidad. No se trata de una cultura de prohibicionismo, sino de imaginación y de vanguardia. Está en nuestras manos aprovechar la innovación y la tecnología para encontrar formas más creativas y sustentables de producción.

ES TIEMPO DE RESPONSABILIDAD.

Noveno, el desarrollo tecnológico exige nuevas actitudes. Para crear valor público, debemos transferir tecnología y conocimiento de las empresas grandes hacia las pequeñas y medianas; prepararnos ante los riesgos de la ciberseguridad y vincularnos mejor con la academia y los centros de investigación.

Pero también, en esta nueva era de los datos y de la sociedad digital, las empresas tenemos que asumir el compromiso del respeto a la privacidad, al conocimiento, a la libertad y a la preservación de los derechos individuales.

La tecnología permite mayor eficiencia, y también nuevos modelos de negocio, que revolucionan los mercados. Entrémosle a la industria 4.0.

La tecnología y la innovación también son una forma de reducir las brechas sociales. Nos permitirán en el futuro ofrecer mejores servicios médicos, más conectividad, mayor acceso a la educación. En resumen, mejor calidad de vida y más oportunidades de movilidad social.

Abracemos la tecnología como un eje imprescindible para el desarrollo exitoso de México y de los mexicanos. No repitamos experiencias fallidas del pasado.

ES TIEMPO DE RESPONSABILIDAD.

Y finalmente, décimo, entendamos que nuestra relación con los gobiernos debe brindarnos fortaleza. Las sociedades avanzan con la colaboración, que es el ingrediente básico para producir resultados. El trabajo conjunto y respetuoso entre los gobiernos y los distintos actores de la sociedad, produce mejores decisiones, y avances sustantivos y duraderos.

Cuando la autoridad es elegida democráticamente, nuestra obligación es proponer visiones y soluciones para una mejor sociedad. Cuando critiquemos, propongamos. Cuando propongamos, ayudemos a que se ejecute adecuadamente.

No confundamos la política con lo público. Nosotros como empresarios no solamente tenemos derecho, sino la obligación de preocuparnos y ocuparnos por el bien común y por los asuntos públicos; de expresar nuestros puntos de vista y propuestas para la sociedad. Pero no competimos políticamente ni con colores ni con partidos.

Cuidemos la democracia, porque en democracia, todas las ideas cuentan, se discuten, se mejoran, y pueden ponerse en práctica. Sin democracia, las sociedades perecen.

Estimados amigos

Creo firmemente que todos los empresarios de México debemos asumir estos diez principios con sentido de urgencia. Pero, sobre todo, debemos trabajar unidos en este esfuerzo. Sabemos que esto es un proceso largo y complejo. Ayudemos a que todos los empresarios tomemos conciencia.

Pasemos de la reflexión a los hechos, porque los cambios en el mundo están ocurriendo a velocidades extraordinarias.

Todavía estamos a tiempo, pero si seguimos trabajando con supuestos ya superados, nos vamos a quedar atrás. Hoy, toda actividad económica tiene también una dimensión social.

Hace casi un año, en febrero de 2019, tuve el privilegio y el gran honor de tomar protesta como Presidente del Consejo Coordinador Empresarial. Propuse entonces, y hoy lo ratifico, que empresariado, gobierno y sociedad debemos trabajar juntos por el bien de México.

Forjemos un país en el que todos ponen y todos ganan. Pasemos de un país de potenciales a un país de realidades. En el que todos los mexicanos trabajemos para construir la paz y la prosperidad, cada quien de acuerdo con sus capacidades y posibilidades.

Sólo así podremos tener un país del que todos nos sintamos orgullosos; donde logremos el viejo anhelo de traerle bienestar a todos los mexicanos.

Queremos que cuando un mexicano grite “Viva México”, no lo haga sólo por euforia y alegría, sino sabiendo que México VIVE en cada uno de nosotros. Que todos buscamos que ese sentimiento se refleje en un México latiendo, activo, lleno de energía, en paz y armonía.

Que viva México en cada uno de nosotros y que esa VIDA nos empuje a hacer de esta tierra el mejor lugar para vivir.

Muchas gracias.