XXXIV ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA

     

  • Señor Presidente de la República, Licenciado Enrique Peña Nieto;
  • Señores secretarios y miembros del gabinete;
  • Gobernadores, senadores y diputados;
  • Excelentísimos embajadores;
  • Señores líderes sindicales;
  • Compañeros dirigentes empresariales y empresarios;
  • Amigas y amigos todos:

Quisiera tomar un momento para recordar a dos hombres que –este año, en medio del dolor de sus familiares y un gran pesar para todos— dejaron de estar con nosotros. Don Jesús Vidales Aparicio, presidente Decano del Consejo Coordinador Empresarial y líder moral del sector, nos enseñó que con voluntad y esfuerzo las cosas se pueden hacer bien y México puede salir adelante.

Don Lorenzo Servitje Sendra ganó respeto y admiración en más países que en los que invirtió; transformó la vida de trabajadores que encontraron en sus empresas una ruta al desarrollo personal, no sólo un ingreso. Su ejemplo es más vigente que nunca porque supo construir empresas altamente productivas y, al mismo tiempo, profundamente humanas.

A ambos, el sector empresarial y los mexicanos les estamos eternamente agradecidos y su legado nos compromete. Les pido que nos unamos en un minuto de silencio para ellos.

[Un minuto]

Hace 40 años, los empresarios mexicanos crearon el Consejo Coordinador Empresarial para sumar sus voces y tener una mayor incidencia en el desarrollo del país. Nuestros fundadores contribuyeron a la construcción de un México de libertad y responsabilidad, de orden y respeto, un país solidario con los que menos oportunidades tienen.

A lo largo de cuatro décadas, hemos logrado mucho: trabajamos para despetrolizar la economía y convertirnos en una potencia manufacturera; impulsamos nuestra apertura a los mercados internacionales incrementando el valor de nuestras exportaciones; impulsamos una política monetaria autónoma que nos ha permitido alcanzar niveles de inflación históricamente bajos, por mencionar sólo algunos ejemplos.

Y estos avances fueron resultado del esfuerzo de grandes empresarios y expresidentes de este Consejo: hombres como Don Juan Sánchez Navarro o Don Agustín Legorreta, y muchos otros que como Don Claudio X. González hoy están aquí con nosotros. A todos ellos, a nuestros ex presidentes que nos acompañan, mi mayor reconocimiento.

Hoy, el sector empresarial reitera y refrenda su compromiso con México. Ratificamos nuestra voluntad de construir un país donde la persona sea el principio y fin de la acción política y económica, donde la convivencia pacífica sea el marco para forjar un México justo y próspero.

Frente a momentos de desafíos internos y externos, nuestra patria reclama lo mejor de los mexicanos. Y los empresarios —unidos— responderemos a la altura de las circunstancias.

Todos los empresarios de México —sin importar su tamaño—, estamos trabajando junto a nuestro gobierno y la sociedad para superar nuestros desafíos.

México necesita unidad para lograrlo. Unidad que no puede caer en el vacío, ni considerarse uniformidad. La unidad nacional —a la que nos convoca el presente— debe estar basada en el reconocimiento de nuestra diversidad. Y, sobre todo, debe estar dirigida a la acción.

Tenemos que mirar hacia el mañana y no al pasado; tenemos que pasar de los dichos a los hechos; debemos entender que el futuro es ahora.

Por eso, los empresarios mexicanos presentamos Acción México: la agenda pública del sector privado; una estrategia integral que asume —como el mayor desafío de México— generar más y distribuir mejor su riqueza; ser capaces de atraer y retener más inversión y talento.

[No sólo tenemos que ofrecer oportunidades para los hermanos migrantes que regresen al país, sino que debemos ser una nación de donde nadie sienta la necesidad de partir; donde todos tengan la posibilidad de construir una vida, un hogar, una familia].

Para lograrlo, los empresarios proponemos una agenda basada en cinco objetivos fundamentales:

Primero. Fortalecimiento institucional. Necesitamos establecer un pleno Estado de derecho en el país. Tenemos que profesionalizar a las fuerzas policiales, mejorar la procuración e impartición de justicia y terminar con la violencia que afecta a nuestras ciudades; para contar con un México en paz.

Debemos también crear una cultura de legalidad, donde se rechace la corrupción y, cuando ocurra, se persiga y se castigue,  en las empresas y en los gobiernos. Por eso, es imprescindible terminar de consolidar el Sistema Nacional Anticorrupción. Porque ningún impulso a la actividad productiva será suficiente si no existe un imperio de la ley.

Segundo. Capital humano y desarrollo sustentable. México no puede crecer si los mexicanos no contamos con una red de protección social que garantice que todos tengan cubiertas sus necesidades básicas y cuenten con acceso a derechos fundamentales como educación de calidad, salud digna, transporte eficiente y un medio ambiente sustentable. Tenemos que trabajar sobre las bases que apuntalan el desarrollo.

Tercero. Política económica eficaz. Es necesario impulsar un sistema fiscal que consolide la estabilidad de la economía. Si la salud de las finanzas públicas no es condición suficiente para el desarrollo, indiscutiblemente sí es una condición indispensable. Los mexicanos no podemos dar marcha atrás en la disciplina fiscal, otros caminos ya superados nos costaron muchas crisis en el pasado.

En este sentido, quiero refrendar el llamado de los empresarios a que el gobierno en sus tres órdenes se ajuste el cinturón; a que se realice un verdadero esfuerzo para reducir el gasto público. Porque, hay que reconocerlo, desde 2009 —a pesar de los recortes—, los gobiernos en México han gastado cada vez más recursos.

Sobre todo, es indispensable que se gaste bien. Los empresarios estamos decididos a contribuir con nuestros impuestos a un país más justo y equitativo, pero la tarea de administrar eficientemente los recursos recae exclusivamente sobre el sector público.

Para las empresas, además, es necesario contar con un mayor acceso al capital, con una regulación que fomente la competencia económica y promueva la formalidad.

Necesitamos políticas públicas que fortalezcan el encadenamiento productivo y la promoción de nuevos polos de desarrollo —como las nuevas Zonas Económicas Especiales.

Cuarto. Promover un gobierno efectivo y eficiente. La forma en la que se organiza la administración pública es —a veces— un obstáculo a la competitividad. La corrupción y la ineficiencia burocrática imponen cargas innecesarias e indebidas a la creatividad de los emprendedores y a la generación de empleo para los trabajadores.

Tenemos que implementar una política de mejora regulatoria en la que se sumen los tres órdenes de gobierno. En ese sentido, es muy positivo el anuncio de una iniciativa 2×1 en regulación; y requerimos también una Ley General de Mejora Regulatoria.

Además, es necesario consolidar un nuevo modelo institucional que favorezca la representatividad, la rendición de cuentas y la profesionalización del servicio público.

Quinto. Cultura empresarial. Hoy, más que nunca, el sector privado tiene que asumir compromisos propios y tomar el liderazgo en el fomento a la innovación, en la reinversión de utilidades para adquirir mejor tecnología, para agregar más valor y crear mejores productos.

Tenemos que fortalecer una cultura empresarial que apuesta por la creatividad y la calidad; que puede conquistar los mercados internacionales; que permita que lo hecho en México sea el mejor embajador de nuestras capacidades.

Estos objetivos exigen cambios económicos, sociales y políticos. Y lograrlos demanda la participación de todos: gobiernos, legisladores, empresas, trabajadores y ciudadanos. El compromiso que asumimos los empresarios es seguir apostando por México y por un mejor futuro para todos.

Por eso, hoy queremos anunciar que durante 2017 —a pesar de las dificultades—, el sector privado invertirá al menos 3 billones y medio de pesos —para que no haya duda, 3 y medio millones de millones de pesos— en inversiones productivas para el país. Si bien es cierto que todos los mexicanos compartimos problemas, también es verdad que todos somos parte de las soluciones.

Y los empresarios ponemos el ejemplo; NOS LA JUGAMOS POR MÉXICO. Es nuestra vocación y nuestro compromiso.

Si además, logramos avanzar en esta agenda que proponemos, esta inversión podría potenciarse aún más en beneficio de todos los mexicanos.

Las propuestas incorporadas en esta agenda tienen el potencial para elevar el crecimiento económico anual en a por lo menos tres y medio por ciento en los próximos años y lograr un crecimiento sostenido de hasta 5% a partir de 2020.

Si logramos implementar estas medidas, en 2040 los mexicanos podríamos tener un nivel de vida comparable al de países de ingreso medio-alto. Es decir, en la puerta del Primer Mundo.

No quiero omitir que las medidas que integran Acción México son producto de un largo proceso de consenso con las organizaciones que forman parte del Consejo Coordinador Empresarial; así como también son fruto de la discusión con organizaciones de la sociedad civil, especialistas y funcionarios públicos.

Ésta es una agenda que hemos construido para los próximos 10 años y que expondremos a la opinión pública a lo largo de las próximas semanas.

Señor Presidente;

Señoras y señores:

Mucha gente habla de que existen dos Méxicos; que convivimos en el atraso de muchos y el privilegio de unos cuantos. Siguiendo la vocación del sector privado, en lugar de lamentarnos por estas diferencias vamos a trabajar para eliminarlas. Si hay dos Méxicos entonces necesitamos construir puentes que los unan. Cerremos —con trabajo— las brechas que nos separan como mexicanos.

Podemos lograrlo. La comunidad empresarial es heredera de una tradición de lucha y éxito de grandes hombres y mujeres.

Y ante aquellos que añoran el pasado;

Hoy tenemos que volver a ser la nación que avanza y se mueve hacia adelante.

Los empresarios —pequeños, medianos y grandes— ratificamos nuestro compromiso con México; nuestro empeño por hacer de esta patria la mejor herencia para las futuras generaciones.

Más allá de nuestras diferencias, los mexicanos coincidimos en que todos queremos un mejor país. No se trata de proyectos personales ni de grupo, sino de una ruta compartida hacia el bienestar para todos.

Por eso, los empresarios estamos trabajando en la iniciativa Fuerza México, para proyectar nuestra identidad y nuestro potencial hacia el mundo. No necesitamos cambiar el rumbo, pero tenemos la obligación de acelerar el paso.

Si todos ponemos de nuestra parte, podemos tener y heredar un país de primer mundo a nuestros hijos. Un país con justicia, donde la ley se respete y se haga cumplir; donde la vida y el patrimonio de cada persona estén seguros; donde las empresas encuentren certidumbre y las familias puedan vivir en paz.

Podemos tener un México donde nos sintamos satisfechos al cumplir nuestras obligaciones, porque ese cumplimiento es la base de nuestras libertades.

Si hacemos cada quien lo que nos toca, podemos construir un país donde los emprendedores inicien negocios formales con facilidad; donde la creatividad de los jóvenes se premie; donde su talento sea suficiente para labrarse un futuro; donde los estudiantes no sólo vayan a la escuela, sino que verdaderamente aprendan y adquieran las herramientas para trabajar y desarrollarse.

Si trabajamos unidos y con un rumbo común —políticos, empresarios y sociedad— podemos forjar un país donde los trabajadores tengan acceso a empleos dignos y cada vez mejor remunerados; donde los sectores más vulnerables de la población tengan cubiertas sus necesidades básicas; donde podamos decir que erradicamos la pobreza extrema y estamos terminando con la pobreza en general.

Podemos alcanzar el México que imaginamos; el país que queremos; la nación que merecemos los mexicanos.

Podemos construirlo si pasamos de los buenos deseos a las acciones concretas; de los planes al trabajo duro; de las rencillas al compromiso compartido.

Podemos lograrlo si convertimos nuestro orgullo como mexicanos en un movimiento por México, en una responsabilidad con la patria, en una apuesta por el futuro.

Muchas gracias.