Panorama económico

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Al corte de esta grabación, todavía no estaba definida la decisión de los griegos sobre su aceptación o rechazo de las condiciones de los acreedores en torno a su deuda soberana. Sin embargo, lo que sí está claro es que, cualquiera que sea el resultado, la volatilidad en los mercados financieros internacionales persistirá.

El escenario se complica sobre todo por los cambios que se esperan en la política monetaria de Estados Unidos, que apuntan a un alza en las tasas de interés.

Esto puede demorarse, pero se da por descontado que ocurrirá. La situación en China y Europa, donde la economía sigue mostrando gran debilidad, contribuye también a la incertidumbre.

Lo que procede para México, sin duda, es la prudencia, para blindar las condiciones de estabilidad macroeconómica, máxime con finanzas públicas presionadas por un mayor déficit y con ingresos petroleros a la baja y sin que se perfile un repunte en el corto plazo.

A pesar de estos factores de atención, el país está preparado para la volatilidad internacional, y la segunda mitad del año luce más favorable para nuestra economía respecto a las tendencias más recientes. Datos como los del PIB del primer trimestre del año confirman una recuperación del crecimiento, si bien moderada.

Igualmente se nota una tenue reactivación de la inversión, y de manera destacada, de la construcción, donde consideramos que ya se ha marcado un punto de inflexión con relación a la contracción que sufrió por más de dos años.

Si en los primeros meses de 2014 se registró una caída de 0.5% en el agregado de construcción e inversión, en este año hubo un crecimiento de casi 5.5 por ciento.

Paralelamente, hay muestras de que el consumo privado también se recupera, como igualmente ocurre con las ventas de tiendas minoristas. Inclusive el gasto público crece un poco más, a pesar de los recortes anunciados para éste y el próximo año.

De esta forma, podemos cerrar el año con un crecimiento de entre 2.7 y 3 por ciento, y para 2016, lograr hasta 3.5 por ciento. Muy por debajo de las necesidades y potencial de México, pero mejor que los años previos y que el desempeño de economías similares, como las de América Latina.

Si bien para 2016 pesarán más los recortes presupuestales anticipados, esperamos que la construcción y la inversión tendrán una incidencia mucho mayor, tanto por la aportación de la iniciativa privada como la del sector público. Desde finales de este año debe acelerarse el despliegue de partes fundamentales del Programa Nacional de Infraestructura y de proyectos que derivan de las reformas estructurales.

Sin embargo, es claro que el desafío no es que el PIB crezca un punto más, sino al menos el doble, y de manera sostenida; es decir, las tasas de 5% que aún parecen lejanas como posibilidad.

Sin descuidar la estabilidad macroeconómica, necesitamos que todos los motores de la economía funcionen a plena capacidad, para tener un mejor desempeño en lo inmediato, sin perder el foco de la transformación de largo plazo. Hay margen y opciones para avanzar con mayor rapidez en ese objetivo, y ahí radica uno de los grandes retos del semestre que apenas comienza.

No podemos confiarnos sólo en mantener la estabilidad y el dinamismo del sector externo, donde hay industrias como la automotriz que crecen cinco veces lo que el país. Este componente también enfrenta sus propios factores de incertidumbre, al no estar asegurada una fase prolongada de crecimiento importante en Estados Unidos, y más aún, de la economía mundial.

Nos urge tener activadas más industrias con empuje, nuevos motores, que aporten al crecimiento agregado. Las reformas son claves en este sentido, pero está demostrado que no van a realizarse y detonar todo su potencial si se descuida su implementación, oportuna, eficaz y completa.

Es fundamental que el sector público, en los tres niveles de gobierno, ejerza plenamente, en tiempo y forma, los recursos en infraestructura. El esfuerzo todavía se queda corto. Como hemos señalado, aún con el ligero avance registrado en el primer trimestre, la inversión pública como porcentaje del PIB, de 3.7%, es uno de los datos más bajos en décadas.

El proceso de rediseño presupuestal base cero es una oportunidad inmejorable para que el gasto público cumpla con eficiencia y transparencia sus objetivos y contribuya con mayor contundencia para que la economía nacional despegue de verdad. Este esfuerzo debe ser a fondo, no superficial; tratado como prioridad nacional de corto, mediano y largo plazos.

Por otro lado, en materia de consumo, a pesar de las mejores ventas al menudeo en los primeros meses del año, falta ver su consistencia como tendencia, y verificar qué tanto del repunte estuvo relacionado con el periodo electoral.

Lo que es claro es que el principal factor de estancamiento sigue ubicado en el mercado interno, que al contrario, es y debe ser la mayor fuente de avance, porque en el operan y de él dependen la mayoría de las personas y de las empresas.

Para lograr una reactivación más sustantiva del mercado interno necesariamente requerimos de más empleos y de un mayor poder adquisitivo de la población. Para ello, el camino es más inversión y más productividad, con mejores condiciones para ambos factores: desde seguridad y Estado de derecho hasta una mejor situación en la economía de personas y empresas, con más confianza en el futuro inmediato y el largo plazo.

En ese sentido, vemos una gran oportunidad en la comprensión y apertura que hemos encontrado en las autoridades hacendarias, en los legisladores y partidos políticos, para que exista la flexibilidad que se requiere en materia tributaria, de cara al proceso del paquete económico 2016.

Se impone la prudencia, ante el escenario complejo que se presenta en términos de finanzas públicas. No obstante, la responsabilidad también pasa por actuar ante la debilidad latente en la economía de ciudadanos y empresas, a través de medidas oportunas y ajustes que favorezcan precisamente el consumo y la inversión, el empleo y el crecimiento.

Ahí radica la insistencia en recuperar la deducibilidad inmediata de inversiones; incrementar la deducibilidad de las prestaciones laborales y la de personas físicas; las eficiencias que pueden lograrse en la devolución de impuestos a las empresas cumplidas, entre otras acciones.

Como señalamos, existe margen de maniobra para blindar mejor la estabilidad macroeconómica y al mismo tiempo, crecer más. Son retos fundamentales para los meses que siguen.

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