Una Política Exterior para el crecimiento

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Esta semana es importante para la presencia de nuestro país en el exterior y la estrategia internacional que ha perfilado el Gobierno de la República.

Por un lado, Inicia en Suiza el Foro Económico Mundial de Davos, en el cual México ha tenido un escaparate muy importante en los últimos años y donde esperamos se refrende la confianza que existe sobre las buenas perspectivas del país. Por otro, el Presidente Enrique Peña Nieto viajará a Santiago de Chile, a la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (CELAC) con la Unión Europea. Su primera incursión, como Presidente, en foros internacionales.

Como se confirmó la semana pasada, para el Gobierno Federal la política exterior debe ser un factor clave en el sexenio, buscando vincularla más estrechamente con los grandes objetivos nacionales, en particular el del crecimiento económico y la productividad. Es uno de los cinco ejes temáticos en los cuales se estructuró el gabinete presidencial: México como actor global.

Consideramos que la estrategia internacional que se ha esbozado hasta ahora es acertada y oportuna: un enfoque pragmático, con la concepción de que toda política externa, debe estar ligada a objetivos internos. Efectivamente, México necesita una política exterior que le sirva al país con objetivos bien definidos y resultados concretos.

Esta es una redefinición de énfasis necesaria.

El sector empresarial está por una política internacional que parta de los principios consagrados en la Constitución y del reconocimiento en cuanto a que las relaciones internacionales deben coadyuvar, como factor estratégico, a detonar el crecimiento económico y el desarrollo sostenido, sustentable y equitativo.

En este sentido, vemos dos líneas fundamentales: lograr que las exportaciones contribuyan aún más al crecimiento del producto interno bruto y competir en una economía abierta, pero sin que las importaciones lo hagan con prácticas desleales.

La primera meta se puede conseguir mediante tres mecanismos: sinergias para exportar más, con políticas acordadas entre el sector público y el privado, aumentar el contenido nacional por unidad exportada y diversificar nuestros mercados.

El crecimiento en las exportaciones se dará, en gran medida, en función de la calidad y de la capacidad de alcanzar la excelencia logística, mientras que la necesidad de importaciones debe realizarse con estricta aplicación de la ley y los ordenamientos internacionales.

A nivel multilateral, consideramos que México debe trabajar para asegurar el cumplimiento de las normas de la Organización Mundial de Comercio y explorar la reformulación de la Agenda de Doha, para reactivar negociaciones. De la misma manera, pugnar para que se abran economías relativamente cerradas y combatir subsidios distorsionantes. Necesitaremos un equipo cada vez mejor capacitado para el litigio internacional, que defienda con eficacia a la planta productiva nacional.

En relación con China, es preciso definir una estrategia integral para enfrentar su mercantilismo, así como las implicaciones de su reconocimiento de economía de mercado en el 2016. Puede ser un socio clave para sectores que requieren materias primas importadas para ser competitivos.

A nivel regional, la negociación del Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (el TPP) es fundamental y, para el sector empresarial, de importancia crítica. Es un motor para reactivar a América del Norte como exportador a Asia.

Otra oportunidad es el fortalecimiento de la Alianza del Pacífico con Colombia, Chile y Perú, como instrumento para la participación conjunta en la globalización, con la probable inclusión de Panamá, Costa Rica y otros países interesados. Además, debemos consolidar las relaciones de México con Centroamérica, con base en el Tratado de Libre Comercio Único.

Hacia el sur, es importante que México explore la creación de un instrumento novedoso para impulsar el comercio con Brasil. Ambos países serán dos economías clave en los próximos 20 años. Para el sector privado mexicano, es vital estar bien posicionado en esta nación.

Para todas las negociaciones que el Gobierno Mexicano lleve a cabo, es preciso que el sector privado participe activamente mediante el llamado “Cuarto de Junto”. Estar en sintonía y hacer equipo para obtener los mejores resultados. En ese mismo sentido, estamos proponiendo generar un acuerdo marco de política arancelaria, para generar certidumbre.

Desde luego, la agenda bilateral con Estados Unidos es prioritaria. Es tiempo de fortalecer el TLCAN: es vital incrementar su competitividad relativa frente a otras regiones y los tres países debemos buscar acciones coordinadas y conjuntas de política comercial frente a otras economías.

Hay que construir un programa conjunto de infraestructura fronteriza y de facilitación de cruce, para eliminar cuellos de botella y maximizar la seguridad. En la agenda está la negociación urgente de protocolos sanitarios, para lograr procesos homologados de verificación e inspección; profundizar en la apertura del transporte; avanzar en homologación de normas, el objetivo de la aduana sin papeles y la certificación de cadenas logísticas seguras, entre otras medidas.

Es momento de construir una mayor integración productiva. Este es el TLC Plus que procede. Es necesario fortalecer cadenas productivas binacionales de alta competitividad y generar una estrategia conjunta de integración regional en materia de energía, cada vez más urgente para nuestro país, por los cambios que tienen lugar en Estados Unidos en ámbitos como el gas y la gasolina.

Hay condiciones para un proceso de reindustrialización en sectores intensivos en consumo de energía, como petroquímica, vidrio y aceros especializados. México puede beneficiarse sólo sí contamos con condiciones de precio y abastecimiento adecuadas.

De la misma forma, existe amplio potencial para el aumento del valor agregado en múltiples líneas de productos, por ejemplo, en el mercado de hortalizas: exportar más productos terminados. El cuidado a la salud para estadounidenses es un área de oportunidad enorme, que requiere de una estrategia eficaz. También hay que buscar una mayor participación de México en la infraestructura de nuestro vecino.

Las relaciones exteriores deben posicionar a México como un lugar seguro para la inversión y el turismo, fomentar la participación de la iniciativa privada en foros como G20, OMC, OCDE, APEC y el propio Foro Económico Mundial. Juntos, gobierno y empresas, debemos identificar aliados en sectores globales y hacer sinergias a favor de las marcas mexicanas y su valor agregado.

Es correcto promover una imagen balanceada de nuestro país en el mundo, que revierta la percepción negativa que ha generado el problema de la inseguridad pública.

Hoy México es sujeto de una percepción muy favorable en los mercados financieros, entre los analistas internacionales, políticos y económicos, y en los ámbitos de la diplomacia y la inversión. Parecida a la que tuvo, por ejemplo, Brasil hace pocos años. Pero es una confianza de expectativas, que espera confirmaciones.

No basta con el optimismo; hay que concretar con hechos, y el 2013 es clave para ello, con una política exterior y de comercio internacional efectiva, avalada con las reformas internas que urgen para relanzar nuestra competitividad. Esa sinergia es la que nos dará mayor crecimiento: más exportaciones, con mayor proporción de contenido nacional; incrementos en la inversión extranjera directa; un crecimiento más acelerado y sostenido, que genere prosperidad para todos los mexicanos.