Un balance de cara a la transmisión de poderes en el Ejecutivo

 

 

Un balance de cara a la transmisión de poderes en el Ejecutivo

La Voz del CCE 101 – Domingo 25 de noviembre de 2018

Una de las preguntas más importantes en toda transición gubernamental es sobre la continuidad y el cambio. En la medida en que se acerca el 1 de diciembre y la transmisión del Poder Ejecutivo, se abre una oportunidad para reflexionar sobre lo que hemos construido y lo que aún tenemos que lograr. El sexenio que concluye nos deja un legado que sería importante preservar, y también nos hereda retos que debemos superar.

A lo largo de esta administración, hemos sido capaces de forjar activos muy importantes para el futuro del nuestro país. Las reformas estructurales marcaron cambios positivos para nuestra economía. La apertura del mercado energético y una mayor competencia en sectores estratégicos como el de telecomunicaciones, en primera instancia, dieron paso a que incrementáramos nuestra competitividad y el dinamismo de estos sectores. Además que, en materia de competencia, la economía se ha beneficiado de un organismo regulador más independiente y fuerte.

De igual forma, pudimos concretar una mejora en la eficiencia de la regulación laboral, así como elevar de manera sustantiva el ingreso de los trabajadores, elevando el poder adquisitivo del salario en 17 por ciento con respecto a 2012. Y, en materia regulatoria, fuimos capaces de reducir las barreras a la entrada y los costos de transacción, sobre todo, para miles de pequeños y medianos empresarios. Gracias al trabajo del gobierno, legisladores y empresarios, sumamos esfuerzos para que México hoy tenga un mejor clima de negocios, con menores trámites y reglas claras para los inversionistas y emprendedores.

Aunado a esto, y a pesar del entorno económico global, vivimos en un México estable en materia económica. A lo largo de esta administración, se mantuvo una inflación promedio estable, así como siempre se procuró tener un balance fiscal responsable. Gracias a esto, primordialmente, acumulamos 35 trimestres continuos de crecimiento económico.

Por último, México reafirmó su apuesta hacia un modelo de apertura económica. Ante un panorama global incierto, en el que muchos actores ponían en duda los beneficios del libre comercio, México reafirmó su postura y le apostó a renovar y modernizar sus acuerdos comerciales con el mundo. Así, la firma del TPP, la renegociación y modernización de tanto el Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea como del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), hoy T-MEC, así como el fortalecimiento de los mecanismos de cooperación con la Alianza del Pacífico, reafirmaron que México es un país que le apuesta a la libertad para generar bienestar.

Pero así como ha habido logros, también han sido evidentes los desafíos que no hemos logrado superar. Nuestra economía continúa creciendo por debajo de su potencial y las diferencias regionales y sectoriales siguen dividiendo a los mexicanos.

En primer lugar, es, sin duda, urgente que atendamos los niveles récord de inseguridad y violencia que se viven en nuestro país. México no puede crecer económicamente si el clima de negocios está enrarecido por la delincuencia y la impunidad.

De la mano de esto, es necesario que reconozcamos la debilidad de nuestro Estado de Derecho. Pese a que contamos con un ambiente de  libertad de expresión y libertades individuales que abonó a la madurez de nuestra democracia, la dificultad de las instituciones para cumplir y hacer cumplir el marco legal ha provocado una profunda crisis de confianza en la autoridad y las instituciones. Y, aunado a esto, la impunidad, la corrupción y la dificultad de hacer valer el imperio de la ley ha desembocado en limitaciones para el desarrollo de las empresas y del emprendedurismo de nuestros jóvenes.

En algunas regiones del país, la pobreza sigue teniendo niveles intolerables; pese a los esfuerzos, México no ha logrado brindar oportunidades de empleo y desarrollo para millones de compatriotas. Acelerar el crecimiento económico, de manera incluyente, para que sea el empleo el que saque a las personas de la pobreza, es uno de los retos más importantes hacia el futuro, particularmente en el sur-sureste. Esto sólo se logrará si fomentamos la inversión y el desarrollo de las empresas, que son las únicas que generan riqueza y empleo de manera sustentable. Para ello, es indispensable contar con un marco de estabilidad, confianza y certidumbre.

En tercer lugar, aún tenemos pendiente el adaptar de manera plena las demandas de las empresas y la oferta de nuestros trabajadores. Es necesario que construyamos un sistema educativo que permita adaptar las habilidades hacia el futuro. Un modelo de educación que privilegie la memorización a la adopción de herramientas que permitan aprender a aprender ya es obsoleto. Nuestros jóvenes merecen que los ayudemos a prepararse para la vida laboral, pues sobre esto se basa las posibilidades de elevar su nivel de bienestar en el corto, mediano y largo plazo.

En cuarto lugar, es necesario que aumentemos nuestra inversión en infraestructura. Según el índice de Competitividad Global 2017 – 2018, México se encuentra en el lugar 62 de 137 economías en materia de competitividad en infraestructura, cinco lugares abajo respecto al año pasado. Y esto se debe, en gran medida, a los altos costos logísticos que se enfrentan en nuestro país; es decir a lo que cuesta mover las mercancías y productos. Mientras que estos costos para países miembros de la OCDE son de 9 puntos porcentuales del PIB, en México ascienden al 22.7 por ciento.

Por último, debemos fomentar la investigación y el desarrollo tecnológico en México. Hoy México invierte, a penas, 0.6% puntos del PIB en este ramo. Mientras tanto, el promedio de los países de la OCDE se ubica en 2.5%. Si queremos que México se desarrolle, es necesario que le apostemos a generar conocimiento en todos los ramos; a poner en mayor contacto a la investigación científica con la empresa, para crear más empleos mejor remunerados

El próximo gobierno enfrentará el desafío de construir un país con un crecimiento económico más acelerado y, sobre todo, más incluyente. Como país, tenemos que lograr satisfacer las expectativas tan elevadas de la sociedad, en un entorno fiscal muy restringido. Tenemos que conciliar las grandes inversiones y programas que la sociedad espera, con la necesidad de mantener la salud de las finanzas públicas. Sólo en un entorno de estabilidad económica, con confianza y certidumbre para la inversión y la generación de empleo, podemos elevar el bienestar, reducir la desigualdad y seguir construyendo un México que tenga un mejor futuro para todos sus ciudadanos.