Superar obstáculos e inercias para el desarrollo empresarial

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En el sector empresarial se mantiene una visión favorable del entorno de negocios vigente en México y expectativas más optimistas a mediano y largo plazos, bajo la consideración de que los indicadores de menor dinamismo que se han registrado recientemente en conceptos como la inversión y el crecimiento son, en gran medida, producto de factores coyunturales que se irán corrigiendo progresivamente.

Sin embargo, tenemos claro que hay retos y tareas importantes y complejas a abordar en los próximos meses, las cuales pondrán a prueba la perspectiva económica positiva que ha tomado forma en el país y sobre todo en el exterior.

El llamado «Momento mexicano» es una expectativa viable, en la esperanza de que se siga avanzando en el proceso de transformación abierto con reformas como la laboral, la educativa y la de telecomunicaciones. En lo sucesivo, vienen otras reformas tan trascendentes como la financiera, la energética y la hacendaria, que exigirán de aún mayor disposición hacia el acuerdo y para superar inercias arraigadas.

Por ahora, la economía mexicana y sus perspectivas continúan estrechamente vinculadas al desempeño de Estados Unidos, que muestra signos consistentes de recuperación, pero no un panorama exento de amenazas e incertidumbre. El efecto directo de la debilidad de Europa puede no ser tan drástico para México, si se considera que solo el 7% de nuestras exportaciones se canalizan a esa zona, pero hay que tomar en cuenta que es un socio comercial muy importante de los Estados Unidos

Lo que resulta evidente es que no podemos seguir dependiendo en un grado tan alto del factor Estados Unidos, porque además de la vulnerabilidad, no alcanza para superar el crecimiento inercial que hemos tenido por décadas.

El mejor blindaje contra cualquier contingencia externa son las reformas estructurales pendientes y una sinergia eficaz entre el sector público y el privado para generar soluciones de fondo a los obstáculos y problemas que enfrenta el sector productivo para acelerar su desarrollo; atacar puntualmente las desventajas, rezagos y condiciones adversas con las que opera un gran número de empresas.

La estabilidad macroeconómica es fundamental y hay que reforzarla, pero tampoco basta. Hoy se necesita una política de desarrollo económico activa, ambiciosa y estratégica; que el Estado y los sectores productivos generemos sinergias para potencializar el mercado interno y conectarlo mejor con el sector exportador; para elevar la productividad y la competitividad; para aumentar la inversión, en la que hemos caído lugares entre los países receptores de inversión extranjera directa.

En el caso de la inversión pública es importante establecer programas multianuales que aseguren el flujo continuo de recursos para proyectos productivos, evitando los subejercicios. De esta manera se eliminaría el comportamiento cíclico de los últimos 10 años, en el que cerca del 20% de la inversión física del sector público se ejerce hasta el último mes del calendario.

Para que la inversión privada se incremente, hay que consolidar un ambiente de negocios que estimule la formación de capital y el desarrollo de proyectos productivos. De ahí la insistencia en la necesidad de contar con un régimen fiscal sencillo y que brinde certidumbre y certeza jurídica. Es también la forma más eficaz de aumentar la base de contribuyentes, propiciando una disminución de la informalidad, que actualmente representa el 60% de la población ocupada del país.

La simplificación ayudaría a reducir la complejidad, las exenciones y los tratos preferenciales que propician formas de elusión y evasión, lo que ocasiona que la recaudación se concentre cada vez más en los contribuyentes cautivos, casi 50% en retención a salarios y 38% en personas morales.

Se deben evitar políticas recaudatorias que resultan contraproducentes, al afectar el crecimiento y la generación de empleos dentro de la formalidad, lo cual acaba socavando la propia recaudación. Este es el caso de la propuesta de homologar las bases de contribución del IMSS al ISR, que supondría una carga tributaria importante para las empresas, entre el 10 y el 30% en muchos casos.

La dependencia respecto al sector productivo estadounidense, que concentra cerca del 80% de nuestras exportaciones, no tiene por qué ser un problema, si la aprovechamos a fondo para el desarrollo de nuestra industria, con cadenas de abastecimiento fuertes: urge que definamos una política industrial que contribuya a elevar el contenido nacional de los productos que colocamos en el exterior, el cual actualmente ronda apenas el 25 por ciento.

La diversificación de mercados sigue siendo una gran área de oportunidad. México es uno de los países con mayor apertura comercial, con una red de 12 Tratados de Libre Comercio con 44 países, más 28 Acuerdos para la Promoción y Protección Recíproca de las Inversiones, y nueve de Complementación Económica y de Alcance Parcial.

Desde luego, es indispensable contar con mecanismos que permitan anticipar acciones contra posibles prácticas comerciales desleales y, en caso de que se den, tener los instrumentos necesarios para aplicar oportunamente cuotas compensatorias.

En el frente interno, para la mayoría de las empresas, los principales problemas para hacer negocios son la corrupción, la inseguridad y la ineficiente burocracia gubernamental. En la clasificación de competitividad internacional, seguimos entre los últimos lugares en materia de crimen organizado, confianza en la policía y la carga regulatoria que es lesiva para que las empresas funcionen eficientemente y para la creación de nuevas unidades productivas.

Todo esto aviva el fenómeno de la informalidad, que a su vez se traduce en baja productividad y limitaciones en la capacidad de crecimiento para un porcentaje muy alto de la actividad económica. Además, se reproducen el contrabando y la piratería, que deben ser combatidos con mayor contundencia.

El diagnóstico de los obstáculos es bien conocido, al igual que las oportunidades para superarlos. Es tiempo de actuar, a fin de no dejar pasar otra vía abierta para que México se inserte con firmeza en una senda de desarrollo sustantivo, sostenible e incluyente. La tarea esencial en este año es preparar las condiciones para ello. Vamos adelante, para que el «Momento Mexicano» pase de ser una visión optimista a una realidad transformadora de México.

La Voz del CCE