Son las instituciones

 

  

Lunes, 03 de abril de 2017

Una de las diferencias más claras entre países desarrollados y países en desarrollo es la calidad de sus instituciones. Para que la democracia y la libre empresa funcionen correctamente, deben coexistir hábitos culturales de legalidad, así como una capacidad de las autoridades para imponerla. Deben convivir la racionalidad y la reciprocidad con la obligación y la confianza en la sociedad.

En las últimas semanas, hemos sido testigos de los riesgos que representa la debilidad de las instituciones. En Venezuela, la decisión de arrebatar facultades al Poder Legislativo, ha generado una oleada de protestas que continúan mermando la estabilidad del país y el bienestar de los venezolanos.

Y si bien en México tenemos un orden político más estable, también seguimos enfrentando retos para reconstruir la confianza de la sociedad en nuestras instituciones. El reciente asesinato de periodistas en el país es una afrenta a la libertad de expresión que es indispensable para la consolidación de la democracia; el incremento de la violencia es una amenaza contra la tranquilidad de las familias lo mismo que para la actividad productiva.

Estos son los problemas que no pueden seguir ocurriendo. No podemos aceptar como normales dos fenómenos que lastiman el tejido social y debilitan la confianza en nuestras propias instituciones. Como sociedad y como generación, tenemos el desafío de fortalecer el combate al crimen organizado y la impunidad; de reconstruir vínculos de solidaridad entre mexicanos; de fortalecer un esquema de valores compartido que nos permita trabajar de manera conjunta y colectiva.

Hoy, 77% de los mexicanos declara que no puede confiar en la mayoría de sus conciudadanos. Esa incertidumbre impone límites y eleva los costos de los negocios. Tenemos que combatir esa desconfianza. En el Consejo Coordinador Empresarial estamos proponiendo un conjunto de medidas que nos permitan alcanzar un pleno Estado de derecho para afianzar la integridad física, así como la seguridad jurídica y patrimonial de todos los ciudadanos.

¿Cómo podemos hacerlo?

En primer lugar, tenemos que garantizar un ejercicio responsable y constructivo de las instituciones públicas. Para ello, debemos fortalecer la representatividad y la rendición de cuentas en todo el país, así como también asegurar que los organismos autónomos del Estado mexicano conserven la independencia que requieren para realizar sus tareas y quienes los dirigen sean electos por sus méritos profesionales y no por intereses políticos o personales.

En segundo lugar, tenemos que fortalecer la seguridad pública, la prevención del delito y también la procuración e impartición de justicia. Sin duda el mayor reto continúa siendo fortalecer a las policías del país con recursos humanos y tecnológicos, así como mayores incentivos a una carrera profesional. La prevención, por su parte, requiere de una mejor información, del fortalecimiento de la inteligencia y la integración y análisis de datos nacionales de incidencia delictiva; tenemos que acelerar la adopción del nuevo sistema de justicia penal, así como analizar los ajustes necesarios para facilitar su implementación.

En tercer lugar, es indispensable que el fortalecimiento de las instituciones se traduzca en una mejor manera de evitar y dirimir conflictos entre particulares. Por eso, desde el sector privado creemos que es importante continuar mejorando la justicia cotidiana; que los gobiernos de los tres órdenes fortalezcan los derechos de propiedad a través de la modernización de registros civiles y registros públicos, así como un mayor uso de garantías inmobiliarias. Por su parte, el Poder Judicial, proponemos que se reubique jurisdiccionalmente a los tribunales especiales, incorpore nuevas tecnologías y optimice los procedimientos que permiten una sentencia judicial.

Si somos capaces de construir instituciones más expeditas, que atiendan las necesidades más apremiantes y representen el interés colectivo de los mexicanos, podremos entonces fortalecer también la confianza interpersonal y hacia nuestras propias instituciones. Tenemos que trabajar para que el avance que han representado las reformas estructurales, sea complementado con el fortalecimiento de la ley y el Estado de derecho; con la construcción de una cultura de legalidad y, sobre todo, con la recuperación de la confianza como sociedad, unos a otros.