Retos y oportunidades del turismo

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Este es un momento oportuno para la reflexión sobre la industria turística nacional: el estado en que se encuentra, sus perspectivas y la definición de metas a seguir. Justo en el inicio de la temporada vacacional de Semana Santa, en las que se espera que se desplacen cerca de 12 millones de viajeros nacionales y extranjeros. A pocos días de que se cerró con éxito el Tianguis Turístico de Puebla, con números récord en encuentros de negocios y participación.

Sobre todo, porque se percibe un arranque alentador en la política turística que se ha ido perfilando desde el Gobierno Federal, con ajustes en las prioridades y en la forma de abordar los retos y las oportunidades, que resultan pertinentes ante tendencias que deben preocuparnos y ocuparnos a todos, para responder con diligencia.

Aunque en el 2012 los ingresos de divisas por concepto de turismo fueron de más de 12 mil millones de dólares, superando la cifra de 2008, el hecho de que México haya quedado fuera del grupo de los 10 destinos turísticos más importantes a nivel internacional, como anticipó la Secretaria Claudia Ruiz Massieu, debe movilizarnos a la acción inmediata.

Lo que procede es emprender las acciones necesarias para recuperar terreno, y buscar como meta que México se sitúe entre las cinco mayores potencias turísticas del mundo en 10 años. Esto es totalmente viable por nuestras ventajas comparativas, pero hay que trabajar con ahínco en todos los frentes que tienen que ver con los atractivos turísticos de nuestro país. Hay que revertir el rezago en aquello que hemos dejado de hacer, o que hemos hecho mal, mientras que otros países avanzan con rapidez y crecen con más dinamismo que nosotros.

No podemos quedarnos a la zaga; estamos a tiempo para recuperar el terreno perdido e incluso para tomar un nuevo liderazgo. La disyuntiva es recuperar nuestra posición o correr el riesgo de seguir descendiendo en nuestra posición mundial. Esto es una amenaza real, ya que el crecimiento del sector turístico ha sido más bien lento desde la crisis económica y la contingencia sanitaria del 2009, con el agravante del problema de la inseguridad pública y el efecto que ha tenido en la imagen de México en el mundo.

Es indudable que la delincuencia y la violencia han afectado severamente a la actividad turística en nuestro país. La inseguridad pública y la percepción sobre este problema, tanto a nivel nacional como en el exterior, son el factor más adverso, la variable más crítica que afronta este sector.

Consideramos acertado y respaldamos el cambio de enfoque de la Secretaría de Turismo en la manera de abordar la situación, reconociéndola de entrada, por sus efectos y la forma que compromete el potencial de desarrollo turístico.

Hoy resulta claro que restar importancia al problema en el discurso, ante la preocupación de los agentes de la industria y los viajeros, ayuda muy poco e inclusive sería contraproducente cuando se presentan hechos que lo contradicen.

Hay que seguir la línea de presentar la información sobre la realidad del sector turístico con objetividad, a la percepción de inseguridad, responder con equilibrio en el mensaje, especificando las garantías que se ofrecen a los turistas, pero sobre todo con acciones concretas. Esto genera certidumbre, como fue el caso de la actuación de la Secretaría de Turismo ante los desafortunados crímenes que se cometieron recientemente contra viajeros españoles.

Además, esta política ayuda a tener claridad en cuanto a las acciones necesarias para ir resolviendo problemas y obstáculos. El primer paso para solucionar los problemas es reconocerlos. Este criterio debe regir la planeación y el trabajo en equipo entre el sector público, en sus tres órdenes de gobierno, y la iniciativa privada, que esperamos se fortalezca proyectando programas transexenales como el Acuerdo Nacional por el Turismo.

En ese sentido, resulta positivo el anuncio de que se realizará un diagnóstico de 30 destinos del país para verificar en qué condiciones se encuentran. Trabajemos juntos y fortalezcamos la interlocución entre las autoridades y la industria en todos estos frentes.

Hacia delante hay oportunidades y perspectivas favorables, como lo es la posibilidad de retomar el proyecto de un nuevo aeropuerto para la zona metropolitana del valle de México. Aprendamos de la experiencia del pasado, para sacar adelante con éxito esta necesidad, cada vez más imperiosa y que puede tener un efecto multiplicador en el crecimiento económico y el relanzamiento de nuestra industria turística.

El anuncio de la Política Nacional de Turismo por parte del Presidente Enrique Peña Nieto fue bien recibida por la industria, al igual que la creación de un Gabinete Turístico en el Gobierno Federal, para articular esfuerzos, entre los cuales destaca la instrucción de que el Programa Nacional de Infraestructura considere puntualmente un enfoque turístico.

Las barreras, los retos y las oportunidades están bien documentadas en estudios como el Reporte de Competitividad Turística del Foro Económico Mundial, que refleja los contrastes sobre los que debemos actuar. Entre 140 países, somos el octavo lugar en recursos naturales y el 21 en el renglón cultural.

Sin embargo, estamos en la posición 105 en sustentabilidad medioambiental, al fondo de la lista en seguridad, en el sitio 121 y es evidente que hay mucho por hacer en reordenamiento urbano, con cinturones de pobreza y falta de servicios para la población.

Nuestros destinos turísticos, tanto los de playa como los de cariz cultural, no pueden seguir siendo islas de desarrollo en medio de la precariedad urbana. Este es un desafío para la nueva Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, junto con los estados y municipios.

En la medida que vayamos resolviendo esta agenda estaremos más cerca de concretar el enorme potencial que tenemos en los diversos segmentos en los que contamos con ventajas comparativas indiscutibles, más allá del tradicional sol y playa: diversificación de mercados, turismo de negocios, ecológico, médico; eventos y convenciones, circuitos culturales, segunda propiedad, yates y cruceros, el mercado masivo de los jubilados de Estados Unidos y otros países.

El turismo aporta alrededor de 9% del PIB y genera más de 7 millones de empleos, pero su contribución puede y debe ser mucho mayor. Se trata de una fortaleza que tenemos que cuidar y proyectar a un nivel cada vez más alto.