RETOS PARA MÉXICO: INDUSTRIA 4.0

PALABRAS DEL PRESIDENTE DEL CONSEJO COORDINADOR EMPRESARIAL, JUAN PABLO CASTAÑÓN CASTAÑÓN, EN LA INAUGURACIÓN DEL FORO “RETOS PARA MÉXICO:INDUSTRIA 4.0”

Ciudad de México, a 19 de febrero del 2018

 

  • Ildefonso Guajardo, Secretario de Economía;
  • Señoras y señores:

Muchas gracias, Secretario, por su invitación y —sobre todo— por la iniciativa de organizar este foro tan oportuno. A veces, los cambios ocurren tan rápido que no nos damos cuenta, y es necesario que los mexicanos seamos conscientes de la transformación productiva que vive el mundo para ser parte de ella.

En los últimos 50 años, el crecimiento económico global ha mantenido una tendencia a la baja. La tasa anual de crecimiento pasó de más de 6% en los sesenta, a poco más de 2% en los últimos años. Tenemos que revertir esa realidad, porque hay un hecho claro: sin mayor crecimiento económico, no podemos vivir mejor; sin mayor riqueza, no se puede mejorar el ingreso de las empresas ni de los trabajadores y el de sus familias.

Y a lo largo de la historia, las economías han detonado su crecimiento por cambios en la manufactura, en la forma de producir y la tecnología para hacerlo: primero, con la invención de la máquina de vapor; después, con la creación del modelo de producción en serie; y, posteriormente a esto, con la primera ola de automatización en la década de los setenta.

Ahora, con la fusión de la tecnología física con el mundo digital, el mundo atraviesa por una cuarta transformación que podemos aprovechar para elevar la productividad y alcanzar una mayor producción. Combinando el equipamiento físico de las fábricas con modelos de análisis de datos o inteligencia artificial, podemos construir ahora procesos más eficientes y productos más atractivos. Por ejemplo, las empresas de vanguardia pueden crear hoy un producto personalizado, pero con costos iguales o menores que los producidos en serie.

El potencial de la industria 4.0 es enorme. De acuerdo con Accenture, esta revolución podría incrementar 20% la producción global durante los próximos 15 años. México puede y debe ser parte de esta corriente.

Para lograrlo, tenemos que superar el rezago que tenemos. Según PricewaterhouseCoopers, el continente americano tiene un nivel de digitalización de apenas 32%. Aunque países como Alemania ya están aprovechando los beneficios de la manufactura digital, en México esperamos que este proceso —que ya existe— se generalice durante los próximos 5 o 10 años.

¿Qué podemos hacer para estar a la vanguardia?

En primer lugar, debemos acercar al sector productivo, la academia y los centros de investigación. En México, según los datos más recientes, sólo una de cada cuatro empresas que realizó actividades de investigación y desarrollo, lo hizo en vinculación con alguna institución académica.

En cambio, los países más exitosos de emprendimiento e innovación, como Corea, son aquellos articulados bajo modelos de “triple hélice”; que están basados en la premisa de que la innovación no surge de forma aislada, sino que prospera en redes que agrupan emprendedores, centros de investigación y apoyo de las entidades públicas. Es indispensable que generemos incentivos para una mayor coordinación en esta materia.

En segundo lugar, debemos mejorar la formación de nuestros jóvenes; competencias laborales para el siglo XXI. México todavía enfrenta una brecha entre las habilidades que demandan las empresas y las que ofrecen los estudiantes y trabajadores. De hecho, 44% de los empleadores afirman que es difícil contratar a personas con las habilidades adecuadas, y 40% de los jóvenes no se sienten listos para ser parte del mercado laboral.

Por eso, tenemos que acercar la oferta y la demanda de habilidades y capacidades en el mercado laboral. Necesitamos que las escuelas ofrezcan una formación de calidad en aquellas necesidades que se identifican en el sector productivo. Así, no sólo elevamos la productividad de las empresas, sino que también aumentamos la empleabilidad y el ingreso de los mexicanos.

Por eso en el modelo mexicano de formación dual, en conjunto con la educación superior, podemos encontrar una columna vertebral de capacitación y dentro de las empresas con las habilidades y competencias laborales que se necesitan. Desde el sector privado estamos impulsando el capital humano para competir en esta nueva época. Hemos trabajado desde hace varios años para facilitar el tránsito de las aulas a los puestos de trabajo. Hemos promovido el Modelo Mexicano de Formación Dual, para complementar las capacidades adquiridas en el salón de clase con experiencia práctica dentro de las empresas. Hoy, ya son miles de jóvenes los que han participado en este programa. Y esperamos antes de que termine el año, esperamos tener 10 mil jóvenes en el modelo dual.

En tercer lugar, enfrentamos el reto de impulsar una mayor inversión en ciencia y tecnología. Si bien México ha incrementado de manera importante su inversión en investigación y desarrollo, aún destinamos –como porcentaje del PIB— cuatro veces menos que el promedio de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE): 0.6% frente 2.4%.

Tenemos que elevar esta cifra y, sobre todo, destinarla a los proyectos con mayor potencial de crecimiento. La propuesta del sector privado es que juntos, empresas y gobiernos, logremos invertir en los próximos 5 años al menos 1.5% del PIB . Los empresarios proponemos:

  • Impulsar centros de investigación e innovación con alianzas público-privadas;
  • Así como crear Fondos de Capital de Riesgo para innovación y desarrollo. Con política pública que los impulse y con capacitación para empresarios, funcionarios e investigadores para aprovecharlos y llevarlos al mercado.

No es ningún secreto. A nivel internacional, las empresas y países que tienen mayor éxito son las que invierten de manera continua en el desarrollo de tecnología. Necesitamos poner a México entre esas naciones.

Y por eso, también necesitamos que los gobiernos enfrenten la llegada de esta revolución industrial desde una perspectiva global y con mucha apertura. Necesitamos facilitar la transferencia de tecnologías a través del libre flujo de bienes y servicios.

Tenemos el potencial de posicionar al país a la vanguardia de la tecnología y la nueva revolución industrial. Para lograrlo, necesitamos apostar por la innovación, la creatividad y la calidad de nuestros productos, lo hemos demostrado en el pasado y hoy nos enfrentamos a este nuevo reto.

Confío en que todos los que estamos aquí —y quienes participarán en este foro—, seremos los primeros agentes de cambio hacia el México del siglo XXI, hacia el México de los retos. Juntos, podemos desarrollar una manufactura digital, una producción inteligente. Con una nueva industria, podemos construir una economía más fuerte y un desarrollo más equitativo.

Muchas gracias.