¿Qué necesita México para crecer?

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México comienza 2019 con grandes desafíos. Las perspectivas de crecimiento económico para este año son menores que las del 2018. El Fondo Monetario Internacional, recientemente, recortó su pronóstico de crecimiento de 2.5% a 2.1% del PIB para este año. Esto significa que nuestra economía seguirá creciendo por debajo de nuestro potencial y, sobre todo, que continuará siendo insuficiente para reducir de manera sostenida y sostenible la pobreza en la que viven más de 53 millones de mexicanos.

Desde el Sector Privado, los empresarios estamos convencidos que la única manera sostenible de elevar el bienestar es con empleo. Y, para crear empleos, México tiene que apostar por la libertad de empresa, la iniciativa de la sociedad, la innovación de los emprendedores y la productividad en el trabajo. Tenemos que generar oportunidades de movilidad social – a través del trabajo, del empleo-para que todos podamos salir delante de manera conjunta. Eso nos exige un mejor clima de negocios en el país. 

Debemos atender y resolver los problemas de inseguridad que amenazan a las familias mexicanas, afectan el desarrollo de las empresas y limitan la generación de empleos. Es indispensable que aseguremos el respeto al Estado de Derecho en cada rincón del país, castigando a quienes rompen la ley e impiden el flujo de las mercancías y reparando el daño a las víctimas. Sólo con seguridad y certidumbre jurídica podemos generar los empleos que necesitamos.

Además, es indispensable que incrementemos la inversión en infraestructura y, sobre todo, que afinemos los criterios con los que seleccionamos los proyectos. En este sector, en infraestructura, la técnica debe ser el único criterio para definir qué proyectos se hacen, en dónde y cómo y dónde está la mejor rentabilidad social y económica. Debemos de impulsar aquellas obras que demuestren los mayores retornos, y evitar asignar la inversión con base en cálculos políticos y electorales.

También debemos garantizar la competencia en los mercados, si queremos atraer inversiones, generar empleos y mejorar la calidad de vida de los mexicanos.  La participación de los particulares en mercados estratégicos como en telecomunicaciones y la energía son fundamentales para la competitividad y la prosperidad del país.

Necesitamos crear un ambiente de confianza, estabilidad, menores trámites burocráticos y más incentivos para que pequeñas y medianas empresas -que son las que generan de 9 de cada 10 empleos en el país- puedan tener permanencia y crecimiento. Sólo así, estás, las pequeñas y medianas empresas, podrán integrarse a las cadenas productivas de valor y a los mercados internacionales, generando más competitividad para la economía mexicana y evidentemente entonces, más y mejores empleos.

Por último, debemos fortalecer el capital humano de nuestro país. Hoy en día los países son medidos, no sólo por los recursos naturales que se tienen; son medidos por el talento de los habitantes que lo conforman. Las discrepancias entre lo que las empresas demandan en los trabajadores, y las habilidades adquiridas por ellos en su formación, son altas. El mundo y la economía van creciendo aceleradamente, con nuevos retos para las empresas, y debemos atenderlos con infraestructura educativa, con calidad. El bono demográfico ha llegado a su máximo en el país y debemos aprovecharlo: hoy es cuando tenemos más jóvenes en edad de trabajar y tenemos que brindar oportunidades para ellos.

El panorama para los jóvenes es prometedor y con niveles educativos históricos. Hoy en día, 93.5 millones de personas se encuentran en edad de trabajar; la edad promedio de la población es de 27 años, y -de la Población Económicamente Activa- 21% ya cuenta con educación superior. El potencial es extraordinario. Tenemos que aprovechar estas ventajas, ligando las empresas, la economía, con los jóvenes en etapa de trabajar; que puedan tener las habilidades laborales e incorporarse al sector privado.

Desde las empresas, manifestamos nuestro compromiso de trabajar en conjunto con el Gobierno Federal y los gobiernos estatales, en los nuevos programas que buscan incorporar a más jóvenes a los puestos de trabajo, con habilidades laborales competentes. Sin embargo, estos programas tienen que ir de la mano de una mejora sustancial de los servicios educativos y los planes que preparan a nuestros jóvenes para lo que en el futuro se demandará de ellos.

Sólo trabajando juntos, cada quien en lo que nos corresponde, lograremos un país de ingresos medios y altos. Y lo sabemos, porque lo hemos puesto en práctica y conocemos los resultados; en algunas regiones del país con muchos mejores resultados que en otras. Vemos que los estados donde hay mayor libertad de empresa, mayores garantías de seguridad y competencia efectiva crecen a tasas muy superiores que aquellos estados en donde no se ha avanzado en esta dirección.

Los mexicanos tenemos ante nosotros el enorme desafío de construir un país con mayor crecimiento económico, inclusión y mayor equidad. En medio de un entorno fiscal restringido, tenemos que aplicar un gasto más inteligente, que concilie las grandes inversiones y programas que la sociedad espera, con la necesidad de mantener unas finanzas públicas saludables; una política pública que fomente la inversión privada y la generación de empleos; un entorno de seguridad y certeza, y una educación a la altura del siglo XXI para todos nuestros jóvenes. Sólo así, vamos a poder elevar el bienestar, reducir la desigualdad y construir un México que genere opciones y un mejor futuro para todos.