Prioridades ante un nuevo escenario mundial

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Los aires de proteccionismo que emanan del resultado de las elecciones del 8 de noviembre en Estados Unidos no son un fenómeno aislado, ni en ese país ni a escala internacional.

El comercio global, que durante 22 años mantuvo una tasa de crecimiento del doble de la producción mundial, muestra signos de estancamiento desde hace cuatro años. Para 2016, se espera que cierre con un avance de alrededor de 1.7%, lo cual implica que crecerá menos que la economía global, por primera vez en 15 años.

Varios factores explican este descenso del intercambio internacional: sobre todo, la contracción de la demanda global, que no se ha recuperado suficientemente de la crisis y la recesión suscitadas en el 2008; el menor dinamismo de China y su explosiva incorporación a la economía global; y la consolidación de los procesos de apertura que, desde los 90, se vivieron en muchos países, incluyendo a México, lo cual redujo de velocidad la reducción de costos que se había experimentado por el desarrollo logístico y los encadenamientos productivos transnacionales.

Hacia adelante, el panorama del comercio global no luce promisorio al menos en el corto plazo, al quedar en vilo el Acuerdo Transpacífico de Asociación económica (TPP), con el rechazo que muestra hacia el mismo el Presidente Electo de Estados Unidos. Era una de las áreas de oportunidad y motores emergentes fundamentales para que se reactivara el intercambio global.

Lamentablemente, esa postura política más proteccionista, o cuando menos, no tan afecta a la apertura comercial como había sido la corriente dominante por dos décadas, tampoco es un caso aislado. Se da en mayor o menor medida en otros países, con sucesos emblemáticos como la decisión en el Reino Unido de salir de la Unión Europea, el llamado Brexit.

Inclusive en Alemania, potencia exportadora con un enorme superávit en su balanza comercial, crece la resistencia a la apertura de mercados. Esto se confirmó con las marchas masivas de mediados de septiembre contra el acuerdo de libre comercio que ha estado bajo negociación entre la Unión Europea y Estados Unidos, al que, de acuerdo con sondeos, se opone más de la mitad de los alemanes.

En Estados Unidos existe una tradición histórica, siempre latente, de corrientes aislacionistas, y es claro que hoy cobran relevancia a nivel popular y político. En muchos otros países se presentan fenómenos similares, que en gran medida reflejan las inquietudes por los cambios, las contradicciones y las disyuntivas derivadas de la globalización y el desarrollo tecnológico.

México, que ha sido un líder en el vertiginoso proceso de apertura y desarrollo comercial de los últimos 20 años, no puede ni debe menospreciar estas tendencias de proteccionismo, retórica populista y nacionalismos, y debemos rechazarlas. Hay que tomar nota, entender sus fuentes y lo que implican, pero sobre todo, actuar previsoramente: con visión de país y una estrategia congruente.

Ante la incertidumbre que se presenta sobre los caminos que pueda seguir el gobierno de Donald Trump, estamos seguros de que México superará adecuadamente los desafíos y los riesgos de corto y mediano plazo, en la medida que articulemos nuestra unidad y capacidad de respuesta ante la volatilidad, los cambios y la defensa de los intereses y principios nacionales.

Estamos analizando la situación y los distintos escenarios y las acciones a seguir conjuntamente con el Gobierno Federal, y por parte del sector empresarial, en el seno del sector privado y con nuestras contrapartes estadounidenses. Necesitamos trabajar de forma articulada, aprovechando cada cual los canales de interlocución y los intereses compartidos o complementarios que tenemos con importantes sectores económicos, políticos y sociales en los Estados Unidos.

Sin embargo, la contingencia no debe hacer que perdamos de vista los retos estratégicos que emergen ante las tendencias y perspectivas que están tomando fuerza a nivel internacional.

México no puede soslayar los desafíos de una etapa nueva en el mundo; tenemos que prepararnos de manera consecuente: redoblar esfuerzos en algunos factores y retomar otros, que no habían sido centrales o en los que no hemos avanzado lo suficiente.

Cuatro ejes en los que México debe poner especial atención y fortalecer su posición, en congruencia con los desafíos que se plantean a nivel internacional:

Uno. Es fundamental fortalecer nuestro mercado interno: tenemos que asegurar la continuidad de la recuperación que ha mostrado el consumo, lo cual pasa por apuntalar la estabilidad y el blindaje a nivel macroeconómico. Por ello, es preciso corregir oportuna y suficientemente los desequilibrios que tenemos en variables claves de las finanzas públicas, que pueden presionar la inflación y la balanza comercial.

Además, hay que dar mayor vigor a esta reactivación, abonando a la capacidad de consumo e inversión de las familias y las empresas, lo cual estimulará el empleo y el crecimiento.

Dos. Además de un diálogo con Estados Unidos que construya sobre una relación ganar-ganar, necesitamos retomar como prioridad estratégica la diversificación de nuestros mercados internacionales. México cuenta con ventajas comparativas y áreas de oportunidad enormes, que no podemos desaprovechar. Tenemos que explotar a fondo las posibilidades que plantean nuestra amplia red de tratados de libre comercio, para reducir dependencias.

Tres. La necesidad de impulsar más vigorosamente nuestro mercado interno y, al mismo tiempo, de fortalecer nuestra competitividad internacional, nos obligan a consolidar una estrategia nacional de desarrollo económico proactivo.

Tenemos que aumentar la productividad de los factores de la producción; fortalecer la integración nacional de nuestra oferta, y por ello, vincular sectores fragmentados como el externo de las grandes empresas con las Pymes en cadenas de abasto articuladas; y con todo esto, elevar la sofisticación y elevar el valor agregado que producimos en conjunto en el país. Es la base para generar más y mejores empleos, con una economía menos vulnerable a la contingencia y cambios que hay en el mundo en este momento.

Cuatro. Es preciso que trabajemos intensivamente en el factor confianza, a nivel interno y de cara al exterior. Es de extrema importancia. Hay que hacer lo necesario para tener una posición más robusta de cara a los mercados financieros, pero también en la confianza de todos los mexicanos ante nuestras instituciones y nuestras leyes, y entre nosotros mismos. Por eso es fundamental que no decaiga el impulso para renovar la vida pública, sobre la base de la gobernabilidad democrática, el Estado de derecho, el cumplimiento de las leyes, la lucha contra la delincuencia, la corrupción y la impunidad.

Solo la fortaleza y la cohesión interna pueden darnos la solidez requerida ante la incertidumbre y los cambios que afrontamos, en el corto y en el largo plazos.