Necesitamos una estrategia emergente para el mercado interno

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En el escenario de corto y mediano plazos, hoy contamos con diversos factores que presionan a la baja no sólo la actividad económica y las expectativas de crecimiento, sino los equilibrios fundamentales para la estabilidad macroeconómica del país. En este contexto, es fundamental que México asuma una estrategia proactiva, con políticas y acciones que puedan implementarse y dar resultados con la mayor rapidez posible. En particular, hoy se torna crítico fortalecer nuestro mercado interno.

Hay cuatro elementos que explican, en mayor medida, la necesidad de tomar providencias.

Primero: nuestro nivel de endeudamiento público, además de limitar la capacidad de inversión del Estado, puede degradar la calificación de riesgo de la deuda, incrementando el costo financiero y, con ello, la presión sobre la balanza de pagos y el tipo de cambio, todo lo cual incide sobre la inflación y sus consecuencias en el consumo.

Segundo: a ese factor se suma un déficit creciente en la balanza comercial, tanto por la caída de ingresos por exportación de petróleo, como por un menor dinamismo de las exportaciones manufactureras, que no es compensado por una reducción similar en las importaciones.

Esto nos ha llevado a sostener niveles negativos de cuenta corriente, que no han podido ser compensados ni por las remesas familiares que vienen del exterior, ni por la inversión extranjera directa. De mantenerse esta tendencia, no sólo ocasionará pérdidas adicionales en las reservas internacionales, sino mayor inflación en el país.

El tercer punto: la economía mundial sigue dando muestras de debilidad y este escenario es aún más claro en el comercio internacional, del cual depende más de la quinta parte de nuestro Producto Interno Bruto. A esa dinámica se añaden las corrientes proteccionistas que han aflorado en varios países.

Cuarto: a ese entorno hay que agregar los resultados de la elección de los Estados Unidos y las posibles repercusiones que algunas medidas o simplemente las expectativas tengan en la economía del país. En particular, en el corto plazo, la volatilidad financiera y la reducción de los montos de inversión extranjera. Más adelante, posible afectación en el intercambio con ese país, que absorbe actualmente casi el 80% de nuestras exportaciones.

Todos estos factores combinados, podrían impedir que creciéramos más del 2% en el 2017, con afectación importante en el empleo y el bienestar de las familias. Por eso es fundamental llevar a cabo acciones emergentes.

Proponemos acordar un paquete de lineamientos y acciones que puedan producir efectos rápidos en materia de inversión y de empleo.

  • Al país le urgen políticas y objetivos con visión de largo plazo que puedan tener continuidad, sin importar los partidos políticos en el poder, para generar certidumbre, con un rumbo fijo a seguir para todos los agentes económicos.
  • Debemos buscar que los programas sociales, en los tres niveles de gobierno, se libren de prácticas clientelares y se orienten a crear una infraestructura física e intelectual productiva. La inversión productiva es prioritaria.
  • Preciso también es que se ejerza sin demora el gasto público y los programas, asegurando la puntualidad en la entrega de los recursos a quienes están a cargo de la ejecución, así como de los pagos correspondientes a proveedores.
  • El gasto público en infraestructura es fundamental, pero es preciso iniciar los proyectos y los pagos durante el primer bimestre del año. Podemos fomentar una contratación masiva para los caminos, de mano de obra, calles, escuelas y hospitales, construidos por todos los niveles de gobierno.
  • Las asociaciones público-privadas deben tener mucho más flexibilidad, y dar prioridad absoluta a las concesiones. Con flexibilidad y pertinencia, pero con toda prontitud.
  • Es fundamental asegurar un financiamiento real, competitivo y accesible, para las pequeñas, medianas y grandes empresas. Para todos los tamaños.
  • El papel de la Banca de Desarrollo es clave, a través de garantías y créditos directos. Es necesario cuidar los niveles de las tasas activas y parámetros de otorgamiento de crédito.
  • La combinación de programas de banca de desarrollo y banca comercial es urgente y necesaria, y es imprescindible que lo podamos aterrizar de cortísimo plazo para la renovación tecnológica de las microempresas. Esa ahí donde podemos encontrar la generación del empleo más rápidamente. Es ahí, a través de mecanismos de modernización tecnológica, en implementos, en maquinaria, en líneas de producción, en ahorros de energía, en donde podemos encontrar productividad, y con ésta se sustente el crecimiento en el empleo.
  • Ante la posible reducción en la inversión nacional y extranjera, es necesario establecer una política de estímulos fiscales, que tengan un efecto inmediato.
  • Recomendamos un especial esfuerzo por la parte de las entidades federativas y sus municipios para recaudar más, y ahí tienen el extraordinario elemento que es el impuesto predial. En convenios con sus municipios pueden encontrar una fuente de ingresos más justa y una mejor eficiencia en su propia cobranza, y evitar incrementos en otros rubros y mecanismos por los cuales podrán encontrar mejores elementos de recaudación y rendición de cuentas.
  • En ese mismo sentido, necesitamos que aceleren los procesos de contabilidad gubernamental, para que en la rendición de cuentas estén homologadas las contabilidades de todos los estados de la República.
  • Con respecto a la política cambiaria y de tasas de interés, fundamental es que nuestro país procure mantener los niveles de reservas internacionales.
  • Para evitar una posible reducción en la calificación crediticia, la deuda del Gobierno Federal no debe exceder al 40% del PIB. Hoy, la tenemos en los niveles cercanos al 50 por ciento.
  • Es momento de marcar un camino sobre la reducción paulatina de nuestra deuda con respecto a nuestro Producto Interno Bruto. Lo podemos hacer para tener un plan fiscal, en su recaudación y su aplicación, que pueda ser viable para México en el entorno fiscal ideal en el 2020.
  • Hay que propiciar el consumo, a través de crédito y de programas gubernamentales que generen producción y empleo en el sector privado.
  • En el campo laboral se requiere un programa integral de desarrollo de nuestro capital humano, con énfasis en la capacitación, en balance adecuado con el tiempo familiar.
  • Es preciso programar cuidadosamente el incremento a las remuneraciones en el tiempo, con el objetivo de que sea el poder adquisitivo el que crezca, más que los sueldos nominales. Hay que evitar medidas, políticas o prácticas inflacionarias.
  • En materia de comercio exterior, hay que afinar nuestra visión y estrategia nacional, definiendo prioridades, alternativas y políticas de prevención y respuesta.
  • Un sistema de regulación eficiente es indispensable para impulsar la actividad productiva. Hoy en día, aún sigue sucediendo que en una mediana o pequeña empresa reciben en tres meses inspectores del Infonavit, inspectores del Seguro Social e inspectores del Trabajo, para la misma inspección, para los mismos datos. Tres esfuerzos que distraen la actividad productiva, cuando podrían estar coordinados, las instituciones de la República, para poder auditar y determinar si una empresa está cumpliendo.
  • Se podría considerar un periodo perentorio para todos aquellos trámites que inhiban el desarrollo de las empresas, así como diseñar una ventana única que albergue los tres niveles de gobierno.
  • Es difícil exagerar la trascendencia y la urgencia del combate a la corrupción, la impunidad, los espacios de ilegalidad y la inseguridad. No hay esperanza en las personas para construir una sociedad más libre y justa si desde el sistema político y como Estado no tenemos ya operando, y que ejerza sus facultades, el Sistema Nacional Anticorrupción.

Desde inicios del próximo año estamos muy a tiempo de ejecutar los ajustes y cambios que no sólo permitan enfrentar los retos inmediatos, sino establecer las bases para un fin de sexenio estable y de prosperidad, sin las presiones electorales que habrá durante el 2018.

México no puede esperar para entrar en la senda de crecimiento y la prosperidad. Un crecimiento sostenido y equitativo, incluyente, para todos nuestros habitantes.