México en el mundo

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El CCE está actualmente inmerso en una intensa actividad internacional, con el cometido de consolidar alianzas con empresarios de otros países y con sus órganos de representación. En especial, buscamos promover, acelerar y acrecentar la escalada de inversiones que debe tomar forma en México en los próximos años.

No vamos a poder crecer a tasas anuales de 5% o más, como lo necesitamos, si la inversión no crece al 7% por año en promedio, y para ello se requiere de un repunte sustantivo de la inversión nacional, pública y privada, y de la extranjera. Esta, en gran parte, será la medida del éxito de las reformas y de su implementación. Es indispensable para que dejemos atrás el crecimiento inercial.

La semana pasada, en el marco de nuestra participación en la gira presidencial a España y de la plenaria del Diálogo Empresarial México-Estados Unidos, en Washington, confirmamos que nuestro país está posicionado con fuerza como polo de atracción de negocios.

México hoy es un foco de atención, con gran expectativa de que podamos aterrizar el proceso de reformas. No sólo existe apetito para ampliar o iniciar operaciones en nuestro país, sino proyectos concretos de inversión, ya avanzados en su planeación y desarrollo, con presupuestos muy importantes para rubros como hidrocarburos, electricidad y toda la amplia gama de áreas de oportunidad que está tomando forma en materia energética. Lo mismo ocurre en rubros como infraestructura, telecomunicaciones, turismo, sector financiero y diversos ramos industriales.

En España, país que también pasa por una etapa de toma de decisiones muy importante, la relación con México se ha consolidado como prioridad estratégica comercial, logística y para la inversión en doble sentido. La presencia de nuestro país en esa economía es cada vez más sólida, con exportaciones que aumentan y se diversifican a paso acelerado, las cuales ya rebasan la tercera parte de nuestras ventas a la Unión Europea.

Muchas empresas mexicanas están invirtiendo y teniendo éxito en ese país, arraigándose y reforzando su participación de mercado en sectores como medios de comunicación y telecomunicaciones, químico, automotriz y alimentación. Recíprocamente, vienen fuertes inversiones españolas a México en áreas como energía, turismo, infraestructura y transporte, que se añadirán a un capital acumulado que actualmente pasa de 42 mil millones de dólares, con más de 4 mil 800 firmas españolas trabajando en nuestro país.

También hay un gran margen de acción para aumentar el flujo comercial, que a pesar del considerable volumen alcanzado, todavía es incipiente frente al potencial. Coincidimos en la perspectiva de múltiples nichos de oportunidad, bien detectados y maduros para explotarse por ambas partes.

El CCE, COMCE, y La Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), que representa a más de 2 millones de empresas, estaremos trabajando de manera coordinada para contribuir a llevar los negocios bilaterales a los niveles en que pueden y deben estar.

Con la misma disposición, seguimos construyendo puentes con nuestras contrapartes de Estados Unidos. El 11 y 12 del presente mes, en Washington, el grupo de empresarios y CEOs de ambos países que constituimos el año pasado ratificó la visión compartida de que el potencial y las ventajas competitivas de América del Norte, como bloque, son únicas en el mundo. Los funcionarios gubernamentales que participaron en las reuniones igualmente confirmaron su compromiso con este objetivo común.

Ha tomado forma una agenda binacional robusta, para la cual hemos definido siete ejes prioritarios: cooperación regulatoria, facilitación comercial, infraestructura fronteriza, de transporte y comunicaciones, desarrollo de capital humano y energía.

El alcance de los proyectos para los que hemos sumado fuerzas es de tanta envergadura como lo que representó el TLC hace 20 años. Queremos crear un mercado energético unificado, que incluya generación, distribución y transmisión transfronteriza, para apuntalar la competitividad manufacturera regional. Impulsaremos una mejor reglamentación para un movimiento justo, legal y eficiente de las personas entre los dos países.

Vamos a promover políticas públicas conjuntas y coordinadas para tener ciudades fronterizas mejor conectadas y con un desarrollo económico y social más digno e inteligente. Asimismo, estamos identificando oportunidades emergentes en energía, política comercial y servicios financieros, entre muchas otras.

Con este trasfondo, podemos esperar un flujo creciente de inversiones en ambas direcciones, pero sobre todo hacia el lado sur, en la medida que se aterricen los cambios que están gestándose en nuestro país, que se despejen incertidumbres, y que se hagan efectivas las expectativas de apertura, reducción de costos de transacción y, en suma, de mejores condiciones para invertir y generar más y mejores empleos.

Persisten factores que generan preocupación, como la inseguridad pública en distintas zonas del país, pero es evidente que en el sector empresarial de Estados Unidos hay un enorme interés por el desarrollo de las reformas en México, con una perspectiva renovada.

De la misma forma, debemos seguir promoviendo en todo el mundo la transformación que tiene lugar en México y las oportunidades que se están abriendo. Hay que multiplicar las sinergias, a través de agendas bilaterales y multinacionales robustas, y en línea con el cambio que hemos iniciado.

Esta ha sido una directriz de las actividades que desarrolla el CCE en materia internacional, y también lo será en nuestro papel como anfitriones del encuentro del Consejo Empresarial de la Alianza del Pacífico, que tendrá lugar en Punta Mita el 19 y 20 de junio.
A nivel interno, es claro el reto que tenemos. Hay que completar el proceso de reformas estructurales en tiempo y forma: con carácter de urgencia, pero asegurándonos de que la legislación secundaria, en concreto la de energía y la de telecomunicaciones, cumplan con los principios y objetivos de las enmiendas constitucionales del 2013.

Se trata, además, de potencializar estos motores de dinamismo, así como activar muchos otros, con una agenda sólida de fomento económico, que incentive la productividad, el fortalecimiento del mercado interno y, en general, condiciones competitivas para la inversión y el desarrollo y la multiplicación de las empresas.

Necesitamos convertir en realidades las perspectivas alentadoras de nuestra economía, tanto en México como en el exterior. Más inversión, crecimiento y empleos. Estamos en ese camino, pero hay mucho trabajo todavía por hacer.

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