MENSAJE DEL ACT. JUAN PABLO CASTAÑÓN CASTAÑÓN EN LA 33° ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA

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Sr. Presidente de la República, Don Enrique Peña Nieto

Señores Secretarios de Estado y miembros del Gabinete

Señora y señores gobernadores,

Señores senadores y diputados,

Excelentísimos embajadores,

Señores líderes sindicales y compañeros dirigentes de empresa de todo el país.

Les agradezco profundamente estar aquí en este día en que se da un relevo armonioso, en unidad.

Agradezco particularmente al Sr. Presidente de la República.

Los empresarios apreciamos que esté aquí con nosotros en este acto. En estos años hemos construido una relación de diálogo que nos permite visualizar un México próspero, sólido y firme en sus instituciones, que marca una nueva etapa en nuestra historia. Reconocemos su espíritu reformador y su apertura conciliadora. Contamos con que podremos seguir construyendo juntos, sociedad y gobierno el México al que aspiramos.

Nuestro sincero reconocimiento también a Gerardo Gutiérrez Candiani por su liderazgo al frente del Consejo Coordinador Empresarial. Gerardo, gracias por tu entrega generosa y tu compromiso cotidiano para representar a las empresas y a los empresarios de México.

 Por mantener siempre unido al sector y sostener el timón firmemente, aun en las tormentas más difíciles. Ten la seguridad que todo el sector seguirá respaldándote sea cual sea tu siguiente tarea.

A los organismos que integran el Consejo Coordinador Empresarial y sus Presidentes, les agradezco y aprecio su confianza y apoyo, que me comprometen a corresponder con mi mejor esfuerzo y entrega en esta alta responsabilidad que me confieren.

Me llena de emoción asumir la Presidencia del Consejo Coordinador Empresarial, en tiempos de grandes desafíos para México, en los que el sector privado está llamado a desempeñar un rol fundamental como promotor del empleo y el bienestar de las personas.

Cuento con ustedes, Señores Presidentes, para seguir construyendo una agenda común que integre las preocupaciones de todos. Porque un sector empresarial fuerte y unido se basa en la fortaleza y unidad de cada uno de los organismos que lo integran.

A los trabajadores, representados aquí por los dirigentes sindicales que nos acompañan –mis amigos, nuestros amigos-, mi más sincero reconocimiento y agradecimiento por su gran sentido de responsabilidad compartida. Por su convicción de que en el diálogo podemos encontrar las soluciones para el crecimiento sostenible y el beneficio subsecuente para las partes, en la empresa.

No cabe duda que en el dialogo social tripartita, unidos los factores de la producción, hemos encontrado el camino para una nación que brinde más oportunidades para las personas y sus familias.

 Queridos amigos:

El próximo año, el Consejo Coordinador Empresarial cumplirá los primeros 40 años desde su fundación y, junto con ello, recordaremos una historia de trabajo por México. De defensa –no de intereses de un sector– sino del modelo de Nación que estamos construyendo para México.

A cuatro décadas de distancia, heredamos un esfuerzo de generaciones que han marcado un camino claro. Y es nuestro rol profundizarlo, enriquecerlo, asegurarlo y compartirlo de forma incluyente.

La historia les dio la razón a quienes en su tiempo lucharon contra políticas inflacionarias –por más atractivas que parecieran–, a los que se opusieron a corrientes populistas. A aquellos que privilegiaron un México en la libertad para las personas y las empresas, un México en la libertad para la sociedad, con responsabilidad y auténtica democracia, aquella democracia que nos lleva a construir en la diversidad la patria que queremos todos, mediante el diálogo sincero y abierto. Un México que ponga en el centro de toda la acción política y social a las personas, a los ciudadanos, y su bienestar.

Esa es la Patria que nos inspira y nos compromete, y en la que las empresas, entendidas como comunidad de personas, cumplen un rol fundamental e indeclinable: ser el motor del desarrollo, de la creación de empleos y riqueza, de manera que éstos se traduzcan en opciones de vida y crecimiento para los mexicanos y sus familias.

Es claro: las reformas estructurales de los últimos tres años, nos han servido para formular una plataforma para el desarrollo de México.

Pero para que los cambios lleguen a las personas, deben concretarse en oportunidades de educación y empleo de calidad, de desarrollo y crecimiento desde lo local hasta lo nacional.

En momentos en que nuestro mayor reto es combatir la pobreza de millones de compatriotas, no hay otra alternativa sustentable: es sólo a través del empleo que pueden brindarse oportunidades a las personas. Pero no hay empleo sostenible en el tiempo si no se genera valor, y no hay generación de valor si no hay empresas.

Detrás de cada empresa, en cada comunidad, hay cientos, miles, millones de personas y familias que tienen -además de necesidades- sueños que cumplir para sus hijos y para ellos mismos.

Y también en nuestras comunidades hay todavía muchas personas que aún esperan un trabajo formal que les brinde seguridad y progreso. Muchas personas que tienen sus sueños y proyectos detenidos, porque no han encontrado oportunidades sustentables para concretarlos.

Por ello, para México es de vital importancia que más pequeñas y medianas empresas se creen, sobrevivan y crezcan. Las empresas son de interés público. Y requerimos centrar el esfuerzo de todos, estado y sociedad, en ellas; para crear un entorno en el que nazcan más, crezcan, sean más productivas y generen los empleos y oportunidades que necesitamos para un México de equidad. Un México incluyente.

Los empresarios llamamos a un nuevo paradigma en la relación del Estado con la empresa, en el que la colaboración y el trabajo conjunto se funden en el reconocimiento del rol social de la empresa como conjunto de personas que trabajan en pos de un objetivo de mejora, de crecimiento, de oportunidades.

Por eso, Señor Presidente, le proponemos impulsar una agenda de desarrollo para las empresas, en tres dimensiones:

En primer lugar, que trabajemos para generar un marco normativo que se adapte al tamaño de cada centro productivo, y que sea más sencillo, de manera que se reduzcan al mínimo necesario los trámites y requisitos exigibles. Para que el empresario destine más tiempo a hacer crecer su empresa y a sus trabajadores, y menos a inspecciones, formatos y trámites.

Queremos trabajar, crear, crecer, y no perdernos en el burocratismo.

A la vez, sigamos avanzando en una reforma hacendaria que permita garantizar el empleo y la inversión, que contemple programas de incentivos y simplificación, y que facilite la regularización de las empresas que aún están en la informalidad.

Como segunda dimensión, requerimos mayor acceso al capital e incentivos para la inversión, con financiamiento competitivo para la reconversión industrial y comercial.

Los emprendedores y empresarios estamos dispuestos a invertir nuestros recursos, talento y esfuerzo. Así también requerimos apoyos que faciliten la inversión de largo plazo y la modernización de nuestras empresas; algo fundamental para la productividad y el fortalecimiento de las economías regionales.

En este punto, es indispensable que todos aquellos contratos de suministro, tanto al gobierno federal como a los locales, sean garantizados y agilizados en su pago. Los retrasos e incumplimientos no solo ponen en riesgo financiero a miles de empresas: ponen en peligro millones de empleos para las familias mexicanas.

Esto no es paternalismo ni canonjías gratuitas. Esto es un entorno de libertad y de confianza mutua.

En tercer lugar, requerimos acceso a la innovación y el conocimiento. Nuestro gran reto es construir un entorno que propicie la asociación de grandes empresas nacionales e internacionales con nuestras pequeñas y medianas empresas, para facilitar su encadenamiento a la estructura de valor en diversos sectores y en distintas regiones de nuestro país. Cada región con sus propias variables de competitividad, para alcanzar su propio progreso.

Es fundamental que las PYMES puedan participar en las oportunidades que vendrán con las reformas que hemos construido, particularmente en energía e infraestructura.

Tenemos que apostar a que las empresas hagan una práctica diaria de la cultura de la innovación, que generemos proyectos interdisciplinarios, con la colaboración de la academia, el gobierno y el sector privado. Que tengan aspiraciones globales, aunque atiendan mercados locales.

Por último, para que las empresas florezcan y, más aún, para que las personas nos desarrollemos, reitero que necesitamos un entorno de confianza y certeza.

Confianza entre nosotros mismos, confianza en nuestras instituciones, confianza en el respeto a la ley y sus consecuencias.

Desde el sector privado, estamos haciendo nuestra parte; y trabajaremos mucho más intensamente en implementar y difundir el código de integridad y ética empresarial.

A la par, es crucial que se termine de diseñar y llevar a la práctica el nuevo sistema nacional anticorrupción: con leyes justas, claras y de cumplimiento efectivo. Debemos ir más a fondo en el entorno de transparencia y rendición de cuentas que hoy nos exige la sociedad.

Necesitamos un marco de orden, con una plena cultura de la legalidad, donde los ciudadanos tengamos garantizada nuestra seguridad física y nuestro patrimonio.

Pero mucho más allá: que tengamos garantizada nuestra convivencia, en nuestras calles y plazas. Porque son nuestras.

Porque sin justicia, sin leyes que se cumplan y sin combate frontal contra la corrupción y la impunidad, nada de todo lo anterior será suficiente para la construcción de la Patria que anhelamos.

Tampoco sin libertad. Libertad para todos los mexicanos, sin importar su condición social, económica o política. Por eso, es necesario poder volver a participar libremente en los procesos de nuestra democracia. Requerimos que se revise la ley electoral para regresarnos la libertad de expresión a todos los mexicanos por igual.

Porque es en la libertad y en la responsabilidad donde se construye la patria.

Estimados amigos, señor Presidente,

Es obligación de todos pensar en la Nación que estamos construyendo. En el modelo de país que queremos para nuestros hijos y las siguientes generaciones.

La pobreza y la desigualdad siguen siendo nuestros principales retos. Y estoy convencido de que la única forma real y eficaz de afrontarlas es a través del modelo de apertura y economía de mercado con responsabilidad social que nos hemos propuesto.

Pero necesitamos profundizarlo y complementarlo mucho más: con estado de derecho, con justicia y educación incluyente, con subsidiariedad del estado y con libertad de emprender, asociarnos y participar.

En esta transformación, la empresa como comunidad de personas, está llamada a cumplir una función fundamental, que implica movilidad social, progreso y desarrollo. Pero se requiere que el estado, la política pública y la sociedad contribuyan a crear las mejores condiciones para el desarrollo de la empresa.

Y los empresarios sabremos corresponder y responder al tamaño del reto.

México requiere hoy de la energía creadora de sus empresarios y del compromiso indeclinable de los tres poderes de la unión.

Los mexicanos que hoy están marginados, que no tienen oportunidades ni esperanza nos lo demandan.

Y es nuestra responsabilidad hacer frente a este desafío.

documentMuchas gracias