Logros y pendientes del paquete económico 2016

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Con la presentación del Paquete Económico 2016, propuesto por el Ejecutivo Federal al Congreso de la Unión, inicia una intensa fase de análisis, negociaciones, construcción de acuerdos y todos los procesos involucrados para que tengamos, primeramente, una Ley de Ingresos Federal aprobada dentro de exactamente dos meses.

Arrancamos con una plataforma óptima para avanzar en estas tareas y lograr las mejores condiciones posibles para la nación, con un paquete responsable, que busca ser congruente con los grandes retos que derivan del entorno económico a nivel mundial y nacional.

La propuesta de ingresos y egresos federales para el 2016 corresponde a un planteamiento conservador, que pone el énfasis en la cobertura de riesgos y la estabilidad macroeconómica. Se trata de blindar lo más posible a las finanzas públicas y a los rubros prioritarios del gasto y la inversión del sector gobierno de los diversos factores que están generando inestabilidad e incertidumbre.

No obstante, además del inicio de un prometedor proceso de presupuestación bajo el modelo base cero, se han incluido medidas que buscan incentivar el ahorro, la inversión, la creación de empleo y el crecimiento.

Todo ello, ante la necesidad de detonar un mayor dinamismo del mercado interno; de que familias y empresas tengan holgura para poder incrementar sus niveles de consumo e inversión.

En este sentido, las medidas de estímulo propuestas recogen una parte importante de los planteamientos que el sector empresarial ha venido exponiendo e impulsando desde hace dos años; en específico, desde que se aprobó la reforma fiscal del 2013.

Tenemos la convicción de que hay margen para mejorar e incrementar de manera importante el paquete de incentivos propuestos en el proceso de aprobación del paquete económico en el Congreso.

En los criterios económicos para el año entrante, se plantea un crecimiento del PIB en un rango de 2.6 a 3.6 por ciento. Es un pronóstico realista, pero estamos obligados a ir por más. Es un panorama mejor al de un enorme número de países que enfrentan problemas de solvencia o de recesión, pero insuficiente ante las necesidades y potencial del país.

Sobre tales principios y prioridades se estructura la participación activa que, como sector, tendremos en todo el proceso de análisis y consulta, enriquecimiento y aprobación del paquete económico: responsabilidad ante el contexto y agotar las posibilidades para incentivar la actividad económica.

En la parte de la Ley de Ingresos y la Miscelánea Fiscal, como ya adelantamos, hay un importante conjunto de medidas y de propuestas del sector atendidas. Lo que procede es redireccionar algunas, reforzar y complementar otras, para asegurar o ampliar sus alcances, siempre cuidando de no afectar las finanzas públicas nacionales.

Desde luego, vamos a promover con vigor algunas medidas fundamentales que no se incluyeron en el paquete. En este caso, un punto crítico es aumentar al 100% la deducibilidad de las prestaciones sociales, que en el marco propuesto quedarían como no deducibles al 47 o el 53 por ciento.

El marco impositivo vigente en materia de prestaciones ha elevado el costo laboral hasta en un 8% e implica grandes dificultades para mantener o incrementar las plantillas laborales y nóminas. Ha sido uno de los elementos de la reforma de 2013 que más han afectado a las empresas y sus trabajadores. Este asunto es crucial, ante el imperativo de generar más y mejores empleos dentro de la formalidad.

La recuperación de la deducción inmediata de inversiones, aunque acotada a sectores y empresas con ingresos de hasta 50 millones de pesos anuales, es una decisión muy oportuna, que reconocemos en su justa medida. Más aún, se logra mejorar el esquema previo, como lo habíamos propuesto, porque la vigencia del beneficio correrá a partir de septiembre de 2015 y sin limitación territorial, como antes, cuando sólo se aplicaba en zonas designadas.

Aquí, entre otras opciones, es fundamental aumentar el tope de ingresos de las empresas que puedan aprovechar el estímulo. Estamos convencidos de que el resultado final sería un «ganar-ganar»: más inversión, empleos y crecimiento que redundarán en mayor recaudación total.

Otro paso importante es que los recursos aportados por la gente a instrumentos de ahorro de largo plazo ya no serán sujetos del límite global de deducciones, decisión que debería extenderse a fondos de pensiones aportados por personas morales.

Igualmente vemos aciertos en medidas como las que se proponen para la repatriación de capitales, exenciones de ISR para el sector primario por ingresos complementarios, adecuaciones en el RIF o tasa de retención aplicable a intereses pagados por el sistema financiero. Asimismo, en la reducción de la tasa de ISR sobre dividendos y la actualización de inflación para tarifas impositivas. En todas ellas hay alternativas para redondear el estímulo, a fin de clarificar su instrumentación y maximizar sus alcances.

En los próximos días nos acercaremos a los legisladores de todas las fracciones partidistas representadas en el Congreso, para exponer nuestros puntos de vista y propuestas. Creemos que existe apertura y disposición para trabajar en este sentido, como la que hemos encontrado con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

En ese sentido, en la reunión que tuvimos el viernes pasado con los líderes parlamentarios del PRI y su Presidente Nacional, acordamos integrar una mesa de análisis y propuestas, a fin de que trabajemos, además de en el tema fiscal, en una agenda común legislativa.

Queremos hacer lo propio con todas las fuerzas políticas representadas en el Congreso.

Lo mismo aplica para efectos del Presupuesto Federal, sobre el cual también estamos haciendo un análisis a detalle, para que en las próximas semanas, abundemos sobre las posturas y propuestas del sector empresarial.

Podemos adelantar elementos alentadores, como los inicios de un proceso de reingeniería presupuestal bajo el modelo de base cero, con mayor énfasis en la transparencia y criterios de evaluación de resultados para la asignación de partidas presupuestales.

Creemos que se asegura en gran medida la solvencia del Estado mexicano para el próximo año, ante los riesgos que enfrentamos, si bien hay cuestiones en las que hay que tener especial cuidado, como la reducción importante en la inversión pública, que cae 21% en términos reales. Aún más relevante resulta, en este escenario, el fomento a la inversión privada.

Lo fundamental es que hay una buena plataforma para trabajar, y construir el mejor paquete económico posible para el 2016. Esta es la prioridad del sector empresarial mexicano.

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