La catástrofe del régimen de Nicolás Maduro


     

Miércoles, 02 de agosto de 2017

El domingo pasado, la comunidad internacional fue testigo de la consumación de una infamia en Venezuela. El régimen de Nicolás Maduro decidió, de manera ilegal e ilegítima, convocar a los venezolanos a una elección constituyente. Sin tener las facultades constitucionales ni ofrecer las garantías de libertad y equidad necesarias para cualquier elección, el gobierno central definió reglas viciadas y tendenciosas para redactar una nueva constitución, a pesar de que la vigente se redactó en 1999 por el fallecido Hugo Chávez.

La puesta en marcha de este proceso contraviene todos los principios y valores de la democracia. Falta a la constitución actual y violenta diversos tratados internacionales a los que se adscribió el gobierno chavista de manera voluntaria. Sin importar el intenso descontento que se observa en las calles y la enérgica condena de la comunidad internacional, la celebración de los comicios es una prueba más de la insensibilidad, el autoritarismo y la desesperación del presidente Maduro.

Estas elecciones consuman un proceso antidemocrático que comenzó con la negativa de organizar un referéndum revocatorio; las elecciones regionales y municipales; el desconocimiento de la Asamblea Nacional electa democráticamente. Las reglas de operación del proceso electoral, no fueron más que una herramienta del régimen para impedir que la oposición participara y expresara su opinión.

Como en el pasado, la falta de controles al poder del presidente se ha traducido en un gobierno que sacrifica el bienestar de su gente en la búsqueda de su sobrevivencia política. De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, el producto interno bruto de Venezuela se ha contraído 35% en 4 años; la mayor contracción que se haya observado en la historia de occidente. Ningún otro país en el mundo tiene una deuda pública tan grande en comparación con su producto interno bruto o sus exportaciones como Venezuela. La inflación es la más alta en la historia económica moderna, alcanzando los tres dígitos. De acuerdo con las tres mejores universidades de Venezuela, la pobreza por ingresos pasó de 48% en 2014 a 82% en 2016.

El mismo estudio encontró que 74% de los venezolanos ha perdido en promedio 8.6 kilos de manera involuntaria. El Observatorio Venezolano de la Salud, reportó que se incrementó diez veces la mortalidad en hospitales y cien veces la mortalidad en partos. Sin embargo, sin importar lo dramática y dolorosa que es esta situación, Maduro ha rechazado ayuda humanitaria para sus gobernados.

Desde el sector privado mexicano, los empresarios rechazamos la Asamblea Nacional Constituyente impuesta por Nicolás Maduro. Lamentamos profundamente que se hayan agotado los instrumentos de paz y diálogo y exigimos al régimen de Nicolás Maduro que respete la voluntad popular y restaure la democracia. Si la historia nos ha demostrado algo es que restringir la libertad y los derechos sólo impiden el crecimiento, el desarrollo y la cohesión social de las naciones.

El fraude de este domingo no sólo tiene costos sociales y políticos altísimos, sino que cobró la vida de más de diez venezolanos, entre policías y ciudadanos e implicó la reaprehensión de dos líderes opositores que se encuentran en calidad de presos políticos: Leopoldo López y Antonio Ledezma. Es una muestra más de los perniciosos efectos del populismo sobre la democracia y las libertades.

América Latina ha pasado décadas en el atraso por la falta de democracia, por la ausencia de pesos y contrapesos al poder político, por la carencia de un poder judicial independiente y capaz de garantizar el cumplimiento de la ley y el respeto de los derechos de los ciudadanos. Hoy, en pleno siglo XXI, es inaceptable que continuemos construyendo historias de fracaso por la cerrazón de un líder. Al contrario, tendríamos que defender la capacidad de los ciudadanos para elegir su propio destino.

Los venezolanos, como el resto de los pueblos de América Latina, necesitan la oportunidad de elegir cuál es la ruta que quieren seguir hacia el futuro. Y en la comunidad internacional tenemos la obligación de exigir que esta oportunidad les sea garantizada. En este sentido, celebramos y ofrecemos nuestro apoyo para que el gobierno mexicano continúe presionando en los foros multilaterales, que se tomen medidas enérgicas para condenar al régimen madurista a nivel internacional. Cuanto antes se retome el camino de la libertad, de la certeza jurídica y la democracia, más pronto los venezolanos retomarán la senda del crecimiento, la atracción de inversiones y la generación de empleos.

Entre más pronto se recupere la normalidad democrática, más rápido se recobrará también el bienestar y el ingreso de los venezolanos. Hacemos votos porque la presión internacional no cese hasta que Venezuela vuelva a encontrar un camino al futuro de libertad, de democracia y de unidad.