Infraestructura para el desarrollo

 

 

Infraestructura para el desarrollo

Miércoles 8 de agosto de 2018

Tanto la historia como la experiencia internacional han demostrado que la infraestructura es un detonador del crecimiento económico. De hecho, un estudio de la Universidad de Harvard encontró que 40 por ciento de las diferencias en la tasa de crecimiento de los países se explica por su inversión en infraestructura. Sin embargo, durante los últimos 35 años, la economía mexicana ha tenido niveles de inversión por debajo de lo deseable en esta materia.

Según el Índice de Competitividad Global 2017–2018, México se encuentra en el lugar 62 de 137 países por la competitividad de su infraestructura, cinco lugares menos que el año pasado. En gran medida, nuestra posición se debe a los altos costos logísticos de nuestro país: mientras estos representan un 9% del PIB puntos; en México representan el 23 por ciento del PIB. Esto debe cambiar.

En el Consejo Coordinador Empresarial sabemos que es necesario elevar los niveles de inversión para el desarrollo de nuestra infraestructura. Tenemos que incrementar, además, la eficiencia en el gasto, la transparencia en la ejecución de los proyectos y priorizar aquellos que tienen mayor impacto en la productividad de la economía. Los tres órdenes de gobierno en el sector público y en el sector privado tenemos que convertir el desarrollo de infraestructura en una política de Estado.

Las áreas de oportunidad son enormes: desde la asignación hasta la aplicación de los proyectos de infraestructura, en todo el país. A través de la Comisión de Infraestructura del Consejo Coordinador Empresarial y en conjunto con la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción, los empresarios, en el sector privado, hemos propuesto tres prioridades como parte de esta agenda.

En primer lugar, que haya una mayor inversión pública y privada para el desarrollo de infraestructura. Es imprescindible que adoptemos y fortalezcamos esquemas de asociación público-privada que permitan captar nuevas fuentes de financiamiento y multipliquen nuestra capacidad para desarrollar más y mejores proyectos.

En segundo lugar, tenemos que asignar esta inversión de manera más eficiente a través de una política transversal de infraestructura. Debemos mejorar la planeación, ejecución y evaluación en el desarrollo de los proyectos de infraestructura. Sólo así lograremos impulsar una política pública integral y de largo plazo, que permita ordenar la importancia de los proyectos, facilite su financiamiento y mejore la transparencia y el combate a la corrupción.

Para lograrlo, necesitamos mejorar las capacidades técnicas de los tres órdenes de gobierno y también de los actores privados que intervienen en el desarrollo de la infraestructura; así como también debemos acercar más las necesidades de esta industria con las capacidades que se desarrollan en las escuelas y las universidades.

Finalmente, el tercer eje es impulsar una política sectorial de la infraestructura para detonar la inversión en donde tenga un mayor impacto, principalmente en los sectores de comunicaciones y transportes, energía y agua. Es necesario que ampliemos, modernicemos y articulemos los diferentes modos de traslado de mercancías y de personas, para conformar un sistema nacional de logística y transporte seguro, eficiente y sostenible. Tenemos que fortalecer la infraestructura del sector de hidrocarburos, así como aumentar la generación de energías renovables; construir infraestructura y un modelo de gestión hidráulica con criterios técnicos; promover un crecimiento urbano vertical, de alta densidad y sustentable; desarrollar servicios públicos urbanos en los destinos turísticos; ampliar la infraestructura de educación media superior y superior, así como mejorar el mantenimiento de la infraestructura de la educación básica, y extender la red de infraestructura de salud, para que esta sea moderna y eficiente.

Con una mejor infraestructura apoyaremos el crecimiento de las micro, pequeñas y medianas empresas y promoveremos su incorporación a las cadenas globales de valor. Y esto significará empleos y cada vez de mejor calidad. Así, la infraestructura no sólo será un motor del crecimiento económico, sino también un factor de inclusión social y de mejoramiento de calidad de vida de las personas. El objetivo es ampliar las posibilidades de crecimiento de las empresas más pequeñas, así como impulsar el desarrollo de las regiones más rezagadas del país, que faciliten la inversión y la generación de empleo; que signifique oportunidades y bienestar para las personas.

No hay alternativa: o rompemos de una vez la camisa de fuerza que detiene nuestro desarrollo, o seguiremos condenados a un crecimiento mediocre del dos por ciento anual en promedio, en todo el país. Tenemos que fomentar el potencial de la economía con mayor inversión en infraestructura para poder generar niveles más altos de bienestar.

Hoy, tenemos la oportunidad de terminar con décadas de baja inversión en infraestructura. Si trabajamos de manera coordinada, sectores público y privado, podemos detonar el desarrollo de nuevos proyectos que nos permitan mayor competitividad y eficiencia, para la productividad del país. Juntos, podemos acelerar nuestro crecimiento y seguir construyendo un México con Mejor Futuro, con mayor bienestar para todos.