FIRMA DE CONVENIOS PARA LA EJECUCIÓN DE ACCIONES EN MATERIA DE FORMALIZACIÓN DEL EMPLEO

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Agradezco la oportunidad de estar aquí presente, en representación del sector empresarial mexicano, para que conozcamos de primera mano los convenios que hoy se suscriben para la ejecución de acciones en materia de formalización del empleo.

El Consejo Coordinador Empresarial reconoce los importantes esfuerzos realizados por el Gobierno Federal y muchos estados en este ámbito.

Al mismo tiempo, reafirmamos nuestra voluntad y el compromiso de acompañarlos en estas tareas, y de coadyuvar para que surtan los resultados que se buscan.

En gran medida, gracias a programas como los que hoy se complementarán con los convenios ya firmados, así como la reforma laboral, la Tasa de Informalidad Laboral ha bajado 2.5 puntos porcentuales desde el 2012.

No obstante, todavía hay mucho terreno por avanzar, si tomamos en cuenta que la tasa aún está cercana al 57 por ciento.

Ese dato significa que casi seis de cada 10 trabajadores mexicanos laboran sin la debida seguridad y protección jurídica; sin acceso a servicios de salud, cobertura de riesgos o pensión. Con salarios insuficientes, escasa capacitación y pocas expectativas de crecimiento y desarrollo.

Además, cuando se desagregan los datos, se vislumbra, en toda su amplitud, tanto la trascendencia como la enorme complejidad de la problemática y de las vías de solución.

La informalidad tiene que ver con el género, porque la tasa de informalidad en las mujeres sobrepasa en 1.3% la de los hombres.

Pero la diferencia es aún mayor si se considera la escolaridad: más de 85% de los trabajadores que tienen sólo primaria incompleta está en la informalidad, mientras que para las personas con educación profesional la tasa es de 25 por ciento.

Los índices de informalidad en el sector primario superan el 88%, mientras que en el terciario rondan el 53 por ciento. En las empresas o establecimientos con cinco o menos trabajadores se registra más de 85% de informalidad, mientras que en las que emplean a más de 250, la tasa no llega al 7 por ciento.

El panorama es claro; todavía tenemos mucho que hacer. Hay que acelerar el paso, y en ese sentido, es muy importante y oportuno el fortalecimiento de un programa que, a tres años, ha dado resultados importantes.

Celebramos el que los convenios de acciones coordinadas que hoy se firman cuenten con metas puntuales, entidad por entidad.

Igualmente, que se confirme y dé continuidad a la orientación concertadora del programa, en relación con los protocolos de visitas de inspección, con el énfasis en la asesoría para facilitar el paso a la formalidad.

No debemos escatimar esfuerzos en esta tarea. La formalización, en general, y la formalización del empleo, en particular, son prerrequisitos para avanzar en la construcción de una economía próspera e incluyente, con crecimiento sostenido y sustentable.

Si no reducimos significativamente la informalidad, difícilmente caminaremos al paso requerido en materia de productividad, competitividad, incremento del valor agregado en  nuestra economía en  distintas actividades productivas, así como su integración en encadenamientos sólidos y eficientes.

Más aún, con una informalidad elevada, no lograremos generar los empleos que se necesitan con urgencia en nuestro país, ni en términos de número, ni en términos de calidad.

Es en la formalidad donde pueden crearse y sostenerse fuentes de empleo con ingresos y condiciones de trabajo dignas, que abran el paso al crecimiento profesional y que den solidez al desarrollo familiar de los trabajadores.

La formalización es un camino que no puede obviarse en la ruta de la movilidad y la justicia social. Indispensable, para dejar atrás la precariedad laboral que afecta a millones de personas y sus familias.

Todo esto va de la mano, también, de la formalización empresarial, condición básica para el crecimiento y la sustentabilidad de cientos de miles de negocios. Es de éstos y de nuevos emprendimientos de donde tienen que salir los empleos dignos y remuneradores que necesitan millones de mexicanos y las próximas generaciones.

Las empresas informales, en promedio, llegan a ser 45% menos productivas que las formales, y su desarrollo está sumamente constreñido.

Por eso, no sólo se trata de formalizar los empleos ya existentes, sino de crear millones de fuentes de trabajo formales nuevas.

En 15 años hemos generado casi 6 millones de empleos formales, pero solo para empatar el crecimiento de la oferta de trabajo, tenemos que haber formado 15 millones de empleos.

Sólo podremos tener éxito con el concurso, por una parte, de políticas públicas adecuadas y una implementación eficaz de las mismas. Y por el otro lado, con la multiplicación, el crecimiento y la profesionalización de las empresas.

Necesariamente hay que considerar estos dos ámbitos complementarios para facilitar el tránsito a la formalidad. Si en esa medida aumenta la inversión, accederemos a incrementos en la productividad y a más y mejores empleos.

Hay que consolidar las condiciones idóneas para el crecimiento y profesionalización de las empresas. Un entorno favorable para su creación, la inversión y la generación de empleo. Evaluar y apuntalar las políticas nacionales y locales en áreas como eficiencia regulatoria, estímulos, infraestructura y capital humano, entre otras.

Las grandes disparidades regionales o sectoriales en materia de desarrollo económico, y en particular en variables como productividad y remuneración, tienen que ver directamente con la dicotomía formalidad/informalidad.

Así, este fenómeno informalidad/productividad y crecimiento nos señala el fenómeno de los dos Méxicos distantes

Hoy tenemos estados donde la formalidad es del 70 por ciento de su economía; mientras en otros desafortunadamente la informalidad llega casi al 80 por ciento de su economía Hay que hacer mucho trabajo en ese nivel. Es responsabilidad de todos: de los gobiernos locales, regionales y federal, dar condiciones de seguridad y certeza jurídica comenzando por fundamentos como la propiedad y la contratación, la desregulación y  la eliminación de procesos burocráticos locales que  inhiben las inversiones. Un compromiso firme y claro es necesario en ese sentido para poder afrontar y seguir en el desarrollo de un solo México.

Por eso, como empresarios estamos muy entusiasmados en la creación de las zonas económicas especiales, para participar entusiastamente en la generación de inversión y de empleo formal.

Los convenios que hoy se suscriben son alentadores. Hay que complementarlos para ir aún más rápido, incluso en la responsabilidad empresarial. Un canal que debemos aprovechar más es el Programa “Crezcamos Juntos”, que debe ser reforzado para lograr su máximo impacto potencial. Trabajar todos juntos, cada quien en lo que nos corresponde, en salud, educación y trabajo, coordinadamente para lograr el desarrollo.

Sr. Presidente; amigos todos: Este es un desafío de la nación. Una responsabilidad común.

Nuestro llamado es, entonces, a dar un siguiente paso y consolidar, juntos, una política de Estado de largo plazo en materia de formalización. Una estrategia común e integral, que genere sinergias y efectos multiplicadores.

Los empresarios asumimos nuestra responsabilidad para avanzar con  paso firme por este camino.

Nos corresponde generar y dar proyección a empresas sólidas, formales, innovadoras y competitivas, capaces de generar empleos dignos y sustentables. Todos formales, sin simulaciones; con condiciones óptimas para la prosperidad de todos los mexicanos. Este es el compromiso de los empresarios mexicanos.

 

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