Expectativas económicas 2015

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En términos económicos, las expectativas para el 2015 se presentan sustantivamente mejores a como estimamos cerró el año pasado. De entrada, esperamos un crecimiento de alrededor de 3.5%, con inflación de 3.7%, contra cerca de 2.2% y 4.1%, respectivamente, para 2014.

Es un crecimiento que se queda corto ante las necesidades del país, pero la perspectiva, por varios motivos, es más halagüeña a como han resultado los dos años previos.

La carta más fuerte para anticipar este panorama es la solidez que muestra la recuperación en Estados Unidos, como el motor más poderoso para movilizar a nuestra economía. Se prevé que en el 2015 alcancen un crecimiento de 2.9% o un poco más.

En el último tercio del año pasado, su producción manufacturera sobrepasó por fin el pico que tuvieron previo a la recesión, y está operando más cerca de la plena capacidad que en cualquier momento de los últimos seis años.

Sin duda, son buenas noticias para nuestros exportadores, y otra razón poderosa que refuerza la previsión de que la presión que sufrió el tipo de cambio en diciembre es coyuntural y debe reducirse paulatinamente. En este sentido, esperamos que para fines del 2015 la cotización pudiera descender a entre 13.50 y 13.90 pesos por dólar.

Ayuda en este sentido, la señal que recién envió la FED, en cuanto que no tiene prisa respecto a la anunciada aplicación de una política monetaria más restrictiva en Estados Unidos. Las tendencias inflacionarias en ese país no plantean, por ahora, una expectativa que preocupe en demasía a sus autoridades monetarias.

Aunque el respiro por esta vía no puede prolongarse indefinidamente, cuando menos es factible una menor volatilidad por el lado de los efectos de eventuales alzas en tasas de interés en el primer trimestre.

Definitivamente, no vemos debilidades estructurales que pudieran dar pie a una depreciación más acentuada de nuestra moneda, al contar con reservas de divisas por más de 192 mil millones de dólares, líneas de crédito flexibles y deuda y déficit públicos en crecimiento, pero manejables, al igual que la cuenta corriente.

La incertidumbre ahora está más en el lado de los precios del petróleo, donde aún hay poca claridad para hacer pronósticos confiables, tanto en el corto, como en el mediano y largo plazos.

De hecho, en este terreno radica uno de los riesgos importantes para la economía mexicana en el 2015, al cual hay que dar seguimiento puntual, para responder con responsabilidad y prudencia.

Si bien el Gobierno Federal cubrió el total de los ingresos petroleros para el ejercicio 2015 con coberturas, a un precio promedio de 76.4 dólares por barril, más una cuenta complementaria del fondo de estabilización de los ingresos presupuestarios, a fines de año los contratos a futuro no llegaban a niveles de 80 dólares por barril sino hasta los inicios de la década del año 2020.

En un escenario así, los problemas estarían más hacia el 2016, para lo que habría que tomar previsiones a tiempo con planeación y eficiencia en el gasto público y la reforma hacendaria pendiente. Más aún, si tomamos en cuenta que la plataforma de producción pudiera seguir disminuyendo, hasta que se ejecuten los nuevos proyectos de exploración y explotación. Por otro lado, el costo para México por importaciones como las de gasolina, al descender, funcionará como contrapeso.

Lo que es claro es que el país está lejos de la posibilidad de enfrentar un efecto tan profundo como el que pudieran experimentar otros exportadores petroleros. La estructura de nuestra economía es mucho más diversificada que la de la mayoría de estas naciones. En 1982 nuestras exportaciones de crudo representaban poco más del 75% por ciento del total; hoy son menos del 12% y la contribución de esa industria al PIB está en torno al 6 por ciento.

En todo caso, el precio del petróleo será un punto fundamental a observar, especialmente por su incidencia en las finanzas públicas, al suponer los ingresos petroleros la tercera parte del presupuesto.

No obstante, reiteramos que puede descartarse, para el 2015, un escenario de crisis o condiciones estructurales que pudieran compararse a las de otros momentos en que se presentó baja en precios de petróleo, volatilidad en el tipo de cambio o problemáticas políticas y sociales.

Más bien, tiene que ser un año para tomar decisiones, resolver pendientes y consolidar una plataforma económica que, preservando la estabilidad macroeconómica, nos permita crecer de manera más fuerte y sostenida, y así despejar al máximo la posibilidad de ese tipo de crisis en el futuro.

En este sentido, resulta clave fortalecer el mercado interno y el consumo, porque el empuje del sector ligado al mercado externo todavía tiene poco que ver con la mayoría de los agentes económicos, y por tanto su capacidad de arrastre es acotada.

La construcción se está reactivando con buena marcha y aportará mucho más al PIB que en los años previos; por otra parte, las expectativas en el empleo han mejorado: para 2015, la creación de empleos formales podría pasar de 700 mil. Sin embargo, tampoco es suficiente.

Vemos dos grandes retos macro para el año, que serán riesgos u oportunidades, en función de la forma en que los abordemos con direccionamiento correcto, oportunidad, compromiso y eficiencia.

Por un lado, está la necesidad de hacer un esfuerzo mayor para acelerar, desde estos primeros meses, la reactivación del consumo, la inversión y el empleo. Para ello, en el sector empresarial estaremos impulsando una serie de políticas públicas y medidas fiscales, tales como esquemas de deducción de impuestos, que puedan implementarse cuanto antes, a fin de generar un mejor escenario para las personas y las empresas.

El desarrollo sostenible tiene que ver con productividad, ahorro, inversión, con visión y esfuerzos de largo plazo. Sin embargo, hoy necesitamos mejores resultados en lo inmediato, que incidan en la confianza de consumidores, inversionistas y empresas.

A la par en importancia, resulta clave trabajar en materia de fortalecimiento institucional y Estado de derecho. La inseguridad, las tensiones políticas y sociales, vulneran la convivencia social y pueden llegar a afectar la economía de manera importante. En México hay que hacer un enorme esfuerzo para reforzar la confianza en la sociedad, entre ésta y las instituciones y gobernantes.

El combate a la corrupción y la impunidad, el cultivar la transparencia y la rendición de cuentas, son factores clave para una implementación exitosa de las reformas estructurales y maximizar las inversiones que en este año deben empezar a fluir, de forma creciente, en áreas como energía y telecomunicaciones.

La eficiencia y transparencia en el ejercicio del gasto público, será clave para afrontar los riesgos que pueden venir de los mercados internacionales, como un contexto que obligara a hacer ahorros presupuestales. Fundamental, así mismo, para que la inversión pública tenga impacto en el PIB, a la altura de su nivel.

2015 puede ser un gran año, de consolidación para acceder al ritmo y calidad de desarrollo que necesitamos. Para que así sea, tenemos que apuntalar estos pilares, de estabilidad macroeconómica, política y social, confianza, instituciones fuertes y, en general, condiciones para invertir y progresar.