Elecciones 7 de Junio – Recta Final

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Las campañas electorales rumbo a los comicios del 7 de junio están ya en la recta final. Quedan escasos 10 días, antes de que inicie la veda para realizar actividades proselitistas. A partir del próximo jueves 4, los ciudadanos tendremos cuatro días para ponderar y decidir de manera informada, libre y responsable, sin el «ruido» de los partidos y los candidatos, el sentido de nuestro voto, para los distintos cargos en que nos toque participar.

A esta altura, hay muchas lecciones importantes que dejan las campañas y, en general, el desarrollo y la conducción del proceso electoral.

Asimismo, es momento para que las autoridades, electorales y de los tres órdenes de gobierno, así como los partidos políticos, reafirmen el compromiso con el requisito más básico de una democracia funcional, y que hagan lo necesario para que se cumpla: La exigencia de garantías a la seguridad y al ejercicio pleno de los derechos de todos los ciudadanos, incluyendo candidatos y funcionarios de casilla voluntarios,   para su participación en lo que queda de las campañas, en la jornada del 7 de junio y en la etapa postelectoral.

Lo que se pide a las autoridades e instituciones políticas, como obligados garantes del proceso electoral, es muy sencillo: Primero, cumplir y hacer que se cumpla la ley, sin excepciones y sin pretextos. Segundo, responsabilidad republicana, en la que la convicción democrática manifiesta se pruebe en los hechos.

Hasta ahora, este proceso electoral ha puesto en evidencia no sólo los complejos vicios, problemas y retos de nuestra democracia, sino del país, en general.

Han quedado patentes los errores, lagunas e inconsistencias de las últimas reformas electorales, con graves problemas en aspectos fundamentales, como la claridad y certidumbre que se requiere para todos los participantes.

Es inaceptable, de hecho inconcebible, que se discutan y fijen reglas sobre las campañas, a unos días de la votación, como es el caso del financiamiento en las candidaturas independientes, la cual creemos debe de ser justa y equitativa. El modelo de comunicación, en lugar de abonar a temas como la equidad y a las necesidades de información para los electores, genera confusión y prácticas francamente absurdas de discrecionalidad y censura.

Se ha hecho una reforma tras otra, en cada legislatura y casi cada año, sin hacer mella a las peores prácticas que han caracterizado a la dinámica electoral en México, como el clientelismo y la opacidad en el financiamiento de las campañas.

Con la última reforma electoral, pasamos de alrededor de 400 artículos de ley a más de 600, y como ha mostrado el proceso hasta ahora, en vez de disminuir los conflictos; aumentan; no tenemos mejores candidatos, ni campañas de calidad; y el INE sigue dando muestras de presión muy fuerte, por parte de los partidos políticos, en lugar de hacer honor a su carácter autónomo y ciudadano.

En cambio, aumentan los costos de nuestra democracia, una de las más onerosas del mundo, y se comprometen las funciones esenciales de nuestra institución electoral, al recargarla de obligaciones que no deberían corresponderle, como es la función de censor.

Más aún, podemos hacer decenas de reformas adicionales e incrementar exponencialmente el articulado de los códigos electorales, sin que nuestra democracia evolucione, si no se parte de lo básico: Ni las mejores leyes funcionan, si no se cumplen o no se hacen cumplir, si hay partidos políticos que hacen trampa o infringen la ley de manera recurrente, como modus operandi.

La aplicación de la ley es la respuesta que esperamos al chantaje o el sabotaje electoral, provenga de la delincuencia organizada o de grupos políticos, no importan las causas que enarbolen, si violentan los derechos de los demás.

La democracia, para desarrollarse, necesita demócratas, con congruencia entre lo que dicen y lo que practican; entre lo que predican y su comportamiento fuera del escrutinio público.

Las instituciones de gobierno y políticas, incluyendo por supuesto a los partidos, necesitan que quienes las representan y conducen actúen de manera institucional, en favor de su fortalecimiento y prestigio. Hoy, nueve de cada 10 ciudadanos desconfía de los partidos políticos, a los que ve como permeados por la corrupción. Qué se necesita para que reaccionen. En este sentido, el avance de candidaturas independientes es una nota alentadora, pero sin embargo, nuestra democracia demanda de un sistema de partidos sólido.

Claramente, en lo sucesivo se requerirá otra reforma electoral, para remediar los problemas evidenciados, pero de poco servirá si no hay un cambio entre la ley y los valores manifestados frente a la forma de actuar en la realidad.

 

Las campañas han puesto en evidencia, asimismo, que la corrupción está en el centro de las preocupaciones de la nación, y que este fenómeno no distingue partidos, ideologías ni regiones.

 

Las acusaciones cruzadas, dan cuenta de ello.

 

Las diferencias entre los partidos tienden a desdibujarse, debido a que comparten tachas en aspectos centrales, como lo son la presencia de actos de corrupción y la inconsistencia entre sus postulados y prácticas. Por ello, es fundamental que los ciudadanos revisemos los perfiles, antecedentes y propuestas de los candidatos.

 

En todos los partidos existen buenas opciones. La calidad de la democracia, en este sentido, depende también de nuestra calidad como ciudadanos. Reiteramos nuestra convicción de que ni el abstencionismo, ni el voto nulo son opción; son recursos que pueden reflejar un valido malestar con la política en México, pero no es la solución; son un recurso contraproducente.

 

Hay tiempo para hacer que estas elecciones, sean también un paso más para afinar nuestra democracia y aspirar a que tengamos mejores gobiernos. El requisito es que, como ciudadanos, estemos presentes; que hagamos sentir nuestro peso y nuestro voto.

 

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