El sector energético como motor del desarrollo


     

Lunes, 26 de junio de 2016

La apertura del sector energético a nuevos participantes –distintos de PEMEX y CFE– representó un cambio de paradigma en la forma de hacer negocios y atraer inversiones a México. A lo largo de los últimos años, ya se han dado los primeros pasos para liberalizar el mercado de gas, gasolinas, diesel y electricidad, a fin de fortalecer la seguridad energética, la productividad y la inversión en el sector.

En los últimos años hemos visto grandes avances en la infraestructura energética. De acuerdo con el Índice Global de Infraestructura Energética 2017, México se encuentra en el 44 de un total de 127 países evaluados, una mejoría respecto de 2015 donde nos encontrábamos en el lugar 55. Este índice destaca la importancia de la reforma constitucional para atraer inversiones.

En el ramo de energías limpias, México también ha tenido grandes avances. Se han emprendido acciones y definido objetivos en términos de generación de energía renovable. Hasta el momento, se han realizado tres subastas para licitar energías renovables, donde se han, subastado más de 5 mil megawatts. Con esto se espera satisfacer 35% de la demanda total eléctrica para el 2024 y 60% para el 2050. Hacia 2030, se espera reducir 62% la demanda de carbono; 21% la de gas natural y 6% la de petróleo.

En estas subastas se acordaron inversiones por más de ocho mil millones de dólares que involucran a empresas de todo el mundo. Así, México fortalece su capacidad de generación de energías limpias que, desde 2015, ha sido reconocida por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente al ubicarnos como uno de los 10 países con mayor inversión en energías renovables.

Esta semana pasada, además, se realizó de manera exitosa la ronda dos donde la Comisión Nacional de Hidrocarburos adjudicó 10 contratos para la exploración y explotación de aguas someras en el Golfo de México. Gracias a esto, se aseguraron inversiones para el país por alrededor de ocho mil 200 millones de dólares durante los próximos años.

Pero capitalizar estas inversiones también nos exige avanzar en la certidumbre jurídica del sector. Hoy, las empresas enfrentan requisitos inciertos en materia de consulta pública que frecuentemente se han traducido en demoras y obstáculos para iniciar o darle seguimiento a los proyectos productivos. Tenemos que impulsar una regulación más clara y sencilla para traducir las inversiones energéticas en bienestar social. Diversos estudios de las Naciones Unidas muestran que la inversión social del sector energético es un eficaz catalizador del desarrollo porque fomenta mayores niveles de alfabetismo, inscripción y asistencia escolar, generación de empleo, acceso a servicios de salud, evidentemente productividad, entre muchos otros.

Los mercados de energía requieren una regulación adecuada para funcionar también adecuadamente. El esfuerzo y talento de los empresarios debe complementarse con normas que garanticen condiciones efectivas de competencia. Sólo así veremos cómo la apertura de los mercados se traduce en beneficios palpables para el bolsillo de los mexicanos. Hoy, todavía hace falta una mayor competencia en todas las regiones del país y en todos los mercados de energía. Hoy es imprescindible que la autoridad regule, investigue y sancione las prácticas monopólicas que pueden inhibir los beneficios de la reforma. En particular, en el sector privado estamos muy atentos al impacto de la reciente liberalización de los precios del gas natural.

Tenemos que construir reglas que aseguren un desempeño eficiente de los mercados. Las empresas deben tener acceso a la infraestructura existente y de manera accesible y rentable para todos; deben tener un esquema que facilite su acceso a nuevos mercados para la extracción, generación, distribución o comercialización de energéticos. Por eso, necesitamos fortalecer también a los organismos reguladores como la Comisión Reguladora de Energía o la Comisión Nacional de Hidrocarburos.

En la iniciativa privada vemos una oportunidad histórica para que el sector energético sea un motor de desarrollo y se consolide en México como tal. El acceso a energías modernas y una mejor infraestructura energética están altamente relacionados con la reducción de la pobreza. El mercado de energéticos nos abre la puerta para que el aprovechamiento de los recursos represente un verdadero motor de crecimiento económico en todas las regiones del país y por tanto para el bienestar de más mexicanos que hoy requieren de oportunidades de desarrollo.