El camino de México al futuro

 

 

 

El camino de México al futuro
Martes 4 de diciembre de 2018

 

México inicia una nueva etapa en su historia. Comienza un gobierno con retos que no hemos superado en décadas y otros nuevos retos que plantea nuestro tiempo. En el sector privado reconocemos que el gran desafío es elevar el bienestar de los mexicanos, y estamos convencidos de que lograrlo requiere de un crecimiento económico mucho más acelerado e incluyente; exige cambiar lo que no ha funcionado, pero también exige conservar lo que sí ha dado resultados.

En las últimas décadas, México no ha alcanzado los niveles de bienestar que necesitamos; pero ha construido una base sólida para el desarrollo en el futuro. Sobre la base de la estabilidad y el libre mercado, hoy tenemos una economía sólida que ha permitido que el ingreso de los mexicanos aumente de manera sostenida.

Aunque debemos acelerar el paso, el ingreso promedio de los mexicanos se multiplicó más de cuatro veces, al pasar de 2 mil dólares en 1983 a 8 mil 900 dólares en 2017.[1] También la desigualdad –medida con el índice de Gini– se redujo en el mismo periodo, pero no es suficiente. Tenemos que seguir trabajando para construir un país más equitativo e incluyente.

El equilibrio en las finanzas públicas y una economía respetuosa de la libre empresa han mejorado nuestra calidad de vida y hay que reconocerlo, con mayor educación y salud para todos. En los últimos 36 años, la escolaridad en México se duplicó al pasar de menos de cinco a casi 10 años en promedio de preparación escolar, lo que significa que antes la mayoría de los mexicanos no terminaba la primaria; ahora, tiene más que la secundaria completa.[2] La salud también tuvo grandes avances: hoy, la esperanza de vida es casi 10 años mayor: pasó de menos de 68 años en 1983 a más de 77 años el año pasado.[3]

La apertura de nuestra economía al resto del mundo nos ha permitido generar más y mejores empleos para reducir la pobreza. Más de uno de cada cinco puestos de trabajo en el país está vinculado al comercio internacional y en las manufacturas de exportación los salarios son en promedio 37% más altos. En los cinco estados que más exportan, la población en pobreza se redujo casi 20% en los últimos seis años; mientras que, en los cinco estados que menos exportan, la pobreza aumentó 5%.

El comercio exterior nos ha posicionado como líderes en el mundo y a la vanguardia de la tecnología que es indispensable para competir en la actualidad. México hoy es uno de los mayores exportadores de vehículos y de computadoras,[4] así como una de las naciones que más inversión atrae al sector aeroespacial. Es decir, en las últimas décadas nuestro país se convirtió en una potencia manufacturera de alto valor agregado.

Además, nos consolidamos como líder global en la exportación de productos agropecuarios como jitomate, aguacate o cebolla. En los últimos años, hemos exportado más alimentos de los que importamos. En el sector turístico, por otro lado, también hemos avanzado muchísimo, hasta colocarnos hoy día entre los seis países más visitados del mundo.

Por eso, México debe continuar su apuesta por la libertad de empresa y la integración económica con el exterior. A lo largo de la historia, la economía de mercado ha sido la mayor fuente de crecimiento económico, tanto como la generación de empleos ha sido la mejor vía para superar la pobreza de manera sustentable. Lo que tenemos que promover es un mayor crecimiento incluyente: reducir los costos regulatorios; incorporar a las pequeñas y medianas empresas a las cadenas globales de valor; fomentar el desarrollo de infraestructura en todas las regiones del país; impulsar que las pequeñas empresas puedan crecer y no se vayan a la economía informal; impulsar también las zonas económicas especiales; mejorar la educación para el trabajo generando las competencias y habilidades laborales adecuadas para los retos de este tiempo; y fortalecer el mercado interno en todos los sectores de la economía.

México necesita tener más inversión, invertir más desde adentro y atraer inversión extranjera; aumentar nuestra productividad y el ingreso de los trabajadores consecuentemente, porque sólo así podemos elevar el bienestar de las familias mexicanas. No es una varita mágica; es un trabajo cotidiano en el cual nos tenemos que emplear todos haciendo lo que nos corresponde; Ese es un objetivo económico y social que debe ser respetado y respaldado por nuestras instituciones. Por eso, coincidimos con el nuevo gobierno en la urgencia de combatir la corrupción y establecer un verdadero Estado de derecho en el país. Necesitamos garantizar la certidumbre jurídica y terminar con la inseguridad para que exista un ambiente de negocios más adecuado para atraer inversiones y generar empleos.

Hay zonas de nuestro país en que no se invierte lo suficiente, porque no se está con la seguridad de que no va a ser expropiado o invadido.

México puede ser una economía líder en el mundo. Pero necesitamos ver hacia delante, adaptarnos y adecuarnos a las necesidades y desafíos del siglo XXI. Y sólo construyendo sobre lo que hemos logrado y transformando lo que nos hace falta, podemos forjar el país próspero y equitativo que anhelamos todos.