DISCURSO DEL LIC. CARLOS SALAZAR LOMELIN, AL RENDIR PROTESTA COMO PRESIDENTE DEL CONSEJO COORDINADOR EMPRESARIAL.

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Señor Presidente:

Aprecio y agradezco enormemente su presencia en este acto.  Manifiesta con ello el gran interés que tiene por atender a todos los sectores de la sociedad mexicana y el papel tan relevante que otorga a los empresarios en su proyecto de transformación del país.

Quiero agradecer también, y dar la más cordial bienvenida a todas las autoridades que hoy nos acompañan.  Saludo a los Presidentes de la Cámara de Senadores, a gobernadores, legisladores federales, a los integrantes del Gabinete Legal y Ampliado.  A los dirigentes de partidos políticos, de organizaciones sindicales, Embajadores y representantes diplomáticos.  A los rectores de universidades e instituciones de educación superior, a los líderes de las organizaciones de la sociedad civil, a los directivos de los medios de comunicación.

De manera muy particular, quisiera agradecer a mi amigo Juan Pablo Castañón por su tenacidad, esfuerzo, dedicación y sobre todo por los logros alcanzados durante los tres años en los que encabezó el Consejo Coordinador Empresarial.  Hoy recibo un Consejo unido, integrado, con propósito y con rumbo.  Lo aprecio enormemente y asumo, como máxima responsabilidad, promover la actividad empresarial en todo México.

A mis compañeros empresarios, agremiados en las distintas organizaciones y confederaciones que integran al CCE, les agradezco y aprecio su confianza.  A los señores ex Presidentes del Consejo, mi deseo de aprender de la experiencia de cada uno de ustedes para consolidar el legado de nuestra institución.

Hoy nos reunimos empresarios de todas las actividades productivas: industriales, comerciantes, prestadores de servicios, promotores del turismo, banqueros, aseguradores, intermediarios financieros, productores agropecuarios, agroindustriales, exportadores y directivos de compañías extranjeras.

Aquí se encuentran representados empresarios pequeños, dueños de talleres, misceláneas, abarrotes, y también las empresas medianas y las grandes de México.  Están los que atienden al mercado doméstico y al exterior, compañías nacionales y extranjeras cotizadas en las bolsas de México y en Wall Street.

Entre todos, representamos a un millón 300 mil empresas que hacen posible la existencia de más casi 18 millones de empleos formales y la generación del 80% del Producto Interno Bruto privado de nuestro querido México.

Quienes aquí estamos, señor Presidente, vivimos convencidos que ser empresario es la mejor actividad del mundo.  El empresario es un idealista: tiene un sueño, imagina sus negocios, piensa en el futuro y dedica todo su esfuerzo, tiempo, recursos, habilidades y talentos para hacerlo realidad.  El taller más pequeño busca convertirse en una gran fábrica; la tienda más modesta en ser un supermercado; el agricultor conquistar a consumidores en otros países.  Todos ellos dedicar horas, días y años de trabajo e innovación para lograr estos anhelos.

Como toda persona, el emprendedor quiere sostener a su familia, mejorar su calidad de vida y ofrecer a sus hijos más oportunidades.  Pero su trabajo  trasciende más allá del ámbito familiar porque genera empleos, paga salarios e impuestos, contrata proveedores. Es decir, participa en el bienestar de las comunidades y contribuye a darle sentido a nuestra vida como colectividad.  Produce un círculo virtuoso en el que las utilidades se convierten en ahorro y ese ahorro se utiliza nuevamente para invertir en más bienes y servicios que harán crecer a la empresa y emplear a más personas. 

Independientemente de ideologías o épocas, los países prosperan cuando este círculo de ahorro e inversión se crea, se fomenta y, sobre todo, se vuelve eficiente.   Por ello estoy convencido que una empresa tiene sentido cuando al producir el valor económico también genera valor social.  Empresa sin sociedad es una injusticia.  Sociedad sin empresa es una quimera.

El empresario no actúa, desde luego, en una burbuja.  La prosperidad compartida se nutre también de las decisiones de quienes conducen los asuntos de Estado.  Al igual que el empresario, el político nace también como un idealista.  Imagina los grandes cambios sociales que promoverá si alcanza una posición de liderazgo. Piensa en todo lo que se transformará, vislumbra un gran proyecto de Nación.  Aquí, empresarios y políticos tenemos, al final del día, un compromiso común: el bienestar de la población y el progreso de México.

A mi juicio, la tarea más importante de un estadista es la construcción y mantenimiento de los más frágiles equilibrios.  Empezando por poner en una balanza los legítimos intereses de las personas con los de la comunidad. 

A través de la política, de ese difícil “arte de lo posible”, el estadista debe lograr que haya un equilibrio entre economía y sociedad.  Equilibrio para que en la economía prevalezca un sentido social y para que las demandas sociales no desborden las posibilidades de la economía.  Equilibrio para que las aspiraciones de justicia social sean compatibles con la satisfacción fundada que obtiene toda persona al recoger el fruto de su trabajo, esfuerzo y talentos.

Por si misma, la política no produce bienestar.  Pero cuando hay un quehacer político con visión, con objetivos claros, con mejoras para todos, y sobre todo cuando se cumple con esta difícil tarea de equilibrio de los distintos intereses sociales, la política contribuye decisivamente a ese bienestar. 

La clave para el equilibrio en cualquier país es la preeminencia  del Estado de Derecho.  Como usted lo ha señalado, señor Presidente, “sobre la ley nada, con la ley todo”.   Es imperativo que todos y cada uno de nosotros cumpla con el marco legal.  Ya basta de excusas para no ser derechos.   Ni la ignorancia ni la pobreza deben ser paliativos de la legalidad. Mucho menos la ostentación de poder económico, influencias, compadrazgos o la pertenencia a organizaciones que pretenden que las leyes se apliquen a la medida.

En julio pasado, la mayoría de los ciudadanos votó por transformar al país.   Usted y su gobierno encaran anhelos, expectativas y sobre todo la esperanza de millones de mexicanos, motivados por los principios y los valores que se nutren de las etapas más relevantes de nuestra historia: la pasión, la tenacidad y la sabiduría que demostró Juárez para defender al país frente a la Intervención y para reformar a la República.  El idealismo y la perseverancia que tuvo Madero para alcanzar un país justo y democrático.  La disciplina, estoicismo y sensibilidad de Cárdenas, para unir a los mexicanos y transitar en tiempos difíciles para la nación y para el mundo.  Estos principios y valores, llevados a la práctica en el siglo XXI, seguramente conducirán a un mejor estadio de progreso, a una convivencia armónica en un tejido social cada día más complejo. A que este bendito país sea un lugar de realidades y no de potencialidades, a que el cuerno de la abundancia deje de ser más cuerno que abundancia.

A lo largo de la historia, los empresarios hemos sabido trabajar de manera respetuosa y comprometida con líderes que representan la legalidad, la legitimidad y las instituciones de la República.  Sabemos bien que cuando actuamos unidos, resistimos al más, pero más poderoso de sus tiempos y que lo pudimos  vencer.  En contraste, la desunión, el egoísmo y la falta de patriotismo ha tenido consecuencias nefastas.  Hemos perdido así la mitad de nuestro territorio.

Las enseñanzas históricas adquieren un sentido de trascendencia si partimos de ellas para cambiar la realidad y avanzar.   Eso queremos en el sector privado: aprender del pasado, transformar el presente y construir un mejor futuro para todos.

Usted, Señor Presidente, ha hecho un diagnóstico real, contundente y a la vez sencillo de nuestra realidad actual.  

Somos un país que crece de manera insuficiente, insatisfactoria e inequitativa.  Con regiones que avanzan y otras con las que tenemos una deuda de siglos.  México  no merece esta situación de pobreza y marginación  

Tenemos una población lamentablemente acostumbrada al cáncer de la corrupción, que todo lo invade y lo corroe; que nos impide avanzar, aumenta los costos de cualquier actividad y provoca comportamientos antisociales.

Hay altísimos niveles de violencia e inseguridad que nos mantienen en una agitación constante, que limitan todas nuestras labores y disminuyen nuestra capacidad productiva.

Son males que han provocado clientelismos, anarquías, desobediencias, amiguísimos y privilegios en todos los segmentos sociales.  La ley, que como ya dije, debería ser guía y equilibrio para dirimir y solucionar los problemas sociales, y se ha aplicado discrecionalmente: en beneficio de unos y en perjuicio de otros.   

Desterrar estas nocivas prácticas es una tarea difícil para un gobernante.  Pero hay que recordar que allá afuera hay una mayoría de mexicanos que esta tarde, mientras estamos aquí, cumplen con sus responsabilidades: educan y cuidan a sus hijos, atienden a sus padres, ayudan a sus vecinos, trabajan profesionalmente, estudian con ahínco, construyen lazos de solidaridad.  Millones de mexicanos que se esfuerzan por ser mejores seres humanos.  Por eso, en esta difícil tarea de transformar a México, usted y sus colaboradores no están solos.

Aquí estamos, para empezar, los empresarios.  Antes que nada, estamos como mexicanos y me interesa decirle, Señor Presidente, que en esta misión no buscamos ningún privilegio.  Queremos acompañarlo, y quizá sea un pecado de soberbia, pero estamos preparados y capacitados para ayudar, en más de lo que usted se imagina. Lo primero que tenemos que lograr es ganarnos su confianza, partiendo de la premisa de que es un atributo de dos vías: hay que ofrecerla para merecerla y sabemos que, para merecerla, primero hay que ofrecerla. La confianza es fundamental para la colaboración y aunque por sí misma no resuelve los problemas, por lo menos nos acerca a su solución.

Si ustedes me lo permiten, quisiera compartirles algunas acciones concretas que me propongo impulsar al frente del CCE; con el apoyo y guía de todas las organizaciones que lo integran

Primero, activar la participación de los pequeños empresarios como gran motor del desarrollo económico.   Es necesario que tengan voz dentro de nuestras organizaciones, pero sobre todo que cuenten con capacitación, apertura de mercados, aceptación de sus productos, y de manera muy importante, ¡Que se les pague a tiempo!  Un micro o pequeño empresario no puede invertir su capital de trabajo en cuentas por cobrar.  Ayudaremos más logrando que el mercado financie a su favor y no buscando subsidios que nos han mostrado una gran pobreza de resultados.

Segundo,  tenemos que integrar mejor nuestras cadenas productivas.  Así abriremos múltiples oportunidades de inversión, más empleos, mayores ingresos y una mejor recaudación fiscal.  Pondríamos a trabajar al círculo virtuoso de la creación de riqueza en nuestro país.   Es una labor para emprendedores, universidades y sobre todo para el sistema financiero público y privado, porque en México, hay más recursos financieros que proyectos.

Y por último, y quizás lo más importante, el sector privado deber ser una fuente de propuestas para mejorar nuestra actividad productiva y para alcanzar el equilibrio entre economía y sociedad. 

Queremos hacer planteamientos que vayan desde las formas para mejorar la recaudación de impuestos hasta como combatir la informalidad y por consecuencia la falta de productividad.   Propuestas para una participación eficaz, y con reglas claras, de la iniciativa privada en áreas estratégicas del desarrollo nacional y en los proyectos de infraestructura a los que usted ha convocado, en temas como energía, agua, puertos y carreteras.

Tenemos planteamientos para que, en la adopción de nuevas leyes, se preserven relaciones laborales armónicas y prevalezca el diálogo entre los factores de la producción.  Su rompimiento no beneficiaría ni a los trabajadores, ni a las empresas ni a la sociedad.  Sería una situación de perder  para todos.

En el ámbito internacional impulsaremos la ratificación, a la brevedad, del T-MEC con  Estados Unidos y Canadá.

Vamos a proponer más que a reaccionar. Nuestro trabajo será solo proponer, nunca decidir. Los empresarios no debemos hacer política.  Pero si estamos obligados, como miembros que somos de la sociedad, a interesarnos en lo público.  Todo aquello que incida en una mejor convivencia social debe ser materia de nuestro interés y confiamos en que usted, señor Presidente, sus colaboradores y el Poder Legislativos nos vean como un sector comprometido con México. 

Emprenderemos esta actitud propositiva con estricto apego a la ética, con reglas simples, sencillas y entendibles para todos, y a partir de cinco principios.  Los empresarios organizados del país, nos comprometemos a:

  1. Ofrecer, de manera fidedigna y sin engaños, bienes y servicios de calidad a los mejores precios. 
  2. A cumplir con la ley, pagar impuestos y contribuciones sociales.
  3. A tratar a los trabajadores con respeto y dignidad, con salarios justos y de acuerdo con su productividad.
  4. A aceptar e incluir en nuestras empresas a todas las personas, sin distinción de género, orientación sexual, raza, origen, credo, preparación y discapacidad.
  5. Los empresarios estamos comprometidos con nuestra comunidad, tanto en el desarrollo económico como en el ambiental, ¡empezando con el cuidado de nuestras propias banquetas!

Aprovechando su presencia, Señor Presidente, le queremos proponer dos cosas de arranque.  La primera es que, convocando al país en su conjunto, eliminemos la pobreza extrema en un plazo de seis años.  ¡Hagamos historia!   Nosotros le ayudamos, podemos movilizar a los sectores más organizados de la sociedad.  Un buen ejemplo de colaboración es el “Programa Jóvenes Construyendo el Futuro”, en el que se tienen identificadas casi 80 mil empresas que darán cabida a miles de jóvenes para su entrenamiento y preparación para una vida productiva.

Segundo, Señor Presidente, hagamos de la inversión una obsesión.  Para que el país crezca al 4 por ciento, se necesita una inversión de entre el 25 y el 27% del Producto Interno Bruto.  En los últimos años la inversión pública se ha reducido y la privada, aunque ha crecido, no alcanza a compensar la reducción de la pública, de tal forma que no llegamos a los niveles necesarios.

México cree en usted, señor Presidente.  Estoy seguro que el entusiasmo que se ha generado al abordar retos tan complejos como el robo de combustibles, será poco comparado con la pasión que puede despertar el combate a la pobreza y la promoción de la inversión.

Los mexicanos queremos una vida en paz, de trabajo, de esfuerzo, en plena libertad.  En la que cada joven pueda y tenga acceso a las oportunidades, la movilidad social sea una realidad y un incentivo para todos aquellos que sueñan con progresar.  Aspiramos a tener comunidades fraternales con el que menos  tiene.  ¡Queremos un México en el que todos pongamos, y en el que todos ganemos!

Esto se logrará únicamente si permanecemos unidos y si todos y cada uno de nosotros respetamos la legalidad y el Estado de Derecho.  Trabajemos juntos, al lado de un liderazgo honesto, comprometido – y déjeme decirlo, ¡sin halagos… Patriótico!-  con el que podemos alcanzar los niveles que nuestro país merece y para lo que está predestinado.

¡Cuente con el sector empresarial organizado! Cada uno de nosotros quiere a este país, vive y convive en esta tierra y comparte este cielo.  Nos enorgullecen nuestra cultura, historia y tradiciones.  Convencidos de que nos merecemos un mejor porvenir, ¡Estamos listos y dispuestos a trabajar por él!

Queremos que cuando un mexicano grite “Viva México”, no lo haga solo por euforia y alegría, sino sabiendo que México VIVE! en cada uno de nosotros.  Que todos buscamos que ese sentimiento se refleje en un México latiendo,  activo,  lleno de energía, en el que podamos vivir en paz y armonía.

Que viva México en cada uno de nosotros y que esa VIDA nos empuje a hacer de esta tierra el mejor lugar para vivir.

Gracias a todos y cada uno de ustedes, su presencia me motiva y me entusiasma.   ¡Que Viva México!