DÍA INTERNACIONAL DEL TRABAJO

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MENSAJE JUAN PABLO CASTAÑÓN CASTAÑÓN, PRESIDENTE DEL CCE

 

Agradezco la gran oportunidad de expresar, a nombre del sector empresarial mexicano, un reconocimiento y agradecimiento profundo a todas las mujeres y hombres que, con su talento y esfuerzo diario, son la fuerza motriz y el activo más trascendente de las empresas y de las instituciones públicas y sociales de este país.

Mi reconocimiento también para los dirigentes obreros de las distintas organizaciones aquí presentes, y para el Secretario del Trabajo, porque siempre están en el diálogo tripartita, la construcción positiva, y la búsqueda de soluciones superadoras para las diferencias.

Nos congratulamos porque llegamos a otro Día del Trabajo en un contexto de estabilidad y entendimiento entre los factores de la producción. Bajo los signos que han marcado, para bien, las relaciones laborales en México de las últimas décadas: la conciliación, el principio tripartita que reúne a trabajadores, empresas y gobierno en el diálogo social para la negociación, la construcción de acuerdos y el desarrollo del país.

Valoramos la dinámica de cooperación y confianza que prevalece entre trabajadores y empresarios, tanto a nivel de centros de trabajo, como institucional, entre nuestros respectivos órganos de representación. Sin duda, es un sólido pilar para seguir construyendo la cohesión social y la competitividad económica de nuestro país.

Hace ya más de 20 años, con la Nueva Cultura Laboral, fortalecimos estos principios de diálogo social y tripartismo, haciendo hincapié en la productividad y, sobre todo, superando el enfoque del conflicto para orientarnos por el interés común y una visión compartida, un proyecto de Nación.

A todos nos ocupa el desarrollo y la sustentabilidad de las fuentes de trabajo; el crecimiento de las empresas, que trae aparejado el crecimiento de sus trabajadores en términos profesionales y personales.

En ese espíritu se construyó la reforma laboral del 2012, que ha dado un impulso importante a la formalización, actualización, flexibilidad y profesionalización en el mercado de trabajo.

La convergencia de visión, a partir del diálogo, fue, y es, un sostén de la transición económica que ha experimenta México.

En materia económica, hemos pasado de un modelo cerrado, altamente dependiente de materias primas, a ser una potencia exportadora, así como referente en varios rubros de alto valor agregado.

La participación de nuestras exportaciones hoy se acerca al 65% de la producción nacional total; en 20 años, crecieron más de 650 por ciento, y hoy en día las exportaciones manufactureras superan a las del conjunto de los países de América Latina.

Somos una de las economías con mayor nivel de integración y de más potencial respecto a los flujos de comercio y las cadenas productivas globales.

Sólo a manera de ejemplo: hace 20 años, el papel de México en la industria aeronáutica era insignificante; hoy México es el sexto proveedor de Estados Unidos en este rubro, por delante incluso de potencias como Israel o Brasil.

Somos el exportador número uno de productos como pantallas planas y refrigeradores y nos encaminamos a posicionarnos como la sexta potencia mundial en cuanto a producción automotriz.

Y, tal como acaba de darse a conocer, en el primer trimestre de este año, el valor de las exportaciones del sector agroindustrial del país fue mayor al de las petroleras.

Hemos podido recorrer este camino de reconversión productiva y económica en un corto tiempo, y manteniendo la cohesión interna, gracias al talento y a la gran capacidad de los trabajadores mexicanos en las distintas regiones del país – tanto en el campo, como en la industria y el comercio-, y con el soporte de los principios que hemos sostenido en las relaciones laborales.

Por ello, nuestro reconocimiento a todos los trabajadores en este día. México no podría haber alcanzado estos logros sin el esfuerzo cotidiano de cada uno de los trabajadores de México.

El gran reto, por supuesto, es que esta dinámica de crecimiento de la productividad en algunos sectores, con más ingresos y desarrollo para las empresas y sus trabajadores, se replique en toda la economía y en todas las regiones.

Tenemos que extender, a todo el país, el círculo virtuoso de inversión, productividad, competitividad y movilidad social para el progreso de las personas, sustentado en la generación continua de valor agregado.

Es con el mismo espíritu que podemos y debemos afrontar, juntos, los múltiples y enormes desafíos que se nos presentan hoy en día.

Hoy, tenemos la tarea de encontrar soluciones creativas que den sustentabilidad a nuestro sistema de seguridad y previsión social, para extender a más mexicanos el acceso a pensiones y servicios de salud dignos y de calidad.

Sólo trabajando de la mano podremos avanzar con consistencia en el reto de formalización del empleo y el crecimiento de las empresas, en especial de las micro y las pequeñas.

La productividad, que es el principio fundamental para el crecimiento sostenible y de las remuneraciones de los trabajadores y de sus empresas, sólo puede lograrse con el concurso de las tres partes.

Es decir, con el incremento de las capacidades de los trabajadores, junto con la inversión en innovación y desarrollo de la empresa y el establecimiento, por parte del sector público, de las condiciones idóneas para todo ello.

Resulta fundamental además trabajar para resolver la necesidad de desarrollar un mercado de trabajo cada vez más eficiente, donde se vinculen coherentemente la oferta y la demanda.

Lo mismo aplica en la imperiosa necesidad de dar cauce a una dinámica  acelerada y perdurable de aumento de los ingresos reales de los trabajadores y sus familias, sin efectos colaterales negativos o, peor aún, contraproducentes en el plano macroeconómico.

En este frente, estamos confiados en que encontraremos las vías adecuadas, precisamente porque las estamos buscando juntos, con responsabilidad compartida.

Finalmente, pero no menos importante: sólo en equipo podremos avanzar, con confianza y contundencia, por las rutas que marca el Siglo XXI como imperativos para el desarrollo de las empresas, los trabajadores y las sociedades.

El mundo actual nos exige – tanto a empresarios como a trabajadores- incorporar la innovación y el desarrollo científico y tecnológico; adaptarnos a la economía del conocimiento; desarrollar resiliencia y capacidad no sólo para adaptarse al cambio constante, sino para ser impulsores de las transformaciones sostenibles.

La nueva economía globalizada nos obliga a ser más ágiles y proactivos, a generar más valor para poder competir en los mercados globales; nos enfrenta también a la necesidad de modernizar nuestras relaciones laborales, nuestros esquemas de capacitación y la forma en que generamos y transmitimos el conocimiento dentro de nuestras organizaciones.

La formación continua y capacitación del capital humano es, sin duda, la base para alcanzar la competitividad y el crecimiento de largo plazo, con capacidad profunda de generar inclusión social, combatir la desigualdad y promover la movilidad social.

Las competencias transforman vidas e impulsan economías: sólo mediante la capacitación continua de los trabajadores puede el progreso tecnológico traducirse en crecimiento económico, y a la vez en mejores condiciones de vida para las personas.

Uno de los esfuerzos más importantes que estamos haciendo en este sentido es el Modelo Mexicano de Formación Dual, por su potencial de convertirse en un cambio de paradigma para la formación de los jóvenes. El modelo combina la enseñanza en universidades y escuelas de educación técnica, con la experiencia práctica en las empresas.

Pero tenemos ante nosotros la gran oportunidad de adaptar este mecanismo para conformar un sistema de formación dual para trabajadores en activo. Un modelo en el que vinculemos la academia y la empresa, no sólo para quienes inician, sino para quienes ya están aportando su trabajo, talento y experiencia.

Establezcamos una iniciativa conjunta trabajadores y empresarios, con el apoyo del gobierno, para avanzar en soluciones creativas para el imperativo de la capacitación en el contexto global.

En este marco, debemos reconocer que nuestras instituciones laborales también están sujetas a esta necesidad de modernización que nos impone el nuevo contexto.

Hay un importante camino por recorrer para alcanzar un sistema de justicia laboral más ágil y expedito, moderno y acorde a nuestros nuevos tiempos, bajo los principios de legalidad, imparcialidad, transparencia, eficacia y certidumbre jurídica, en beneficio de todos los mexicanos.

Esta modernización es fundamental para fortalecer, y dar más y mejor impulso al desarrollo económico y social del país.

Lo haremos, como en todos estos desafíos, conforme al mismo esquema tripartita de diálogo social y construcción de acuerdos, buscando la inclusión de las propuestas e inquietudes de todas las partes.

Estimados amigos, trabajadores de México:

El sector empresarial está listo para construir, con ustedes, el México del Siglo XXI que queremos para todas las familias y las nuevas generaciones.

El interés compartido es muy claro. Más y mejores empleos, en los que todos los trabajadores encuentren espacios para su desarrollo y realización profesional y personal.

Ingresos, prestaciones, tiempo y condiciones para dar a sus familias una calidad de vida digna y cada vez mejor. Multiplicación y crecimiento de empresas que puedan sostener todo esto.

Que nos mueva esta visión común, con un principio muy claro: poner a las personas en el centro de la actividad productiva, como su razón de ser trascendente y su mayor fuente de potencial.

Señor Presidente, estimados amigos

Este es nuestro compromiso. El compromiso del empresariado mexicano con los trabajadores y con toda la Nación. Muchas gracias.