Centenario de la Constitución Mexicana

  

Lunes, 03 de febrero de 2017

La sociedad no puede permanecer estática. Podemos avanzar o retroceder, pero no podemos estar inmóviles. El centenario de la Constitución mexicana es un momento oportuno para recordar que –desde hace un siglo– decidimos gravitar sobre el porvenir y no sobre el pasado. Hoy, debemos conmemorar que sabemos apostar por el futuro.

La Constitución abrió un camino hacia el desarrollo, del que aún tenemos un gran tramo por recorrer. Y para lograrlo debemos recordar que no es la memoria sino la imaginación la que nos lleva adelante. Ante los retos debemos responder con nuestra creatividad y talento.

En el sector empresarial estamos convencidos de que este momento exige una gran definición de los mexicanos para seguir avanzando. Las últimas décadas han estado marcadas por una situación internacional de mayor competencia y cambio tecnológico. Frente a estas circunstancias necesitamos nuevas formas de impulsar el trabajo, los negocios, la industria y el campo.

Tenemos que tener claros tres principios fundamentales:

Primero. México no puede dar ni un paso atrás. Tenemos que defender con firmeza el terreno ganado en los mercados internacionales. No vamos a cerrarnos al mundo: el proteccionismo se llama aislacionismo. Las empresas mexicanas defenderemos el intercambio comercial en todas las instancias nacionales e internacionales necesarias.

Tenemos la voluntad de sostener nuestros vínculos comerciales porque es un beneficio mutuo. El mercado mexicano es el onceavo más competitivo del mundo, de acuerdo con el Foro Económico Mundial.

Segundo. Nuestro país debe seguir abierto al mundo. La relación comercial con Estados Unidos no es ni debe ser nuestra única alternativa. Tenemos que diversificar los mercados. Países de Europa, Asia y en el mismo Continente Americano están buscando acercamientos para incrementar sus inversiones en México y aumentar su demanda por los productos hechos en México.

México tiene importantes ventajas para la inversión por nuestro capital humano, por los mexicanos. Actualmente, la población en edad de trabajar representa 64% del total y cada vez está mejor capacitado. De acuerdo con la UNESCO y en términos per cápita, en México se gradúan 26% más estudiantes de ingeniería, manufactura y construcción que en Estados Unidos.

Tercero. Nuestras ventajas frente al exterior son sólo una parte de nuestras fortalezas. La mayor fuerza y potencial están en nuestro mercado interno: en lo que nos compramos y vendemos entre nosotros los mexicanos, lo que hacemos aquí en México. Por eso, empresas y gobierno nos estamos sumando a una cruzada para fortalecer a las PYMES y promover mejores condiciones para su desarrollo.

Para lograrlo, ya hemos dado los primeros pasos, relanzamos la marca Hecho en México que promueve el consumo de nuestros productos, entre nosotros, y sobre todo, destaca nuestro orgullo en la calidad. Y los mexicanos sabemos competir y ganar en el mundo, con calidad.

Hacia adelante, a los empresarios nos toca seguir agregando valor y al gobierno le corresponde facilitar la operación de las empresas.

En 1917, México eligió construir un Estado que respete las libertades del individuo, pero que al mismo tiempo  garantice sus derechos. Ahora más que nunca necesitamos que los tres órdenes de gobierno y los tres poderes de la Unión trabajen para cumplir su responsabilidad de garantizar el Estado de Derecho y eliminar —de una vez por todas—, las prácticas de ineficiencia y corrupción que limitan nuestro crecimiento.

Más que enmiendas, parches o grandes iniciativas, los mexicanos avanzaríamos con el ejercicio de los derechos y el cumplimiento de las obligaciones que establece la Constitución, esta, nuestra Constitución.

A 100 años de haberse promulgado, los anhelos de respeto y sana convivencia entre trabajadores y empresas; la vigencia de las garantías de la propiedad privada; así como el aliento a la creatividad son la mayor fuerza para detonar el despegue que tanto hemos buscado y merece nuestra patria.

Tenemos que trabajar todos juntos, hacerlo unidos. El desarrollo del país tiene que ser un objetivo compartido. Sobre todo, considerando que los derechos sociales que reconoce nuestra Constitución son y seguirán siendo, el pilar de la seguridad económica de los trabajadores y base para la fortaleza de nuestras empresas.

Que no haya lugar a dudas, de la mano de nuestra Constitución, la iniciativa privada y la sociedad mexicana estamos preparados para hacer frente a nuestros propios problemas, a los que enfrentamos en estos tiempos y estas circunstancias, porque  frente a los retos del nuevo contexto internacional, el talento de nuestra gente y la innovación de nuestras empresas serán la clave para encontrar nuevos mercados, agregar mayor valor a nuestros productos y ser todos más competitivos, para la prosperidad de México y de los mexicanos.