Brexit y medidas preventivas

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Juan Pablo Castañón Castañón

Presidente del CCE

@jpcastanon

El resultado del plebiscito en el que los británicos decidieron dejar la Unión Europea tomó por sorpresa al mundo. Un alto porcentaje de los actores de los mercados financieros y de los analistas expertos en el Reino Unido daban por descontado que, a fin de cuentas, la mayoría de los ciudadanos acabaría por decidirse por evitar un salto a lo desconocido.

Aunque hoy impere la perplejidad, visto el proceso en retrospectiva, había tendencias y circunstancias que hacían viable que se diera ese salto: desde la tradición de insularidad de la Gran Bretaña, que incluye su opción de mantenerse al margen de la zona Euro, hasta la creciente inquietud en ese país, y en muchos otros de Europa, frente a fenómenos sumamente complejos en los ámbitos de la economía, la política y la sociedad.

Hacia delante, lo que se vislumbra es, en efecto, el andar por terrenos inexplorados, con todos los riesgos inherentes a ello. Para países como México, es indispensable afrontar esto con prudencia, pero también con un enfoque de resiliencia. No podemos confiarnos. No hay manual a seguir, y eso generará, inevitablemente, altibajos en la incertidumbre.

Apenas empezamos a calibrar la magnitud e implicaciones del suceso, acontecimiento histórico. Se trata de un quiebre frente a una historia de más de más de cinco décadas, tendiente la integración por sobre la disgregación que antes había dominado en la escena europea. Hace 43 años el Reino Unido se había sumado a la Comunidad Económica Europea.

Hoy se abre un cúmulo enorme de interrogantes, tanto en el corto, como en el mediano y en el largo plazos.

Por lo pronto, se debate sobre los términos de la salida. Sobra decir lo delicado de las decisiones a tomar. Ya se ha dejado saber, en especial por parte de Alemania, que no puede pensarse en mantener los privilegios, pero no las responsabilidades de la Unión. Es claro que se buscará blindar a ésta de un proceso de desintegración.

Una gran preocupación es que haya un movimiento pendular hacia los nacionalismos, en lo cual no es absurdo pensar, pues existen precedentes, como los movimientos autonomistas en Cataluña, el noreste de Italia y Escocia, donde ya se anticipa un nuevo proceso de referéndum.

No sólo en Gran Bretaña había un debate creciente sobre las ventajas y desventajas de pertenecer a la Unión Europea. Lo mismo se da en Italia que en España, e incluso en Francia y Alemania. Tendencias similares se observan en Estados Unidos, con el movimiento de Donald Trump, que rechaza el TLCAN.

Lo que es claro es que hay muchas y complejas disyuntivas. Es un momento de reflexión, y en nuestra visión, de valorar lo importante que es seguir impulsando la integración, el acercamiento entre las naciones. Privilegiar la complementariedad y la sinergia, por encima de la división, en favor del progreso económico y la paz. México debe defender ese camino, en el que nos hemos implicado a fondo, como uno de los países con más tratados de libre comercio del mundo.

Vivimos una coyuntura en la que las decisiones que se tomen, tendrán enormes implicaciones para el futuro. En este proceso, México no puede, ni debe, abstraerse. Necesitamos actuar con visión y con un enfoque proactivo. No conviene menospreciar la relevancia del acontecer internacional, más allá de nuestros retos internos.

La respuesta rápida que dio el Gobierno de México, con la participación de las autoridades monetarias, fiscales y de comercio internacional -a través de la Secretaría de Economía- fue pertinente y oportuna. Desde el recorte por 31 mil 500 millones de pesos, que ayudará en el déficit público y la cuenta corriente, hasta la previsión en cuanto a la eventual renegociación de los términos de intercambio con el Reino Unido. El Banco de México anunció en ese momento, que estaría dando seguimiento a los mercados y que, con la prudencia necesaria, tomaría las decisiones pertinentes. Así, el día de ayer decidió incrementar en 50 puntos base la tasa de interés. Es evidente que con esta medida se complementa la reducción del gasto anunciado, y se debería reducir la volatilidad a la que se ha visto expuesta nuestra moneda.

Habrá otros elementos que puedan provocar episodios recurrentes de volatilidad: serán parte del escenario, no sólo en las próximas semanas, sino por varios meses. La responsabilidad fiscal y monetaria es la clave para dar estabilidad a nuestro país y así preservar el poder adquisitivo de las familias.

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