Balance 2015 y propósitos 2016

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Termina un año en el que los mexicanos dimos pasos importantes en la ruta del progreso.

En medio de la volatilidad que ha caracterizado a la economía a nivel internacional, la nuestra se ha mantenido firme, con crecimiento y en el camino correcto. Por supuesto, no hemos llegado al nivel que necesitamos, pero no enfrentamos los escenarios de insolvencia y recesión que tienen varios países emergentes y de nuestra región.

Se mantiene la estabilidad macroeconómica, como punto fuerte de un país que aprendió la lección de pasadas crisis. Llegan inversiones y se planean o inician miles de proyectos empresariales nacionales y de capital extranjero. Las reformas estructurales aprobadas en los últimos años contribuyen a generar una perspectiva renovada de mediano y largo plazos para nuestro país.

En el espectro político y en la parte social, vemos oportunidades que se abren en el desarrollo de la democracia a través de la participación ciudadana, con una sociedad civil en crecimiento, cada vez más atenta, exigente y organizada. Nuestra arquitectura institucional para la gobernabilidad democrática sigue desarrollándose.

Sin embargo, 2015 no estuvo exento de sucesos que nos recuerdan lo lejos que estamos de superar inercias y problemas que nos frenan y atrasan como nación.

Hechos de violencia, abusos y corrupción, al igual que la impunidad que los acompaña, siguen enturbiando las relaciones entre los ciudadanos y entre éstos y sus propios gobiernos; con ello, erosionando la confianza, que es la materia prima de toda sociedad y nación desarrollada.

Los actos de violencia extrema que se presentan recurrentemente, las familias obligadas a migrar por el clima de inseguridad en algunas regiones, la polarización social que generan las secuelas de tragedias y delitos de alto impacto, son elocuentes en cuanto al gran pendiente nacional: la consolidación de un Estado de derecho sólido, firme, y con instituciones de la misma manera.

De manera similar, la pobreza y la desigualdad siguen siendo los grandes retos nacionales, a pesar de los esfuerzos y programas que se han seguido durante décadas.

Detrás de las estadísticas delictivas o sobre pobreza, hay personas de carne y hueso, hay familias que están esperando seguridad, justicia, amparo, oportunidades. No podemos caer en la trampa de ver todo esto como algo con lo cual hay que acostumbrarse. Deben ser motivo para unirnos y movilizarnos, con verdadero sentido de urgencia.

El balance del 2015 marca el panorama de los desafíos de este año que está por comenzar.

Un año sin duda de retos: la incertidumbre persistente en la economía internacional; la politización de nuestra agenda nacional, con 13 elecciones para gobernador, alcaldías y congresos locales correspondientes; el futurismo político; conflictos sociales que persisten, y las tareas de instrumentación de las reformas, con todos los obstáculos y resistencias que aún tenemos por superar.

Todo cambio de año es momento ideal para la reflexión y, a partir de ésta, para hacer propósitos.

En 2016 el CCE cumplirá 40 años, con unión y voluntad para seguir impulsando un modelo de país en el que todos podamos  progresar, mediante el trabajo, empresa por empresa, comunidad por comunidad, sociedad y gobierno.

Con ese trasfondo, queremos hacer, con México, el compromiso de una implementación eficiente de las reformas estructurales, como se ha venido haciendo, pero también, cada vez más, de forma incluyente.

Las reformas son exitosas cuando operan como medios para el progreso de las personas, más que como fines en sí mismas. Tenemos que hacerlas con y por la gente que más las necesita.

Para el 2016, nos hacemos el propósito de armar un paquete completo de políticas y sinergias público-privadas que puedan dar un gran empuje a la pequeña y mediana empresa, junto con cambios regulatorios y fiscales que faciliten su formalización y profesionalización, con recursos disponibles para su crecimiento. Esto generara empleos y oportunidades para más personas.

El mercado interno muestra signos de mejoría, pero es preciso darle un impulso contundente, a través de cadenas de valor y detonando las variables competitivas región por región. Ahí es donde van a generarse las oportunidades para la movilidad social que están buscando las familias mexicanas.

En la vertiente política y social, en junio se vence el plazo para la implementación completa de la reforma del sistema penal del pasado 2009, fundamental en la prioridad de fortalecer las instituciones del Estado mexicano y de la legalidad.

Fijemos el propósito de iniciar un verdadero esfuerzo nacional por la legalidad y la lucha contra la corrupción, la opacidad, los abusos y la impunidad. Junto con el nuevo sistema de justicia, este año tiene que quedar listo el andamiaje institucional de transparencia, rendición de cuentas y combate a la corrupción; desde los estados, a los municipios, y a la federación, de acuerdo con los plazos establecidos en la Constitución.

Hagamos el compromiso, ciudadanos y políticos, de no permitir que la efervescencia electoral, las aspiraciones personales y la competencia partidista contaminen las tareas trascendentes e inaplazables en torno a los grandes retos nacionales que todos tenemos. El voto a su tiempo; concentrémonos, todos, en lo que nos corresponde hacer hoy para superar los desafíos de México.

Un propósito fundamental debe ser defender, promover y vivir los principios y valores básicos, como baluartes ante la incertidumbre o la demagogia. Democracia, libertades políticas y económicas, solidaridad y subsidiariedad; la persona, el ciudadano en el centro de la actividad política y empresarial.

México también necesita poner a la ética como eje rector de la vida pública. Una revolución ética, desde la sociedad, pero en todos los ámbitos de convivencia. Que 2016 sea el inicio del cambio más trascendente y transformador que podemos hacer.

Los mejores deseos para todos.