Acelerar el paso de la inversión en Infraestructura

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Hoy en México se están concretando inversiones de gran envergadura, producto en buena parte de mejorías en las condiciones de negocios, grandes proyectos nacionales y de las expectativas generadas por las reformas estructurales que se han iniciado en los últimos años.

Así lo confirman las inversiones que se están dando en industrias como la automotriz o las que se anunciaron la semana pasada en materia inmobiliaria y las de empresas de telecomunicaciones.

Viene una de las rondas de licitaciones más grandes y atractivas en materia de petróleo, la concerniente a la red compartida en telecomunicaciones, y la CFE acaba de presentar uno de los proyectos más ambiciosos del sector eléctrico nacional en muchos años, el cual podría detonar inversiones por más de 10 mil millones de dólares en una perspectiva de mediano plazo.

La dimensión y la calidad de las inversiones que esperamos se detonen y consoliden en el corto, el mediano y el largo plazos, deben transformar las tendencias de nuestra economía en términos de productividad y crecimiento, y con ello de prosperidad incluyente para todos los mexicanos. Por ello, es de vital importancia que haya una implementación efectiva y oportuna de las reformas y un buen paso en el trabajo que tenemos que hacer para mejorar en aspectos claves como Estado de derecho.

Es fundamental que todos cumplamos con nuestra parte, no sólo para asegurar el avance, sino para acelerarlo.

Aunque se han registrado algunos signos que pudieran ser visos de mejoría para una reactivación del mercado interno más vigorosa, aún son tenues y con un rasgo importante de incertidumbre. Es preciso que generemos mejores condiciones para el crecimiento en lo inmediato, no sólo para el largo plazo.

Para lograr un mayor crecimiento, necesitamos que todos los motores contribuyan a toda su capacidad: sector externo, mercado nacional, inversión pública y privada.

Todavía se presentan varios cuellos de botella importantes, que son áreas de oportunidad claras para dar un mayor empuje a la economía. En particular, es crucial que haya un mayor esfuerzo en la inversión del sector público total, sumando los tres órdenes de gobierno, que sigue rezagada.

Si bien en rubros como el energético se avanza con firmeza en las inversiones, y en especial en Pemex, los rezagos en otras áreas del sector público son muy importantes, y empujan a la baja al conjunto, atenuando su impacto sobre el crecimiento económico.

Los subejercicios en la inversión presupuestal y los retrasos en los pagos a proveedores que más afectan a la economía se ubican a nivel de estados y municipios y, en el orden federal, en la parte de infraestructura de comunicaciones y transportes.

El retraso y la deuda creciente de los estados en las cuentas por cobrar de proveedores podría rebasar los 100 mil millones de pesos, y hay entidades en donde empieza a ser un problema crítico para la operación de contratistas, empresas asociadas y las diferentes cadenas de abastecimiento involucradas.

De acuerdo con los últimos datos publicados, en materia de inversión física federal, si bien organismos como Pemex van al corriente en el ejercicio de lo que le fue autorizado para 2015, el rubro de infraestructura en comunicaciones y transportes, con el segundo presupuesto más grande del sector público, acumula un retraso superior al 30 por ciento. Los rezagos son aún mayores, en términos relativos, en partidas como las destinadas a educación o turismo, si bien con montos menores.

Evidentemente, estos retrasos en el ejercicio presupuestal se han reflejado en la industria de la construcción, reduciendo el paso de su recuperación. Todos sabemos que este sector es clave para el mercado interno y para impulsar el crecimiento.

Es necesario hacer un mayor esfuerzo para que la inversión pública en infraestructura aporte todo el potencial que tiene para reactivar el crecimiento en lo inmediato.

No puede ser que ahora que contamos con uno de los planes nacionales de infraestructura de mayor calado de nuestra historia, y hoy por hoy a nivel mundial, con más de 7.7 billones de pesos presupuestados, estemos registrando niveles bajos en cuanto a inversión pública total como proporción del PIB.

En el primer trimestre del año, este dato, que contrasta la inversión acumulada de los tres órdenes de gobierno con el PIB, fue de 3.7%, el más bajo desde hace años, y frente a un promedio que ha oscilado entre 5 y 6 por ciento.

Las demoras en los pagos a proveedores en los estados y en el ejercicio de presupuestos de infraestructura en áreas como comunicaciones y transportes, ya aprobados y con los recursos disponibles, tienen que ser atendidas con carácter de urgente. Es preciso para acelerar las inversiones privadas.

De la capacidad de resolver estos cuellos de botella depende en gran medida la salud y las perspectivas de corto y mediano plazo de una de las cadenas productivas de mayor impacto para la economía. Es un factor crítico, muy en especial, para la creación y generación de empleos, tema en el cual la construcción es intensiva.

Con las reformas estructurales y motores como el de la inversión en infraestructura, México tiene un amplio campo para crecer y hacerlo de manera sostenida. Para que esto sea haga realidad, es necesario que la implementación, por parte de todos los involucrados, esté a la altura de las condiciones y los proyectos que hemos trazado los mexicanos para el progreso de nuestra nación.

 

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