El panorama político-electoral para 2006 se prevé difícil y cargado de complejidades determinadas por la lucha estéril de las fuerzas políticas del país por alcanzar el poder. Será el saldo de un tiempo de pre-elección caracterizado más por la guerra sucia, el escándalo, la superficialidad y la mentira promovida por los partidos políticos que estimularán más un voto visceral que razonado en propuestas concretas y en un debate ético de altura.
Si bien, actualmente carecemos del fortalecimiento que hubiese supuesto las reformas estructurales, el Gobierno federal se ha encargado de establecer en términos generales, principios y objetivos económicos aceptables que confieren una correcta conducción en materia macroeconómica, lo que permite disminuir futuros riesgos para el proceso electoral de 2006. Y aún contamos con instituciones seguras y confiables como el IFE y el TRIFE (Tribunal Electoral) para dar certeza y confiabilidad a la elección.
Pero, este proceso por suceder al presidente de la República se adelantó desde 2003, se asentó en 2004, y en 2005 se ha posicionado como el elemento directriz del quehacer político nacional. Sin duda, el proceso electoral y su posible resultado esta vinculado con el curso que tomó el proceso de desafuero contra Andrés Manuel López Obrador, aún jefe de Gobierno del Distrito Federal y posible candidato del PRD.
Al tratar el tema de lo que se espera sean las elecciones presidenciales de 2006, sin duda debemos hacer una distinción que es delimitada por los tiempos y las reglas tanto internas como las dictadas por la Ley y el IFE para la selección de los candidatos de las fuerzas políticas nacionales.
Así, las perspectivas para 2006 se determinan por un antes y un después. Es decir, primero surge la encomienda de los institutos políticos para definir quién será su candidato, elegido por sus procesos internos en los tiempos y formas que marcan sus estatutos partidistas; y en segundo término, una vez definidos los contrincantes, el resultado de la elección será determinado por circunstancias tan complejas en el entorno nacional que no dejan prever el resultado exacto de quién será el próximo mandatario del país.
De esta manera, conviene mostrar de acuerdo a las encuesta ciudadana hecha por Consulta-Mitofsky en el mes de mayo de este año, las cifras que muestran las preferencias de militantes y simpatizantes (voto duro) de cada uno de los tres principales partidos políticos, por los pre-candidatos y, en consecuencia, por los que se perfilan como firmes postulantes a la primera magistratura del país