Sin desarrollo incluyente, no hay crecimiento

   


Lunes, 20 de marzo de 2017

La disparidad regional en nuestro país continúa separando a los mexicanos. Mientras que en 2016 registramos avances notables en importantes sectores de la economía, los beneficios no han sido palpables a nivel nacional por las enormes brechas que existen entre el sur y el norte, entre el centro y la periferia. La Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD) reportó un crecimiento del 6.3% en sus ventas, uno de los más grandes en los últimos diez años; el sector  terciario creció en 3.4%; también el sector agropecuario tuvo un comportamiento muy positivo, lo que debería reflejarse en un mayor bienestar para todos los mexicanos.

Sin embargo, hay una enorme diferencia entre regiones y estados a lo largo y ancho del país. El dinamismo del Bajío con su actividad manufacturera altamente especializada contrasta con el rezago del sureste, que prácticamente no ha participado en la industrialización; economías dinámicas y diversificadas como la de Querétaro difieren de economías menos desarrolladas como la de Campeche, donde el aparato productivo depende casi exclusivamente del petróleo, y los últimos tiempos ha tenido una baja considerable. Estos contrastes han abierto brechas en la productividad de los estados y, en consecuencia, causan un círculo vicioso que inhibe el crecimiento donde más se necesita.

Las causas son múltiples: la ausencia de un pleno Estado de derecho; la poca calidad y disponibilidad de infraestructura; el bajo nivel de desarrollo del capital humano; la baja productividad, y la falta de integración de cadenas productivas formales. Por poner algunos ejemplos: mientras en la Ciudad de México la escolaridad media es de más de 11 años, en Chiapas este indicador apenas llega a siete años. Mientras en Coahuila, Estado de México y Nuevo León se registran niveles muy altos de productividad: con más de 88 puntos de 100 de acuerdo al índice de productividad del Centro de Investigación para el Desarrollo (CIDAC); en Chiapas y Oaxaca se tienen niveles, con cero y dos puntos respectivamente de 100 en el mismo indicador:88 en tres estados, 2 o cero en estos dos últimos estados

En el sector empresarial creemos que el crecimiento económico, para que sea sostenible, debe incluir necesariamente a toda la población y a todas las regiones del país. No es posible esperar que nuestra economía crezca a los niveles que necesitamos, si siguen existiendo enormes brechas y desigualdades entre las entidades, donde unos producen mucho y otros prácticamente producen nada. Hoy, debemos pisar el acelerador en estos estados con mayores rezagos. Y esta es una responsabilidad de todos, por supuesto los gobernantes locales, los legisladores locales y la política pública que nos lleve el desarrollo y las facilidades, y el compromiso de los empresarios para formalizar e industrializar estas regiones.

Como parte de Visión México, en el sector privado hemos propuesto medidas para construir un desarrollo mucho más incluyente en el país. Además de la necesidad de fortalecer el Estado de derecho y combatir la corrupción como un reto común en todo el país, estamos convencidos de que hay políticas específicas para las regiones más rezagadas de México.

En primer lugar, es necesario establecer reglas claras, eficientes y que se cumplan. El Estado de derecho y la certidumbre en el cumplimiento de la ley son una condición indispensable para el crecimiento económico. Pero eso no sólo implica combatir la inseguridad y la impunidad, sino mejorar también la regulación del gobierno y cerrar espacios para la corrupción. Hacer de la mejora regulatoria una política de Estado es clave para que la apertura y operación de los negocios sea mucho más ágil, digital y no abierto a momentos de corrupción. De ahí la importancia de que se apruebe pronto una Ley General de Mejora Regulatoria que establezca disciplinas en todos los estados y municipios por igual y que se aplique a nivel subnacional la iniciativa de 2×1; que significa, que por cada nueva reglamentación se eliminen 2 reglamentaciones anteriores; es decir, que debe eliminarse el doble del costo de las que ya existen. Es un cambio importante que tenemos que promover desde los municipios para que pueda existir una cultura de desregulación, de simplificación en todo el país.

En segundo lugar, tenemos que crear nuevos polos de desarrollo. Es indispensable que fomentemos la integración de proveedores y la generación de cadenas productivas regionales que sean competitivas a nivel global. Para lograrlo, necesitamos detonar la inversión pública en infraestructura, así como el acceso al crédito y al financiamiento para el sector privado, particularmente para las PYMES. Las zonas económicas especiales que ya están en marcha son un modelo que apoyamos y observamos desde el sector privado, a fin de contribuir a su mejora continua. Por eso estamos empeñados en impulsar las APPs, y las APPS no solicitadas a raíz del acuerdo por el fortalecimiento de la economía familiar que firmamos el pasado 9 de enero. Es importante esta primera etapa de 22 mil millones de pesos y la segunda etapa con 18 proyectos que el mes que entra saldrá a la luz, con 33 mil millones de pesos, para contribuir a la infraestructura que requiramos para estar conectados, para que la inversión tenga caminos de conectividad, y que esto a su vez signifique mejora para esos estados.

 

Además, tenemos que seguir impulsando la formalización de la economía, que significa que más empresas estén formalmente constituidas, que tengan una personalidad jurídicamente reconocida, porque la informalidad; es decir el no reconocimiento de la personalidad se traduce en bajos salarios, ausencia de seguridad social para los trabajadores, así como baja productividad para las empresas. Por eso hay una correlación tan alta entre informalidad y pobreza.

 

En tercer lugar, tenemos que impulsar la productividad a través de mejoras en el capital humano. Esto implica combatir el rezago educativo y acercar los programas académicos a las necesidades productivas de cada región. Entre mejor capacitados estemos los mexicanos, más podemos aportar a la creación de valor, a la productividad que nos llevará a mejores empleos, y a mayor inclusión social. En este sentido, el CCE celebra que el nuevo modelo educativo contemple medidas para que los jóvenes desarrollen competencias y habilidades adecuadas a las necesidades del sector productivo en este nuevo siglo

Aplaudimos que la educación pase de un proceso de memorizar, a la formación para aprender a aprender. Reconocemos un paso adelante el que los mexicanos sean educados en la reflexión y el análisis más que en la memorización. Hoy el mundo así lo exige, porque el mundo cambia constantemente y tenemos que tener talento que esté dispuesto al cambio constante, a la creatividad disruptiva y a la armonización entre el conocimiento pasado y la visión del futuro. Ahora, el reto será formar a los maestros para que sean capaces de implementar este nuevo modelo; para que se actualicen y puedan preparar a nuestros jóvenes para la competitividad y competencia global en la sociedad del conocimiento.

 

Por último, es fundamental apostar por la incorporación de tecnología e innovación en nuestras empresas y procesos; apoyados por políticas públicas que la fomenten y en trabajo conjunto con la academia. En modelos de triple hélice; porque es sólo generando más valor agregado que tendremos más riqueza que se pueda distribuir entre la población, y combatamos así la pobreza extrema, y la pobreza

En el sector privado estamos convencidos de que hay que democratizar la productividad en México. Tenemos que derribar las barreras geográficas que hoy imponen límites inaceptables a la productividad. La productividad hay que recordar, genera inversión, genera valor que al reinvertirse genera empleos y oportunidades para las personas. Por eso, apoyamos un crecimiento con equidad. Y, para lograrlo, tenemos que tomar el futuro en nuestras manos y trabajar hoy, por el México que queremos ver mañana. Lograr un país más incluyente depende de lo que hagamos ahora, y todos.

Hablar de la existencia de dos o más Méxicos es reconocer las carencias, la inequidad, la injusticia y la incapacidad para detonar el desarrollo uniforme en beneficio de los mexicanos. Es condenar al subdesarrollo a una parte importante de los mexicanos. Es urgente un cambio creativo, solidario y generalizado. Es el México de hoy y nuestros propios retos. Las soluciones ya no pueden posponerse más, y nos corresponden a todos, hagamos una gran cruzada por el México incluyente del siglo XXI.