100 días del Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto

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Se han cumplido 100 días del Gobierno encabezado por el Presidente Enrique Peña Nieto, momento oportuno para un primer corte de caja, en que los mexicanos reflexionemos sobre los avances, los pendientes, las tendencias y las líneas de acción que ameritan ser complementadas, fortalecidas o corregidas.

De manera general, es evidente un cambio de expectativas, que son más favorables para el país. El arranque de sexenio resulta promisorio, aunque también ha generado inquietudes en ciertas áreas.

Vemos voluntad de superar inercias, para romper con un escenario de confrontación partidista permanente y una percepción de parálisis que ha sido endémica durante años en diferentes ámbitos.

Se perfila un renovado clima político, con disposición para el diálogo, los acuerdos y una agenda común.

El Pacto por México, signado por las principales fuerzas políticas con representación en el Congreso, es un hito que marca una dinámica positiva que estamos obligados a consolidar. Esto no se presentaba desde hace casi dos décadas. El mecanismo está funcionando y ha dado frutos importantes: en primer lugar, la trascendente reforma constitucional en materia educativa.

En este contexto, inclusive ha mejorado la imagen de México a nivel internacional, con reiteradas muestras de optimismo entre analistas, que hablan del “Momento mexicano”, como en años recientes ocurrió con Brasil, India o China. Desde luego, lo que no podemos permitirnos es confundir estas visiones alentadoras con las realidades vigentes, aún estamos lejos de una situación que justifique una visión triunfalista del México actual, la cual nos distraiga del trabajo y los grandes desafíos que tenemos por delante.

Por lo pronto, en la gestión gubernamental, se están tomando decisiones con rapidez y en múltiples frentes, mostrando oficio político, capacidad de interlocución y negociación con todas las fuerzas políticas.

Percibimos una orientación ejecutiva, con objetivos bien delimitados, consistencia y homogeneidad en las posiciones de las diversas dependencias de la Administración Pública Federal, y trabajo en equipo con el partido de origen y sus legisladores.

Es claro un fortalecimiento del poder presidencial, que será positivo en la medida en que se movilice a la nación para avanzar en el rumbo correcto y el bien común, y siempre que se vea equilibrado con pesos y contrapesos democráticos: división de poderes, participación de la sociedad civil, federalismo corresponsable y un sistema eficaz de transparencia y rendición de cuentas.

México necesita un Gobierno Federal eficaz, sin caer en regresiones, como preocupa a algunas voces. La consolidación de la democracia es un reto fundamental del actual gobierno y de todos los mexicanos.

La iniciativa privada comparte con otros sectores de la sociedad la inquietud y la demanda por que haya mayor apertura y espacio para la interlocución, retroalimentación y participación en la construcción de las propuestas de reformas, en el marco del Pacto por México. Los procesos de cambio no deben ser excluyentes o cerrados, monopolio de los actores políticos.

La sociedad no debe quedar marginada, limitada a una intervención reactiva. El llamado presidencial a la ciudadanía para que participe en la construcción del Plan Nacional de Desarrollo es un signo positivo. En el ámbito de competencia ligado directamente a nuestro sector, urge concretar el Consejo Consultivo para la Competitividad y el Crecimiento entre el gobierno y la iniciativa privada.

En materia económica, mantenemos los pronósticos favorables, con un crecimiento de alrededor del 3.5 al 4% en este año, la inflación cerrando cercana al 3.5%, el tipo de cambio en 12.75 pesos por dólar, arriba de 19 mil 300 millones de dólares en inversión extranjera directa y más de 650 mil nuevos empleos formales.

No obstante, no debemos bajar la guardia. En la Eurozona hay una crisis de desempleo y su economía va a decrecer. Seguirá habiendo volatilidad financiera en el mundo, y no hay mejor blindaje que las reformas estructurales que tienen que aprobarse este mismo año: telecomunicaciones, energética y hacendaria.

De estas reformas depende una gran proporción de los compromisos del Pacto por México y los importantes proyectos sociales esbozados por el Gobierno de la República, que en algún momento requerirán de recursos adicionales superiores a 800 mil millones de pesos.

No podemos darnos el lujo de terminar el 2013 con reformas a medias, como una nueva miscelánea fiscal y otra tanda de cambios administrativos en Pemex. Este es el condicionante para que el optimismo y la confianza se mantengan.

Por lo pronto, reconocemos líneas de política económica acertadas y que pueden dar resultados muy importantes.

Se han sostenido las finanzas públicas en equilibrio, con un paquete económico responsable, que genera certeza.

Resulta fundamental llegar a soluciones sostenibles en materia de deuda de los estados y municipios, para cerrar espacios de inestabilidad: sacar adelante la legislación correspondiente y evitar condonaciones que son un injusto y pésimo incentivo. La necesidad de una reingeniería a fondo en el gasto público en los tres niveles de gobierno, resulta crítica, en el marco de la reforma hacendaria.

La creación del Instituto Nacional del Emprendedor es acertada y oportuna y puede hacer mucho por las Pymes si se implementa adecuadamente y cuenta con recursos suficientes.

Urge resolver el problema de abasto de gas, fundamental para la competitividad y el crecimiento de nuestra industria. Necesitamos formular una política efectiva para incentivar la formalidad económica y combatir la piratería y el contrabando, trabajando en equipo gobierno e iniciativa privada, como también debemos seguir haciéndolo en las negociaciones comerciales en curso, en particular con el TPP.

Hay mucho trabajo por delante para concretar una nueva política industrial visionaria. La competitividad basada en nuestros costos laborales y logísticos contra China no es garantía.

En materia de seguridad, todavía no hay resultados en concreto. Se han propuesto una serie de acciones que vemos con buenos ojos, pero hace falta clarificar y precisar.

Atinadamente, la estrategia tiene énfasis en la prevención y la coordinación con estados y municipios, con el signo alentador de que ha quedado manifiesta la voluntad de impulsar el mando único policial estatal. Sin embargo, hay que acelerar el paso para que la situación realmente mejore.

Se mantiene una tendencia preocupante en delitos de alto impacto, particularmente los homicidios dolosos, más de 30 por día en este periodo, y preocupan en sobremanera fenómenos como las autodefensas civiles armadas.

En el mismo tenor, esperamos más claridad, compromiso y una estrategia de fondo en la lucha contra la corrupción y la impunidad. Las medidas contra la corrupción en el SNTE es un hecho ejemplar, que marcará el sexenio. El exhorto es para que realmente sea una medida precursora, y que no quede como un suceso político aislado.

Hay muchos casos emblemáticos del abuso y la impunidad, que los mexicanos esperamos se investiguen y sancionen. Además, no basta con la acción penal; es necesario atacar las raíces, el sistema de complicidades, distorsiones y opacidad que permite que surjan y se reproduzcan la corrupción y los cacicazgos.

El cierre anunciado de la Secretaría de la Función Pública es acertado, por su manifiesta falta de resultados, pero urge consolidar un esquema integral de rendición de cuentas, transparencia y combate al uso patrimonialista de los recursos y las facultades públicas: en particular, procesar con celeridad las reformas en el IFAI y la Comisión Anti-Corrupción. Inquieta que, entretanto, se genere un vacío favorable para la corrupción.

Los grandes problemas y retos estructurales de México persisten, muchos de ellos con toda su crudeza, incluyendo más de 50 millones de personas en pobreza.
La oportunidad de lograr un avance sustantivo está abierta.

Como nación, hemos tenido otras rachas de posibilidades y optimismo. Está en todos nosotros hacer que esta vez la historia sea un punto de inflexión definitivo para ser la nación que todos aspiramos.

En los próximos meses se presentarán las pruebas más complejas, definitorias del sexenio y que exigen más decisiones, voluntad política, definiciones con mayor precisión, altura de miras para confirmar que realmente se ha marcado el punto de inflexión de efectos sensibles y perdurables.